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Hace muchos años que no veo a mis padres, las personas sin poder se mueren por tener uno… creen que es una bendición tener un poder pero la verdad es muy diferente no por tener un poder te tratan mejor.
Vivo en casa de mi abuelo quien se hizo cargo de mí para volverme una dama de la corte, ocupaba que alguien tomara su lugar en la corte sirviendo al futuro rey que no conozco pero seguro es un idiota refinado, con aires de ser el mejor rey de todos los tiempos.
Mi abuelo nunca reconoció a mi madre como su hija, claro como un señor de la corte, un general, un experto en artes marciales, un maestro en controlar el metal, como iba a aceptar una hija con una criada de la casa de su madre. Pero si mi madre si hubiera podido tener algún control o destreza en un “don” como él les llama, hubiera crecido rodeada de lujos y claro no se hubiera casado con el hijo de un carpintero, que también sería carpintero.
Yo hubiera escogido que se llevara a uno de mis hermanos pero me eligió a mí, porque dijo que yo tenía algo que los demás no, y eso era controlar el fuego no el metal como él, decía que veía potencial en mí, para llegar a hacer una gran dama de la corte o inclusive una gran Reina, claro que esto me pareció tonto, ¿yo reina?, si como no.
Mi abuelo, me consiguió ayuda en clases de esgrima, protocolo, cultura; baile, maestros de historia, me obligó a aprenderme los nombres de las familias importantes, los nombres de los trece generales y métodos de combate, no sabía con exactitud, para qué, pero lo hice.
El día de hoy me llevo de compras, me compro mucha ropa distinta, iba de vestidos sencillos hasta trajes de combate que soportan las altas temperaturas de mi poder y con la capacidad de emanar calor.
-Espero que te hayan gustado-dice con un tono de seguridad y dulzura, típico de él cuándo, quiere hacerme plática.
-¿Qué?-respondo sin saber de qué me pregunta.
-¿Que compramos el día de ayer?-me manifiesta con un tono de inconformidad.
-¡Ah!-me atrevo a contestar como le contestaría a mi padre.-Sí me gustaron, pero no entiendo para que los vestidos extravagantes, o la ropa de combate.
-¡Para nuestra ida al palacio por supuesto!-me dice con orgullo-donde el personal de la corte se reunirá para conocer al futuro rey ¿qué es?…- se queda esperando que salga de mis labios, el nombre del futuro monarca.
-Príncipe Alexander Ventus- vacilo de manera vacía- ¿Por qué tengo que ir yo?-le protestó, sin preocuparme de algún protocolo.
-¡Porque es tu deber como mi nieta, y la futura esposa del hijo del gobernador Neige!-se queda en seco, cuando sale de sus labios mi compromiso, con el hijo del gobernador.
-¿Esposa?- es lo único consigo decir.
-Vete a tu cuarto y dile a la servidumbre que haga tus maletas, lleva ropa de entrenamiento también algunas pijamas, las de seda, de preferencia- me levanto y lo dejo en el comedor, agarrándose la cabeza.
Llego a mi habitación y lo primero que hago es acostarme, en mi gran cama que está cubierta por un edredón blanco con bordados color verde, me acurruco en un rincón de ella, comienzo a recordar algunas cosas de mi familia, primero recuerdo ese cabello color n***o que caracterizaba a mi hermano Valentín, las tonterías de Gabriel y Jace que se llevan por un año, el olor del cabello de Susan y como olvidarme de las trenzas negras con un listón rosa que May, usaba siempre.
Las mucamas entran y empiezan a acomodar las maletas, me siento en la cama y observo detenidamente, cada cosa que empacan en las maletas, hacen cinco maletas, una para cada tipo de ropa, una de ropa de combate, una de ropa sencilla; mis vestidos en otra, ropa para dormir y una para mi ropa interior. Dejan todo acomodado y una de ellas deja un papel en mi escritorio, que está junto a la ventana. Me levanto, para leer con entendimiento, es una carta de mi hermano Valentín, la leo en mi cabeza y sus palabras se me clavan como puñaladas.
Eliza Rogers
Hola hermana, espero que nos recuerdes, te extrañamos y queremos verte. Recuerda que tienes una madre y un padre que te aman, no nada más a ese viejo con el que vives. No te sientas, una dama de la corte, una de esas idiotas que solo piensan en el bienestar propio. Eres una Rogers no una Metacus, eres mi hermana, pero llevamos mucho tiempo sin verte y se nos está olvidando tu voz, como es o era tu rostro, no dejes que se nos olvide quien eres.
Valentín R.
