4-Coline

1853 Words
— "La sintaxis narrativa de Greimas forma parte de una teoría más amplia y compleja, en el recorrido generativo. En esta teoría se analiza el lenguaje formal para el estudio de los componentes, estados y transformaciones de los anuncios…" — Levanté la mirada de la presentación cuando terminé con la explicación semántica del contenido. El auditorio estaba en completo silencio y levemente oscurecido para resaltar la presentación a mi espalda. Aún así, pude ver cómo la figura de Linet se adentraba en el salón y se quedaba en la parte trasera, apoyada en la pared. Quería soltar un suspiro frustrado y hastiado. Sabía por qué estaba ahí en medio de la semana en vez de atormentar a alguno de mis auspiciadores, mi editor o, cualquier otra cosa que se supone que haga en su trabajo. — Es suficiente por hoy, recuerden enviar sus ensayos antes del mediodía de mañana. Tomé el pequeño mando y apagué el monitor mientras los chicos salían del salón. Linet comenzó a avanzar hasta mí pasando entre la marea de chicos. Varios de ellos se voltearon para apreciar su belleza mientras avanzaba. Me senté sobre la mesa del profesor cruzando una pierna sobre otra mientras esperaba. Los tacones eran preciosos, pero no muy adorados cuando llevas dos horas exponiendo de pie. Cuando se acercó lo suficiente, pude ver su mirada entrecerrada y finalmente dejé escapar suavemente el aire frustrado de mis pulmones. Estaba molesta, por supuesto que lo estaba. Había varias razones para ello, y el nivel de su ira dependería de cuál fuera la razón de su molestia. Esperé hasta que estuviera delante de mí y cruzara los brazos sobre su pecho, como solía hacer cada vez que estaba enfurruñada. — Escucha, siento haberme ido así. No es mi ambiente y… — ¡Oh, por favor! — Exclamó haciendo rodar los ojos. — No estoy molesta por que te hayas marchado. Soy una niña grande, puedo entender que te hayas ido después de un rato. Pero, sinceramente, Coco, ¿qué demonios le hiciste al pobre chico? Mierda. — ¿De qué hablas? Ella enarcó una ceja, poco impactada por mi burdo intento de hacerme la desentendida. — Estuviste, literalmente, menos de cinco minutos a solas con él. No vi que te marcharas, pero poco después Jim tuvo que sacarlo a rastras del bar. Me dijo que hace años que no se comportaba así. — Explicó ella, y yo realmente no esperaba eso. — Puedo entender que no te gustara, ya que es un crío. Ambos lo son, pero Jim… — Dio un suspiro soñador antes de recomponerse — En fin, pudiste simplemente buscar a otro, un hombre tal vez. — ¿Y qué te hace pensar que su deplorable actitud con el alcohol tiene algo que ver conmigo? — Pregunté, pasando una mano por mi cabello. — Oh, nada. Solo que te conozco desde… Bueno, siempre. — Dijo achicando la mirada. — Puedes ser realmente mala cuando quieres, y que no te atrajera el chico no es razón para ser cruel con él… Ahí mi querida hermana tenía dos conjeturas, una buena y otra… Desconcertantemente equivocada, sobre todo, para mí. La buena era que sí, en realidad sabía que podía ser realmente desgraciada cuando quería, pero la verdad es que… El "chico" no me desagradaba, al menos apreciativamente visual. Había que ser ciega para no haber notado la masculina y deliciosa figura que se marcaba tras aquella ropa que no hacía nada por ocultar sus atributos. Pero ella tenía razón en otra cosa, en realidad, era un chico. Por el amor de Dios, debía tener la edad de mis estudiantes. Aparentemente, eso no me detuvo de hablarle como lo hice. Sinceramente, aquella respuesta me había sorprendido a mi también. Culpaba al alcohol que había consumido aquella noche, aunque no fuera del todo justa, al día siguiente, sobria y al recordar lo sucedido, no me había arrepentido. No verdaderamente. Había quedado fascinada como después de todo el despotricamiento de arrogancia que había dado toda la noche, al momento que me dio su atención, fue tan atento como un pequeño gatito… Joder, tenía que ir al psicólogo. Deberían detenerme por… Profanadora de cunas. Nunca había tenido interés en hombres menores, pero ciertamente había algo en aquel muchacho que… — Tierra a Coco… — Lo siento, estaba repasando lo que pude haberle dicho que causara algo similar, pero la verdad es que no hablamos mucho después de que se marcharan. Él insinuó que aquel no era mi ambiente por ser una persona académica y yo le dije que ciertamente podría ser así… — No era del todo mentira. — Finalmente me despedí de él y me marché. — ¿En serio? — Asentí sin querer verbalizar alguna otra mentira. — Eso es interesante, Jim tuvo que sacarlo por la parte trasera para que los periodistas no vieran su estado. Era realmente algo único — Rio levemente — ¿Te imaginas las portadas? — ¿Portadas? — Pregunté ahora descolocada. — ¿No sabes quién es? — Preguntó ella abriendo sus ojos como platos, luego suspiró. — Por supuesto que no, vivirías en la cima de una montaña aislada de todo y todos si te lo permitiera. — Se quejó con una mueca. — El chico es una maldita estrella de la música juvenil, es un DJ talentoso y junto a Jim son dueños de su propia discográfica. — ¿En serio? — Esa era yo ahora. — Dios mío, Coco, búscalo en internet. Su nombre es E.T. — Lo sabía, pero no quise corregirla. — Cómo sea, Jim me pidió que