La Maloles asustada, se puso primero a llorar desconsoladamente y después a gritar cómo si estuviera poseída. Pensaba que era un atentado. Los asistentes corrían de un lugar para otro de la sala en busca de una salida de emergencia pero no encontraban el cartelito con la indicación y chocaban unos con otros.
El Rey comenzó a tranquilizarles diciéndoles que había sido un eructo de la Reina, que se le había escapado y no había nada que temer pero nadie hacía caso de sus palabras, ni siquiera se molestaban en mirarle.
- Y eso que soy el Rey-se quejaba.
Todo el mundo quería salvar su piel y les importaba un pepino que fuera el Rey.
Las señoras elegantes aprovechando el momento, se pusieron en los extremos de las mesas y con los brazos comenzaron a echarse comida en las bolsas del supermercado que llevaban ocultas en los bolsos de Louis Vuitton, también echaban platos, vasos, cuchillos, cucharas... hasta jarrones y las arrastraban por el suelo con mucha dificultad cómo si fueran los Reyes Magos.
El Rey desesperado por la situación que estaba presenciando, cogió a la Reina en peso y se la echó a las espaldas cómo si fuera un saco de patatas en lugar de una reina fina y delicada.
Caminó con ella en peso por toda la sala, unos le ponían la zancadilla para que cayeran al suelo de bruces mientras que otros pasaban a su lado y le daban collejas a la Reina cómo si fuera un mono de feria. También la insultaban:
- !Borracha! ¡Has dejado la sala sin alcohol! ¡Ni una gota he llegado a probar!
El Rey cogió carrerilla porque más de una colleja fue a parar a él también.
Llegó finalmente hasta el dormitorio de la Reina, abrió la puerta con dificultad y se encontró a la Maloles acostada en la cama de la Reina, que se incorporó nada más verlos:
- Os estaba esperando Altezas, cuánto habéis tardado, estaba ya desesperada porque se me ha acabado la batería del móvil y no podía ver mi Insta-dijo incorporándose sobre la cama con el morro arrugado.
- Perdóneme Maloles pero es que no había ningún criado para ayudarme, han salido todos despavoridos por culpa del eructo de la Reina, ha bebido demasiada Coca-Cola con ginebra. Otras veces le dan gases... que es peor.
Maloles saltó de la cama de un brinco, se aproximó hasta él, sacó músculos y le ayudó a bajar a la Reina.
- Esta mujer se bebe hasta el agua de las plantas-dijo el Rey. Tengo que solicitar que incluyan una partida en los Presupuestos Generales del Estado para sus botellas, la Casa Real no tiene dinero para costearle su vicio porque no nos vamos a engañar !Es una viciosilla!
Dejaron a la Reina sobre el suelo que no lograba mantener el equilibrio, parecía una marioneta.
- Vamos a acostarla Manolo, lo que necesita es descansar y ya mañana dios dirá, otro gallo cantará. Verá cómo no se acuerda de nada, las resacas son muy malas y está parece que va para largo. Tendremos que recordarle que es la Reina sino se nos va al after.
Cuando la Reina despertó al día siguiente efectivamente no se acordaba de nada.
Se encontró con dos ojos que la miraban fijamente.
Emitió un grito:
- !Ahhhhhhhh! ¡Socorro! ¿Pero tú quien eres?
Los ojos se echaron hacía atrás para que la Reina pudiera reconocerlos pero ni con esas:
- ¿No serás una ladrona verdad? Coge todas mis pertenencias, la cama llévatela también que no me gusta, es anticuada.
La Maloles comenzó a zarandearla en la cama hacía arriba y hacía abajo:
- A ver si así te despiertas de una vez y sabes quien soy.
Unos golpes que llamaron a la puerta la sorprendieron:
- Buenos días-saludó el Rey mientras abría la puerta.
El Rey observó a la Maloles encima de la Reina:
- Estaba arreglándole el pelo majestad, lleva ya tiempo sin ir a la pelu y quiero que la Reina vaya decente. Por cierto ¿Me puedo marchar ya? Usted me dijo que me podía tomar el día libre.
El Rey se aproximó hasta la cama:
- No lo recuerdo pero si usted lo dice... últimamente tengo memoria de pez espada. Ya se puede marchar usted, se queda en buenas manos ¡Venga, váyase! Cuánto más tarde en irse menos tiempo libre tendrá ¡Espabile!
- Si, tiene razón, me voy ya, si necesita algo me llame al móvil, lo tendré disponible las 24 horas cómo la funeraria.
Maloles salió de la habitación y cerró la puerta.
Cogió el móvil y lo apagó:
- En mi tiempo libre hago lo que me sale del chichi.