Estallo en lágrimas de múltiples sentimientos, ira, tristeza; ¿Cómo puede pensar eso?, ¿cómo puede creer que me he convertido en una de esas personas?, me limpio mis lágrimas derramadas, recuerdo lo que el abuelo me dijo un vez, “nunca olvides tus raíces”. No permitiré que esto pase, me cambio rápido, unas botas negras de entrenamiento, un pantalón azul marino y una blusa color tinto, por supuesto tomo una capa negra, que me esconderá de la luna.
En el establo elijo a Trix, el caballo más rápido y fuerte de todos, además va acorde con la situación, su pelaje es n***o azabache, eso lo confunde en la obscuridad. Cabalgo unos treinta minutos y me detengo al escuchar las pisadas de un caballo que no son las de Trix, las de él son algo suaves, las del otro caballo suenan con dureza y firmeza, me dirijo al monte donde el color de Trix y mi capa se perderían perfectamente, nadie nos vería, y podríamos continuar nuestro camino. Se detienen frente a nosotros a una distancia de tres o cuatro metros, para mi sorpresa, el jinete conoce mi nombre y el del poderoso caballo en el que he cabalgado la última media hora.
-¡Eliza!-grita, su voz me es desconocida-Sé que estás ahí-no quiero contestarle, debería esperar a que se valla pero me resultaría inútil ya que las huellas de Trix quedaron impresas en el lodo, no me queda otra salida.
-¿Quién eres y que quieres?-salgo de mi escondite elevando mi voz.
-No quiero nada-en sus labios aparece una sonrisa que me pone nerviosa.
-¿Entonces?-me doy cuenta de que es un joven apuesto de piel casi blanca, ojos color azul glacial; cabello blanco como la nieve y unos labios que se me parecen perfectos.- ¿Por qué me sigues?-trato de que no note que me parece atractivo, se mueve un poco y los músculos bajo la tela resaltan tratando de hundirme más.
-Te estoy cuidando, eso es todo-Sonríe de una manera gentil.
-¿Cuidando?-suelto de manera confusa-¿Cómo para qué me cuidas? y no has contestado lo que te pregunte, ¿Quién eres?
-Soy un simple amigo-sonríe de manera natural-. Te observe mientras te escabullías en los establos, después observe como salías montada en Trix y te dirigías al camino de atrás, y entonces te empecé a seguir, pero creo que escuchaste las pisadas de Cana fue donde me descubriste.
-No me delates-¿Por qué ruego?
-¿Qué me vas a hacer sí lo hago?-me sorprende de que juegue con fuego.
-Si me delatas… te asare vivo, ¿me entendiste?-asiente y lo dejo atrás.
Me alcanza, y cabalga a mi lado durante unos minutos, trato de alejarlo, pero es astuto y se mantiene firme, no me pregunta a donde nos dirigimos, solo me sigue sin preguntar y solo lo miro de reojo. Llegamos a una casa color azul cielo, que está a la entrada del pueblo donde sé que mi familia vivía, un anciano que está en la entrada, nos observa con entretenimiento, no es tan tarde para decir que no puede a ver gente despierta; hasta que habré la boca para preguntar.
-¿Qué los trae por aquí?-grita con desconfianza.
-Ven…-se me olvida, que alguien me acompañaba, así que corrijo de inmediato-venimos en busca de la familia Rogers, si siguen en el pueblo.-Se queda pensando por unos momentos.
-¡Claro que siguen aquí!-dice con alegría-Tú eres Eliza cierto-una sonrisa atraviesa su cara.
-Si-consigo contestar, y me señala un camino.
-¿Quién te acompaña Eliza?-pregunta con tono de preocupación.
-Es solo un amigo-respondo- solo me acompaña, no quiere que me pase algo.
-Qué bueno, entonces anda con tu familia-dice y se mete a su casa y deja que sigamos nuestro camino.
Avanzamos y por primera vez, desde que lo amenace, suelta un suspiro y me dice algo que no logro entender así que le pido que lo vuelva a decir y me lo repite de manera agradable.
-¿Hace cuánto que no ves a tu familia?-pregunta sin miedo a que lo rostice y quede como carbón.
-No recuerdo…creo que desde que yo tenía…siete u ocho años-murmuro, levanto la vista y veo lo que parece ser una casa vieja con un par de caballos uno más viejo que el otro, una vaca con su becerro; unas cuantas gallinas y gallos.
Nos bajamos de Trix y Cana, avanzamos hacia la puerta, mis manos tiemblan y con ellas el resto de mi cuerpo, él me agarra, no me deja caer así que pasa una de sus manos sobre una de mis mejillas.
