**AMELIA** Sentí un escalofrío, recorrerme la espalda. —Beret, no tiene nada que ver con esto —respondí, firme, aunque por dentro la alarma ya se disparaba—. Es mi primo, solamente hace lo que le ordeno. Su expresión cambió. La sonrisa desapareció como si nunca hubiese estado ahí. Su mandíbula se tensó, los nudillos se le marcaron bajo la piel mientras apretaba los puños dentro de los bolsillos. —No tienes idea de todo lo que hice por ti mientras él estaba a cargo. Los contactos que puse en juego, el dinero que invertí para mantener tu nombre limpio, tus permisos intactos, tus hoteles funcionando. —No te pedí nada de eso —repliqué, más bajo, pero con la voz firme—. Lo hiciste porque quisiste. ¿Buscabas algo a cambio? Jonás dio un paso hacia mí. —Y ahora que volviste, ¿ya no existo? ¿E

