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1695 Words
El abuelo nos dio tiempo de despedirnos de nuestros hermanos y padres, los abracé tanto como pude, papá le dio las gracias a Sander por decirme que no me preocupara por ellos que estarían bien. Llegamos a la mansión y un silbido invadió la carreta, mi hermano parece un niño en una gran dulcería. -Comportate Gabriel-mi voz sonó como un eco en su cabeza- ¿listo para viajar? -¿Viajar? ¿A dónde?-responde feliz. -No te sacan muy seguido ¿verdad?-murmuro y sonrió. -¡Niños!- dice el abuelo con cariño- Eliza, tú lo acompañaras a comprar ropa decente, ropa de combate, de entrenamiento; y zapatos, lo acompañaras a que se corte ese pelo, que parece que un pájaro hizo nido en su cabeza; ¿entendiste linda? -Está bien, pero ¿qué tan corto?- respondo, mientras miro la cabeza de Gabriel, su cabello es casi rubio como el del abuelo, nada más que los ojos del abuelo son grises, los de Gabriel son verdes esmeralda y su test es más oscura que la del abuelo, yo soy la única de mi familia que el cabello es rojo encendido como la flama, mientras que el cabello de mis hermanos es lacio el mío es ondulado, mis ojos son azules como el mar y mi piel casi blanca como la de Sander, Gabriel y yo somos los únicos de rasgos diferentes todos los demás son de pelo castaño y ojos color miel.-Porque no se va poder salvar mucho. -Ni tan largo, ni tan corto, como el Sander… un poco más cortó- observa la cara de mi hermano-y por favor quitale ese ridículo bigote y esa horripilante barba-susurra en mi oído. Asiento de manera cautelosa-nos tendremos que ir un día más. Espero que no haya problema Sander. -¡Ninguno señor!-aclara- mi padre dijo que si nos retrasamos él le dirá a su alteza. -De acuerdo entonces-reacciona mi abuelo- Eliza tomate una hora de entrenamiento para calentar y no olvides como crear un infierno. Llevo a mi hermano a su corte de cabello, de ahí le dan un baño y lo arreglan le quitan la espantosa barba y el pobre intento de bigote, queda estupendo si no fuera mi hermano y me lo topara en un bar si bailo con el toda la noche, lo llevo a las tiendas donde el abuelo compra mi ropa de entrenamiento, le compro más de diez complementos, y doce pares de botas, le compro trajes azules, negros, tintos; grises oscuros, todos se le ven muy bien, lo veo sin camisa, noto que tiene musculatura y unos cuadros en su abdomen. -¿De dónde sacaste ese cuerpo?-pregunto en vez de enojarse se ríe a carcajadas. -¿Te gusta?-murmura, mirándome con una sonrisa torcida- lo he estado trabajando durante meses y este es el resultado. -Te queda bien, pero ¿cómo lo has trabajado si no hay donde hacer ejercicio?-menciono esto inocentemente. -En el granero hay un par de motores de moto… y con ellas una hora diario- Me ve que lo observo.- ¡Ya basta!, te voy a cobrar.  -¡Está bien! ya vámonos- agarro mis cosas y me levanto, pago las cosas que compramos.  Salimos de la tienda, subimos al carruaje, que nos lleva directo a la mansión. Cada lugar que recorremos produce asombro en los ojos de mi hermano, como un niño en dulcería, cruzamos los jardines de la casa, en la caravana, cada flor, cada árbol y fruta tiene un color y olor único que los diferencia del resto. El abuelo no se encuentra y eso es una ventaja ya que no quiero un interrogatorio de cómo fue que mi hermano eligiera la mayoría de su ropa color n***o con un rojo que asemeja al de la sangre, pero mi prometido sí, está entrenando sin mostrar sus dones, el entrenador hace que me acerque, me mira de arriba abajo cuando entro en el gimnasio yo no iba con la intención de entrenar. -¡Señorita Eliza!-dice de manera seria y fría- puede irse a cambiar para su entrenamiento, ya que apenas se digna en venir el día de hoy. -Sí, señor-murmuro, encogiéndome de hombros, mirando hacia atrás veo a mi hermano riéndose de mí- ¡disculpe entrenador mi abuelo ya le comento sobre mí hermano! -¡Otro Metacus!-Balbucea, casi cayéndose de la impresión- ¿Cuál es su nombre joven?