Capítulo 5

1312 Words
La Reina estaba hasta el mismísimo de estar encerrada en palacio, se había visto ya todas las telenovelas, los programas del corazón, se había leído también todas las revistas de la prensa rosa, amarilla, roja, gris... no le quedaban ya más colores. - ¡NO aguato más aquí! Tengo que idear un plan para salir de esta cárcel sin que nadie me descubra o el Rey me obligará a abdicar y mi corona de diamantes no la suelto yo así porque sí-pensaba. Comenzó a dar vueltas por la habitación en busca de una solución pero no lograba encontrarla: - ¿Cómo se pensaba? No me acuerdo... Claro si nunca he pensado. En ese momento llamaron a la puerta: - ¿Quién es? Al otro lado de la puerta se oyó una voz grave de hombre: - Soy yo señora, la Maloles. - Di las palabras secretas y te abro: - "Abra la puerta Reina" - Has acertado. La Reina fue derrapando a abrir la puerta: - Buenos días alteza, he mirado su agenda y hoy tampoco tiene ningún acto público, no hay trabajo estos días, no sé que pasa es la crisis... le toca quedarse aquí en palacio abanicándose. Entonces a la Reina se le ocurrió una idea, vio proyectarse una luz sobre Maloles cómo si se tratara de una aparición. La agarró de la mano y tiró fuerte de ella: - Majestad que me deja sin mano y no quiero ser muñona. - No seas quejica. La Reina hizo sentarse a Maloles en una butaca y le pidió que la escuchara atentamente. Maloles se sacó un pañuelo porque veía ya venir alguna lágrima: - Necesito tú ayuda Maloles, tú eres la solución a todos mis problemas. - Yo señora no quiero ser Reina, se lo agradezco de corazón pero yo no he nacido para eso. - Pero ¡Qué hablas! La Reina soy yo y tu la criada, no seas lianta Maloles que te pintas sola. Necesito tu ayuda pero quiero que me prometas que no contarás nada a nadie pase lo que pase... - Se lo prometo alteza-dijo cruzando los dedos disimuladamente para que la Reina no la descubriera. La Reina sonrió agradecida: - Muchas gracias pero si se te va la lengua te irás a limpiar escaleras y aquí ya no volverás nunca más. Maloles asintió temerosa. - Bien, voy directa al grano: necesito salir de esta cárcel, no aguanto más, estoy harta de fingir, yo no he nacido para esto porque no soy de sangre azul sino verde. Yo soy de pueblo por mucho que se empeñen en hacerme creer que soy Reina ¡Un jamón! - Qué bueno que está el jamón alteza y más el de jabuco pero siga usted que no quiero yo interrumpirla que para eso es usted la reina y yo la criada. - Cómo le decía, quiero salir de aquí y para conseguirlo he ideado un plan: disfrazarme de manera discreta cómo por ejemplo una peluca rubia platino. - Pero alteza si para los carnavales aún falta... - No me has entendido, estás alelada... Cuando esté aburrida quiero escapar de palacio disfrazándome. - ¡Ah! Ahora le he entendido ¡Es que tela marinera para comprenderla! ¿Y qué quiere que haga yo? - Necesito pelucas, disfraces, sombreros, pañuelos, bisutería, ropa de hombre...y usted va a ser quien me lo consiga porque yo no puedo salir... Maloles se quedó pensativa. - ¿Algún problema Maloles? Habla o calla para siempre... - ¿Y si la descubren? Se está jugando muchos diamantes, ya me entiende usted... ¿Cómo piensa hacerlo? - Con su ayuda... Lo haremos en su coche Mini. - ¿En mi queeeee? - Lo qué ha oído, así nadie sospechará nada... - Está bien, me ha convencido ¿Y qué tengo que hacer? - Consígame todo lo que le he dicho antes, no me gusta repetirme cómo el ajo. Hoy le daré el día libre para que se vaya usted de compras, ya arreglaremos cuentas cuando vuelva. Maloles se