Los asistentes disimulaban mirándose unos a otros con las copas vacías en alto. Los brazos empezaban a dolerles de mantenerlos en alto tanto tiempo, esperaban ansiosamente que el Rey diera la orden de bajarlos.
Pero el Rey no sabía qué hacer.
Maloles, que ya lo conocía muy bien, cómo si lo hubiera parido decía ella, se aproximó por detrás y le susurró al oído a gritos:
- Majestad será mejor que la Reina se vaya a su habitación a dormir, va como una cuba y no tardará en comenzar a roncar y cómo lo haga, no sale de aquí nadie vivo porque tiemblan hasta las paredes-le sugirió. Mírela, si no se puede sostener en pie, esta noche se ha pasado dándole al codo.
El Rey sabía que Maloles tenía razón pero aún así dudaba si hacerle o no caso. La razón principal que se lo impedía era el orgullo porque no podía permitir que una criada, que encima era contratada eventual para los veranos para cubrir vacaciones, le dijera a un rey lo que debía hacer aunque el Rey sabía que ella iba diciendo que era consejera real:
- Tienes razón Maloles hay que hacer desaparecer rápidamente a la Reina antes de que sea ya demasiado tarde y no haya marcha atrás.
Recordó aliviado que los móviles de los invitados, se los habían requisado el personal de seguridad de palacio antes de entrar al banquete pero no se fiaba que algún invitado listillo lo hubiera introducido disimuladamente. El personal de seguridad se vendía fácilmente y por cinco euros entraban hasta las cámaras de televisión.
Manolo sabía que una exclusiva de la Reina en ese estado de embriaguez valía mucho dinero, porque sacar así a la Reina no se conseguía tan fácilmente. Si las fotos se publicaban, la casa real estaría hundida para siempre y el Rey Manolo tendría que abdicar en favor de su hijo Manolín que tenía dieciocho años recién cumplidos y el Rey tenía severas dudas acerca de si el hijo podría estar preparado para reinar de manera adecuada pero no había tenido el valor suficiente de contárselo a nadie.
Un móvil comenzó a sonar con la sintonía de Camela "Cuando Zarpa el Amor".
- ¿Qué es eso que he oído? Es mi canción preferida ¿No será un móvil verdad Maloles? Porque están todos depositados fuera en una caja de zapatos, mezclados unos con otros para j***r más.
- Es su móvil alteza, nadie más lo lleva más que usted porque es el Rey, tiene enchufe.
El Rey comenzó a palparse el pantalón hasta que lo encontró colgado de una cadena en su cuello:
- Número desconocido pone... quién será a estas horas. Descolgó la llamada. ¿Sí? ¿Quién es? ¿De la compañía de luz? ¿ Qué si estoy contento con mi factura? Claro que lo estoy... la pagan los ciudadanos maja.
Y colgó malhumorado la llamada.
- ¿Por dónde íbamos Maloles? Cada vez tengo peor la cabeza ¡Ah, si! Pero ¿Cómo no vamos a brindar por el cumpleaños de la Reina? ¡Te estás jugando el puesto de trabajo! ¡Te lo advierto! Luego no me vengas con llantos. Eso es impensable mujer, es una tradición que se lleva celebrando desde hace siglos en esta casa real, no podemos fallar a los ciudadanos, mira como esperan, qué obedientes, son de lo mejorcillo-dijo señalándoles con las manos y echando una lágrima.
Maloles se le quedó mirando, sopesando las palabras del Rey que hablaba muy raro esa noche y le costaba seguirle el hilo:
- Alteza no se moleste usted pero tengo entendido que nuestra Reina Manoli es un orgullo para todos nosotros porque es una de las reinas más sobrias que ha dado la Corona, parece que el alcohol va en los genes de la sangre azul de esta casa real... Vamos a levantarla de la silla, yo la sujeto de un lado y usted del otro y entonces decimos a la de tres y la empujamos los dos al mismo tiempo hacía arriba ¿Entendido? No me falle o se nos cae de cabeza sobre la mesa... y por cabeza no va a ser...
El rey asintió obedientemente y le dio las gracias por haber solucionado su problema:
-¡Ay, qué sería de mí sin la Maloles!- pensó.
Ella le leyó el pensamiento rápidamente, se las daba de lectora de pensamientos:
- Majestad ¿Me puedo tomar mañana el día libre? Llevo sin ver a mi familia más de una semana, solo hago trabajar... Las lágrimas comenzaron a rodarle por la mejilla.
- No sabía que tenía familia usted...pero sí, se puede usted tomar mejor dos horas libres pero no abuse ¡Eh!
Los dos sujetaron a la Reina de los brazos y la elevaron en alto pero no lograban ponerla recta porque se tambaleaba para los lados:
- ¡Cómo pesa la jodida!-se quejó Maloles. Pero ¿Dónde lleva metida la comida? Si está hecha un fideo.
En cuánto estuvieron los tres en pie, comenzaron a oírse aplausos en la sala y empezó a sonar la canción de cumpleaños feliz del grupo Parchís. Pensaban que la Reina iba a decir unas palabras pero no dijo ni mu porque no veía ni oía nada, tenía todo el pelo alborotado y le caía sobre la cara.
Fue el rey quien comenzó a dar la bienvenida a todos los asistentes y homenajeó a la Reina por su treinta cumpleaños. Con un brazo sujetaba el micro y con el otro a la Reina que se le escurría.
Cuando terminó su discurso, preguntó a la Reina rápidamente si quería decir algunas palabras de agradecimiento esperando su respuesta negativa pero la Reina afirmó que sí con la cabeza.
El Rey le puso el micro en la boca y cuando pensaban todos que la Reina iba a hablar, se tiró un eructo que retumbó en toda la sala.