Capítulo 6

1265 Words
Maloles no dejaba de mirar a la Reina: - No sabía que tenía una gemela, estoy emocionada hermana. - Pero ¿Qué gemela ni ocho cuartos? Soy la Reina que voy disfrazada de ti alelada. - Ya que me había hecho yo la ilusión, nunca supe lo que era tener una hermana, toda la vida hija única... - No te pongas ahora melancólica, entristecida y deprimida. - A mi no me diga palabras raras ¡eh! Yo solo hablo español, no me venga ahora con el franchute ¡que no entiendo ni papa! - Maloles no quiero ser pesada pero recuerda lo que te he dicho: no salgas de la habitación, ponte a limpiar a fondo, a planchar, a ordenar los armarios... y así no te aburres. Y si llaman a la puerta no les abras. Eres sorda a partir de este momento: S-O-R-D-A. Y si dicen de entrar, te tiras por la ventana ¿Lo has entendido? Maloles la miró fijamente con los ojos torcidos: - Creo que sí alteza, me está costando traducirlo porque menuda parrafada me ha soltado, ni que fuera a dar el discurso de Navidad por televisión. - Para que no se aburra le dejo a la Lupita que es una perrita muy buena, mira cómo duerme, qué tierna es-dijo señalando con la mano hacía el fondo de la habitación donde la perrita dormía plácidamente sobre una camita de color rosa. - Si, muy tierna pero caga cómo ella sola, ya me entiende usted, tiene un wáter pegado al culo. Para ser un Bichón maltés caga cómo una vaca, nació con cuerpo equivocado. La Reina entreabrió la puerta, sacó la cabeza y miró a ambos lados del pasillo. No había nadie pero no tardaría en aparecer la criada cucharera que iba recogiendo por las habitaciones las cucharas, había que darse prisa antes de que apareciera, sabía que la Reina tenía dos cucharillas de café. Se despidió de Maloles que ya estaba con lágrimas en los ojos y sonándose la nariz pero lo hizo con tanta fuerza que se le escapó un pedo bomba: - ¡Uy perdón! Ha sido por la emoción alteza de verme reflejada en usted, es que es calcada. La Reina salió y cerró con un portazo que retumbó en todo el palacio. Se oyó a la Maloles gritar al otro lado de la puerta: - ¡Ay! ¡Qué fina es ella! Mucho predica pero luego no se lo aplica. Y me deja a mi con la perrita cagona, ya verás cuando empiece a vaciar...y me dice la japuta que no salga de la habitación ¡Esta reina me quiere asfixiar para despedirme y poner a la cucharera en mi lugar! ¡Menuda pájara! La Reina comenzó a andar pero estaba nerviosa porque si la descubrían tras el disfraz no sabría que decir, no se había preparado ninguna respuesta y se quedaría callada cómo una tonta. Era la primera vez que iba a salir de palacio para visitar la ciudad, la última vez que lo hizo fue cuando entró. Maloles era toda una experta en disfraces, había ganado los más prestigiosos premios nacionales e internacionales de los carnavales más importantes del mundo cómo los de Venecia, Rio de Janeiro y Ceuta. La Reina no se había equivocado al pensar en ella para que la ayudara a conseguir su cometido. Pero la Reina cayó en que había un problema y era que no se acordaba cómo se conducía un coche, desde sus tiempos de solterona de pueblo que buscaba novio hasta debajo de las piedras, no había vuelto a coger un coche. - Será igual que conducir una bicicleta pero con cuatro ruedas, tampoco es para tanto-pensaba muy resolutiva. No sé para qué tanto carnet de conducir con lo caro que es. Maloles le había dicho que el Mini estaba aparcado en los garajes reales de palacio y hasta allí se dirigió. Se colocó la peluca y se ajustó el vestido pero le estaba demasiado pequeño: - Si bebo un trago de agua exploto, a pasar sed hoy. Comenzó a andar con paso decidido. Nada ya podía detenerla, si por algo se caracterizaba ella era porque era firme en sus decisiones, nadie podía hacerla cambiar de opinión. Oyó un ruido al fondo del pasillo: - Será mejor que regrese a la habitación, mejor lo intento otro día. Se detuvo para escuchar mejor pero ya no se oía nada. Comenzó a caminar de nuevo a taconazo limpio. Solo le quedaban siete plantas por bajar hasta llegar a los garajes reales. - Venga ya queda menos-se animaba con la lengua fuera. Un tacón se le partió y saltó volando por los aires. Fue a cogerlo pero rodó por todos los escalones hasta llegar al comienzo de la escalera: -¡Una mierda para el tacón! Yo no bajo, cómo para tener que subir la escalera otra vez, a ver si aparece la criada buscadora y va ella. Siguió bajando escalones pero coja. Se dio prisa. Tuvo suerte de no encontrarse a nadie, a veces las criadas se ponían en los rellanos a fumar como carreteras y a echar un trago mientras jugaban una partida de póker pero esta vez hubo suerte porque estábamos a finales de mes y no habían cobrado aún. A veces sucedía también que el palacio era tan grande que podías no encontrarte con alguien en años. Las criadas cuando entraban a trabajar se despedían por si no volvían a reencontrarse. Vio una gran capa de seda de la buena que subía por las escaleras. Asomó la cabeza para ver mejor. Era el Rey haciendo sus ejercicios para bajar barriga. El Rey se chocó con ella: - ¡Ay! ¡Mil perdones! Buenos días Maloles, no sabía que usted también hacía ejercicios anti barriga, con lo flaca que está, ya quisiera yo ese cuerpo... La Reina titubeó, el disfraz había funcionado, no la había reconocido: - Buenos días, majestad-dijo bajando la cabeza para que no la reconociera. Voy a hacer unos recados en mi Mini para la Reina ¿Necesitaba usted algo? El Rey la miró pensativo: - No nada mujer pero no sé la veo rara ¿Todo va bien? Parece que ha menguado usted, la veo más retaco... serán imaginaciones mías. Por cierto ¿Y la Reina Manoli sabe donde se encuentra? ¿Le ha mandado a comprarle alcohol al 24 horas? - No, para nada parece ser que se ha dejado el alcohol-contestó bajando la voz. Ahora dice que es refinada...Ha ido a dar un paseo por los jardines para tranquilizar el mono, necesitaba despejarse me ha dicho y no quería ser molestada y yo ni mu, que soy muy bien mandada. - ¡Ay! Es que esta mujer me tiene preocupado, coge unas cogorzas. Si hace los botelleos ella sola, no necesita a nadie, brinda hasta con ella misma. La Reina se puso roja como un tomate: - No hace mal a nadie, le gusta divertirse...pero creo que se lo va a dejar...no se lo cuente a nadie por favor que yo no soy una chivata. El Rey pensó que había que hacer cuánto antes un comunicado oficial por televisión. - ¡No por dios! Yo nunca haría nada así...Si voluntad tiene pero ve una botella y se pone loca, se bebe hasta el tapón. - Si tiempo al tiempo majestad... - Bueno, Maloles, no me puedo entretener más, voy a mi despacho que tengo unos asuntos pendientes por resolver. He quedado con mi secretario Abelardo. Se despidieron. El Rey caminó hacía su despacho y la Reina cojeando hacía los garajes reales.
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