te preguntara si le puedo dar tu número solo en caso de que quiera volver a ponerse en contacto contigo. Una risa irónica salió de mis labios. La posibilidad de eso era, simplemente, imposible. Si mis suposiciones eran ciertas, el pobre chiquillo había quedado devastado, traumado por mi desplante. — No hay manera de que quiera volver a verme, Lin. — Le dije mientras me bajaba de la mesa y tomaba mi libro y bolso. Ella giró a mi alrededor para observarme. — ¿Por qué estás tan segura? Eres una mujer devastadoramente hermosa, Coco. Estoy segura de que muchos de tus estudiantes babean por ti. — Dijo con una sonrisa sugerente. — Es un crío, ¿cuántos años tiene de todas formas? Además, no insinuó que estuviera siquiera remotamente interesado y a mí, no puede comenzar a interesarme. — aquella última afirmación no era, ni remotamente, cierta, pero tenía que ser así. Ya estaba demasiado vieja para tontear con críos. — Tiene veintiséis. — Dijo ella con una sonrisa coqueta. — Es completamente legal. ¡Dios! Le llevaba once años. No, definitivamente no había forma. Negué con la cabeza mientras comenzaba a caminar hacia la salida. — No salgo con hombres menores, Lin. — Le dije atravesando las puertas. — No tienes que estar saliendo con él para divertirte. — Paso. — Dije rápidamente. — Ahora vuelve a lo que sea que hagas en tu jornada laboral, yo tengo otra clase. — ¡Aguafiestas! — Dijo finalmente, sacándome la lengua como una cría antes de voltearse en aquellos impresionantes zapatos y seguir su camino en dirección contraria. Varias horas más tarde, cuando ya había pasado por los niños, me había cambiado, les había dado su merienda y ellos jugaban tranquilamente en la habitación de juegos destinada a sus travesuras, me senté en el sofá con una copa de vino en la mano y encendí el televisor sin apreciar realmente el programa de renovación de hogares que pasaba delante de mí. Mi cabeza estaba demasiado desviada por la curiosidad insana en aquel minuto. Aguanté lo más posible, enumerando todas las razones por las cuales no tenía sentido buscar al chico de la fiesta en internet. Ninguna fue suficiente para que luego de treinta minutos, tomara mi móvil y escribiera “E.T” en el navegador. ¿Quién rayos se hacía llamar así de todos modos? ¿Era un acrónimo? ¿Siglas? Sin poder derivar más la curiosidad que me consumía por naturaleza, apreté el bendito botón y una cantidad grotesca de información comenzó a aparecer en la pantalla de mi móvil. Era… Impresionante. El chico realmente era una superestrella, con 3 premios Grammy, 5 MTV, y otra serie de premios tanto por su trabajo artístico, como por su administración de lo que supuse era la discográfica que Linet había mencionado. El enlace a un video llamó mi atención y, rindiéndome una vez más, lo envié a reproducir al televisor. Era de un concierto, el gigantesco estadio estaba repleto de jóvenes que saltaban y bailaban al ritmo de su música electrónica, pero eso no fue lo que captó mi completa atención. Fue… Su expresión, la sonrisa en su rostro y los ojos brillantes. No se parecía en nada al mocoso engreído que había encontrado en la fiesta. No. Este hombre en la pantalla tenía una mirada reverente hacia el público mientras elevaba sus brazos dando pequeños saltos y una sonrisa enorme, hermosa, que creaba pequeñas y adorables arrugas al borde de aquellos orbes. Era el mismo, pero al mismo tiempo, alguien completamente diferente. — ¡E.T! — Addi salió corriendo y dando saltitos antes de girar hacia el televisor y comenzar a bailar al ritmo de la música. Me quedé simplemente pasmada. — ¿Lo conoces? — Pregunté atónita. — ¡Por supuesto! — Respondió sin dejar de mover su pequeño cuerpo al ritmo infantil de la música. — A todas mis compañeras les gusta. ¡Lo ponemos en los recreos en el móvil de Emilia y hacemos coreografías con sus canciones! Vale, tal vez realmente tenía que ponerme más al día con lo que estaba sucediendo en el mundo, justo delante de mis narices. Jackson salió poco tiempo después con un libro de dinosaurios en la mano. — ¿También te gusta? — No pude evitar preguntar. Mi pequeño anciano hizo una mueca y yo casi rompí a reír. — No me gusta la música estridente. — Señaló, por supuesto que no. — Mamá, ¿podemos ir a su próximo concierto? — Preguntó Addi y casi escupí el vino que había bebido. — Emilia irá con su hermana mayor. — ¿Por qué estás escuchando eso? — Interrumpió Jackson. Dios… Odiaba mentirle a mis hijos, trataba casi al cien por ciento de no hacerlo, pero no había manera de que les explicara la verdadera razón detrás de mi estúpida curiosidad. — Curiosidad. — Respondí encogiéndome de hombros. — Trabajo con jóvenes, parece gustarles mucho en la universidad. — ¡Mamá, mamá! — llamó Addi poniendo sus manitas en mis rodillas. — ¿Podemos ir? Jesús santo… — Me temo que no, cariño. Tengo mucho trabajo y no me parece un lugar apto para niños. — Señalé con una expresión suave. Addi hizo un puchero, pero no insistió, así que se dio vuelta y siguió bailando al ritmo de la música mientras Jackson veía las caricaturas de su libro sentado a mi lado. Aquella noche soñé con música estridente y pequeñas arrugas alrededor de los ojos más brillantes que hubiera visto.
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