frotó las manos, el día libre era cómo un regalo caído del cielo además le inflaría la factura. La Reina se acercó a ella y la levantó de la silla. - ¡Venga! Váyase que tiene mucho trabajo que hacer- le dijo empujándola hacía la puerta. No quiero que compre en bazares de todo a un euro, quiero calidad que luego me pica todo. Maloles salió al pasillo y miró para ambos lados: - No hay nadie sospechoso. Sabía que la solución estaba en palacio, no hacía falta salir fuera a comprar nada, ya tenía claro a donde iba a dirigirse para conseguir todo lo que le había encargado la Reina. Llegó hasta una puerta y la golpeó suavemente. Nadie contestó. Volvió a golpear más fuerte y tampoco obtuvo respuesta. Miró el reloj del móvil: - Son las diez, ahora está en clase de marroquí. Aún le quedan por regresar dos horas-masculló. Si me descubren mi carrera estará hundida. Abrió la puerta con sigilo y entró. Toda la habitación era rosa, nunca había visto más rosa en su vida hasta las zapatillas de estar por casa eran rosas y encima con un pompón también rosa. Era la habitación del Príncipe Manolín. - Qué empalagamiento de rosa, cómo no hay colores... Maloles se conocía toda la habitación de memoria porque cuando no estaba el príncipe la rastreaba entera, para eso era la cotilla número uno de palacio. Fue directa al armario, lo abrió y al fondo divisó la puerta secreta. Cerró los ojos para concentrarse mejor. Dijo la palabra secreta: - Haunmtumbumrandiusmestiosoalelmdo Aguardó un instante y se abrió la puerta secreta de par en par. Maloles comenzó a aplaudir. Pasó primero un pie y después el otro. Entró en un gran salón de belleza todo de color rosa donde el príncipe peinaba y cortaba el pelo a todo el personal de servicio de palacio pero era ilegal y no estaba declarado a hacienda. Todo el mundo lo sabía pero hacía la vista gorda. Había secadores, aparatos para manicuras, pedicuras, productos de belleza, maquillajes, pelucas, rulos... Al fondo colgaba de la pared un cartel iluminado: "Peluquería Manolín" Promoción del día: Por un rizado de pelo, unas uñas gratis. - Me interesa la promoción... Pero tengo que darme prisa o me va a descubrir. Abrió la bolsa que se había llevado y comenzó a echar de todo. Cuando terminó no podía cerrar la cremallera y quedaron a la vista las pelucas. Salió de nuevo por el armario y cerró la puerta falsa con cuidado. - ¡Ah! Se me olvida algo. Fue hasta otro armario que había situado al fondo de la habitación y lo abrió. Comenzó a coger perchas con vestidos y se los fue poniendo sobre la espalda uno encima de otro. Fue hasta la puerta, la abrió y la volvió a cerrar con mucho cuidado. Caminó hacía el dormitorio de la Reina pero oyó que alguien le chistaba: - Sh, Sh, Sh Se detuvo en medio del pasillo como una estatua y comenzó a silbar. - ¿A dónde vas tan cargada Maloles?-le preguntó Olivia, la criada contratada exclusivamente para lavar cucharas, era cucharera. Maloles se giró: - ¿Me dices a mi? - ¿Quién se llama Maloles además de ti? - ¡Ay que tonta! Es verdad no había caído perdona. Pues... voy a la tintorería. - Si necesitas ayuda...Iba hacía la cocina a por cucharas... - No, gracias, me las arreglo yo sola. Adiós. Olivia se dio la vuelta y desapareció. Maloles llegó hasta el dormitorio de la Reina. Llamó a la puerta y abrió la Reina: - ¿¿Ya estás aquí Maloles?? Qué eficiencia hija, si hace tres minutos que te has ido, el tiempo que he tardado en lavarme los dientes. Te has ganado un aumento de sueldo. Pero entra mujer, no te quedes ahí.
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