Capítulo 4

1055 Words
- Será mejor que te des prisa-le pidió el Rey a la Reina. Pero no se te ocurra bajar en camisón, que por cierto es horroroso. Hay programada una audiencia muy importante con la embajada china, tenemos que conseguir que se abran más bazares y centros de estética de uñas, no son suficientes con los que tenemos. La Reina se desperezó quince veces, notaba que cada vez le costaba más levantarse de la cama y eso que se ponía el despertador para la una del mediodía. Odiaba tener que trabajar de mujer florero porque era mucho esfuerzo, el Rey la había engañado porque ella pensaba que ser Reina era igual a no hacer nada. Cuando bajó al gran salón de las audiencias ya estaba la prensa allí concentrada. Había periodistas hasta debajo de los ceniceros. La Reina se había vestido elegantemente para la ocasión con un vestido de seda de color fucsia y un gran collar de perlas que le daba veinte vueltas al cuello. Parecía una jirafa de lo estirada que iba pero no era para menos, dado que había mucho juego, especialmente la transmisión de conocimiento sobre cómo pintar mejor unas uñas. Solo los chinos poseían semejantes conocimientos, nadie les echaba la pata encima. Tenía que utilizar sus mejores armas para lograr un acuerdo entre ambos países, así le saldrían las uñas gratis. Se bajó más el escote pero lo hizo con tanta fuerza que una teta le quedó al aire. Cuando la guardia real abrió las puertas comenzaron a sonar las trompetas. La Reina se tapó los oídos porque desafinaban. - Buenos días, alteza- saludó el jefe de protocolo y mariquita oficial de palacio. Va usted realmente bella, parece salida de un cuento de hadas. - ¿Qué quieres un aumento de sueldo? Déjese de rollos y écheme un wiski que no he desayunado aún. ¡Ah! Y una bolsa de patatas fritas para no tomármelo a palo seco. Pepita que así era conocido el jefe de protocolo en palacio aunque se llamaba realmente Pepe, se fue a buscar el wiski. La Reina pasó la mirada por todos los asistentes y echó en falta a su hijo Manolín que tendría que estar allí ya porque el Rey así lo había ordenado. Llegó hasta donde estaba sentado el Rey: - ¿Y Manolín? ¿Por qué no está aquí?-le preguntó la Reina. El Rey pasó la mirada por todo el salón pero no lo localizó. - Este ha salido de fiesta y tendrá un resacon de cojones, teníais que haber nacido botellas en lugar de reyes... La Reina se sentó en su sitio. Observaban atentamente como preparaban todo para recibir a la embajada china. Había mucho dragón colgado del techo. La sala estaba atiborrada de mayordomos, criadas, amas de llaves, cámaras de televisión, presentadores... Llegó Pepita con el vaso de wiski y la bolsa de patatas fritas. La Reina se bebió el wiski de un trago y la bolsa la dejó vacía, se la puso en la boca y comenzó a inflarla, después con una mano la explotó. El Rey sacó unos documentos del bolsillo donde llevaba escrito el discurso que iba a dar: Se los pasó a la Reina y comenzó a recitarlos para comprobar que se acordaba: - ¿Dónde está escrito eso que estás diciendo? -preguntó la Reina girando los documentos para un lado y para otro sin localizar lo que decía. - Trae, si tu no sabes leer paleta. Las trompetas comenzaron a sonar de nuevo pero esta vez aún más desafinadas. La embajada china comenzó a llegar en carritos de dos ruedas de madera que eran conducidos por otros chinos ataviados con sombreros de paja y kimonos. En décimas de segundo eran miles de carros. Los Reyes se levantaron de sus asientos y las puertas del salón se abrieron de par en par. Comenzaron a entrar chinos hasta que el salón se llenó hasta el techo. Los Reyes tuvieron que hacer las sillas hacía atrás para que cupieran. - Esto no es una recepción, es una excursión-le dijo el Rey a la Reina. El último c***o en entrar tuvo que dejar fuera la cámara de fotos porque ya no cabía en el salón. Comenzó a quejarse: - Chao, Chi, chai, chi, chocho, chao. - Está diciendo que la cámara vale mucho dinero y no quiere dejarla fuera-pensó el Rey. La Reina tenía a sus pies un montón de chinos que le ofrecían paraguas para que se los compraran: - Two paraguas un leuro zeñora, tú no comprar paraguas, buena calidad amiga. La Reina pensó que eran chinos raros porque mezclaban c***o con marroquí. El Rey se puso en pie y sacó los documentos del bolsillo, no quería olvidarse del discurso porque había mucho en juego: - Sean todos bienvenidos-comenzó diciendo. Pero el móvil comenzó a sonarle en el bolsillo: - Mierda se me ha olvidado quitarle el sonido. Se lo sacó del bolsillo y miró la pantalla: "Maloles llamando" Descolgó la llamada: - Dime Maloles, rápida que estoy en una recepción...¿Qué ya tienes el móvil cargado? Vale yo te llamo si necesitara algo, Ciao. El Rey se dirigió de nuevo a los asistentes: - Perdonen ustedes, era una emergencia ¿Por dónde íbamos Reina? Ya no me acuerdo... - Por bienvenidos-contestó la Reina. - Ah entonces, ya he terminado, no era para tanto ¡Lo he conseguido! El Rey se giró hacía los asistentes: - Espero que les haya gustado mi discurso y disfruten de una feliz estancia en nuestro país. Todos los asistentes comenzaron a aplaudir y más de uno echó una lágrima. El embajador de China dio un paso al frente y se acercó al Rey: - Alteza, hemos decidido firmar el acuerdo con su país, su discurso nos ha convencido. - Eso hay que celebrarlo, hagamos un brindis-pidió la Reina con una botella en la mano en lugar de una copa. En ese momento se abrieron de nuevo las puertas del salón. Era el Príncipe Manolín elegantemente vestido con sus mejores galas. En la cabeza llevaba una diadema de diamantes: - Ya me la ha robado otra vez, no sé donde esconderla ya, la próxima vez en el chichi-pensó la Reina. Todos los invitados se le quedaron mirando, era alto, moreno, atractivo y tenía muchas candidatas pero para él eran todas invisibles.
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