-Tranquila-su voz es dulce, tranquilizadora- sé que no es fácil, pero inténtalo.
Me suelta y permite que dé un paso a la puerta se ve que es nueva, tocó la puerta y una voz que no reconozco suena en la casa y después de dos minutos la puerta se abre por una chica de unos dos años menor que yo.
-¿Qué necesita y quién es?-dice con un tono de confusión, dejo que me observe de pies a cabeza y otra voz le pregunta, “¿quién está en la puerta?”.- No sé es una chica y un chico.
-Busco a los señores Rogers- suelto y un joven se asoma de atrás de la chica, me mira por un momento, hasta que su mirada cae en él chico que me acompaña-si no están les podría dar un recado o me podrían decir si esta Valentín Rogers.
-¿Para qué quiere hablar con ellos?-pregunta el chico que esta atrás de la joven.
-Necesito hablar con ellos, no tendré otra oportunidad de hacerlo-contesto como la chica que quiere un permiso para ver a sus padres aunque sea por esa única ves.
-Mejor venga mañana- dice la chica por fin.
-¡Necesito verlos en este momento!- Sale la dama de la corte, que he estado evadiendo esta noche.
-No sé quién rayos es usted, pero no le permito que nos hable en ese tono, y menos en mi casa-replica el chico enfurecido.
-¡Cálmate!-le dice la chica-No me gusta que hagan enojar a mi hermano- dice mirándome.
-Si no le gusta mi tono, entonces haga lo que le estoy pidiendo-respondo de manera fría y un poco cruel- quiero ver a los señores Rogers o a Valentín Rogers.
-¡Dígame quien desea hablar con ellos y pueda que cumpla su solicitud señorita!-el chico responde un poco más calmado.
-Eliza Rogers-Suelto mi nombre como una apuñalada a los dos jóvenes.
-¡Eli…Eliza!-la chica suelta a su hermano y corre a abrazarme- sé que no me conoces, pero yo a ti, si eres mi hermana.-Encierro mis brazos para corresponder el fuerte abrazo que me está dando.
-May, ¿eres tú?- mi voz se me quebraba-¡no puede creer que seas tú!
-¡Eliza!-la voz más dulce que he escuchado esa no podría ser otra más que la de mamá- mi niña-dice entre lágrimas.
Ella me da un abrazo y me llena de besos, después él joven que estaba en la puerta me abraza y me dice que su carta sirvió.
-¡Valentín! ¡Eres un idiota!-no me siento culpable por decirle idiota.
-¡Eliza!-me dice la voz de un hombre algo mayor.
-¡Papá!-mis lágrimas ruedan por mi mejilla, su abrazo es más fuerte que el de May.
Me da muchísimos besos, jurándome que nadie me separara de su lado nuevamente, mis otros hermanos me abrazan y Susan me da un regalo, me dice “ábrelo cuando estés sola”, entramos a la casa y mamá cierra la puerta, nos sentamos en unas sillas que hay en lugar de sofás.
-¡Gracias por traer a mi hija a casa!-papá le extiende la mano a mi acompañante.
-No se preocupe señor, pero me temo que tendremos que volver antes de que el gobernador mande a su gente, para buscarnos- responde con un tono de seguridad.
-Que intente algo, para alejar a mi pequeña de mi lado-replica papá enojado.
-Me voy a casar-murmuro con tristeza y profundo dolor en mi voz-con uno de sus hijos, no sé con cuál de los dos.-Papá y mamá me observan boquiabiertos, como diciéndome “eso no puede ser posible”.
-¡Maldito Viejo!-ruge mi padre-se lleva a mi pequeña de mi lado y después la quiere casar con uno de esos idiotas de la corte.
-No papá-olvidaba lo temperamental que papá es, si Sander trabaja para el gobernador esto me será peor de lo que pueda manejar-no pertenecen a la corte, supongo que será el futuro gobernante de aquí y yo seré su esposa, una dama de la corte real… seremos del mismo círculo social. Pero de diferente labor y diferente cargo.
A lo lejos se escucha una carreta que aumenta el sonido a cada minuto y parece que se dirige a donde estamos nosotros, mi acompañante y yo nos estremecemos, esperamos a muchos agentes del gobernador, agentes de mi abuelo o a alguien armado hasta los dientes. La carreta se detiene enfrente de la casa y alguien baja de ella, pero la obscuridad aumento por el paso del tiempo, no se distingue quien bajo de la carreta una figura avanza atreves de la obscuridad, se detiene en la puerta y toca la puerta con tranquilidad. Papá se levanta de su asiento y se arrima a la puerta, mira atreves de una ventanilla, y no le queda de otra más que abrir la puerta.
-Buenas noches-dice papá entre dientes, antes de que la figura del abuelo se vuelva visible por la luz.
-Buenas Noches, Thomas- murmura el abuelo, observa la casa y los integrantes de mi familia, hasta que reconoce al joven que me acompaño, levanta la ceja sorprendido- que haces aquí Sander.
Todos dirigimos la mirada hacia mi acompañante, que ríe en tono de serenidad, el abuelo espera respuesta, pero se da la vuelta para mirame mí, y está a punto de regañarme, cuando mi acompañante abre los labios.
-Tenía que conocer a mis futuros suegros- responde por fin-No solo a mi futura esposa, además mi padre me insistió que le diera cierto lapso de tiempo antes de saber quién era, así que gracias por arruinarlo.
-Disculpe usted-el abuelo da una reverencia hacia el joven- pero vengo por ustedes, principalmente por ti-apunta a mi dirección-no te dije que una más de estas salidas sin permiso y te volvía a poner a los guardias en tus puertas.-asiento lentamente, miro el suelo-entonces vámonos.
-Va a seguir sin guardias en sus puertas-rezonga Sander.
-¡Como dice…mi nieta violo mi confianza!- gruñe mi abuelo en total desacuerdo con el joven.
-A partir de hoy las cosas van a cambiar, es mi futura esposa y quiero que se sienta cómoda, no prisionera, que sienta que es la dueña de la casa; no un mueble de ella-gruñe Sander.
-Mientras este en mi casa, va a ver guardias en sus puertas… ¿me entendió?- resalta mi abuelo, da una vuelta hacia mí y me tiende su mano- mi lady.-tomo su mano, para ponerme de pie, pero me jala sin darme la oportunidad de despedirme, mi padre le grita, cundo ve que me va a poner esposas.
-¡Detente!-grita mi padre eufórico-¡Martin Metacus!- nunca había escuchado que alguien le dijera a el abuelo su nombre completo, lo peor que podría a ver hecho papá era llevar una pala hecha casi totalmente de metal, digo casi porque el mango es de madera. Antes de que papá pueda pegarle al abuelo, con un pensamiento del abuelo el metal se entorna contra papá de manera que parece que lleva puesta una armadura, pero es más bien una prisión personal, Sander baja la mirada porque él sabe lo que es.
-No mires-Sander susurra en mí oído, pero no pude evitarlo, escucho los gritos de dolor de mi padre, hasta que escucho a mi madre diciéndole al abuelo que pare, pero este no hace caso, hasta que escucho a mamá gritarle a Gabriel.
-¡Hazlo, Gabriel!-suena desesperada- sabes que no te lo pediría… sino fuera necesario.
Me pregunto que podrá hacer Gabriel el segundo de los hermanos que pueda detener al abuelo un general, un hombre de la corte real, un líder de una legión; un monstruo, y mi maestro de lucha. De repente escucho a Gabriel, que grita diciendo que deje en paz a papá.
-¡No quiero hacerte daño, porque has hecho a mi hermana, alguien!-gritá mi hermano seguro de sí.
-Que puedes hacer muchacho, que evite que le dé una lección a tu amado padre- refunfuña el abuelo, riendo.
-¡Esto!-contesta mi hermano. Estira la mano dirección del abuelo y veo que el abuelo se está arrodillando hasta empezar a retorcerse en el suelo. El metal libera a mi papá, al mismo tiempo que mis muñecas y mi hermano baja la mano, mientras mi abuelo se queda en el suelo atónito, preguntándose cómo diablos lo hizo.
-¿Estás bien?- la voz de mi madre, se grabó en mi mente, mientras ella abraza a mi padre.
-¡¿Cómo hiciste eso Gabriel?!- pregunto con temor, de que me lo haga a mí, guarda silencio mientras el abuelo se pone de pie.
-Lo supe después de que que te fueras uno o dos años después, más tarde, me iba a la montaña a practicar con animales hasta que tuve el control total de esta maldición; empecé a practicar con humanos unas semanas después, de que supe que ya era hora de ir a un nuevo nivel.- tonto nunca hubiera mostrado su poder delante del viejo, ahora tendrá que venir con nosotros-¡Es hora de empacar!
-Ese poder lo tenía tu bisabuela-gruñe el abuelo-casi nadie lo hereda es muy raro, incluso entre los de la corte o gobernantes. Y si es hora de empacar tus maletas.