-. -Gabriel Ro…-lo golpeo suavemente en el estómago-¡Gabriel Metacus! -Muy bien muchacho- dice- a cambiarse. Mi hermano, se viste con un traje militar color n***o, unas botas militares negras y se peina su cabello. Yo en cambió visto un traje deportivo color azul marino, unos tenis color n***o, mi pelo recogido en una trenza sencilla y larga de color rojo encendido como mis llamas. -¿Cuál es su don joven Gabriel?-pregunta el entrenador, algo curioso. -¿Don? -Que, que es lo que controlas eses es tu don-digo alterada. -¡Ah!, mi don es la sangre-contesta con gran orgullo- oh el cuerpo, pero no la mente. -¿Cómo sabes que no es la mente?-pregunta el entrenador intrigado. -Porque no escucho la mente de otros, porque no controlo los pensamientos ni sentimientos-refunfuña mi hermano enfadado. -Ya vi lo que hace, es increíble Rufus-pronuncia Sander, después un largo tiempo callado- controla la sangre. -¡Increíble!-murmura el entrenador asombrado-nunca he visto de cerca este don, había escuchado de él, pero no había persona con vida que lo tuviera. -Lo sé, es un don natural-su voz suena con frialdad y altanería-mi hermana posee el fuego y yo la sangre, seremos invencibles ante esos estúpidos de la corte-sus palabras son veneno puro, ante el entrenador Rufus y Sander. -Me gustaría verte entrenando con alguno de esos estúpidos como tú les llamas, no durarías ni dos minutos contra Kendall Garrastel o contra Mariska Montain-ruge Sander. -¡Mujeres, son débiles!-reta mi hermano para que Sander pierda el control.- ¿Y quiénes son esas? -Kendall y Mariska- digo y el recuerdo de ambas me da un escalofrió- son un par de chicas que son duras de vencer, Kendall controla el metal como el abuelo, vivió aquí tres años, mientras el abuelo la entrenaba- un suspiro profundo y continuo- no le caigo ni me cae bien, Mariska es una víbora literal, se transforma en una y en humana hace que su piel sea como la de la víbora, escamosa, su saliva es venenosa si ella lo desea, y el veneno no le hace nada…pero en combate es increíble verla cambiando de víbora a humana y viceversa. -Suenan increíbles- dice Gabriel- tal vez me case con la víbora. -Son muy seguras de una cosa…-interviene Sander- ambas quieren la atención de mi primo y la corona por supuesto. -Eres primo de los príncipes y de la princesa- el asombro de mi hermano se da a notar como un niño en dulcería. -Si- suelta Sander con cierto tono de decepción y de empatía-les caerías bien Gabriel en especial a Christopher. -¿Cuál es tu don?- pregunta mi hermano con curiosidad- porque el mío y el de mi bella hermana ya lo sabes, pero creo que ninguno de nosotros sabe el tuyo- le dedica un sonrisa divertida propia de Gabriel, Sander se le devuelve y dice por fin. -El frio, bueno no estoy seguro de si eso se le cataloga-vacila un momento y continua- mira controlo la temperatura, bueno solo la puedo bajar y el hielo y la nieve, por eso creo que todo lo que tenga que ver con el frio o el invierno. -Mi hermana la señora del fuego y Sander el hijo del gobernador señor de los inviernos, ¿cómo irán a ser sus hijos? Me rio por lo que va hacer de mi vida al lado de alguien que puedo derretir con chasquear los dedos, literalmente se derretiría por mí. En la noche nos acostamos a dormir, la habitación de Sander está frente a la mía y la de Gabriel al lado, por más que trato no consigo el sueño, recuerdo a mis padres, mis hermanos y deseo que Gabriel no hubiera defendido a papá, así no se hubiera metido en esta situación. Nos levantamos temprano, desayunamos y nadie comenta lo que paso el día anterior, el entrenador se fue antes que nosotros para elegir el color que nos representara a mi hermano y a mí en el gimnasio, como los representantes de la casa Metacus. Salimos a la puerta principal de la  mansión, todos de manera formal, mi abuelo viste un traje color azul oscuro, con medallas de guerra y unos zapatos negros recién lustrados. Mi hermano viste de manera diferente, una elegante camisa color gris y un pantalón azul oscuro, y unos zapatos negros, Sander por otro lado, lleva un traje como el abuelo, solo que de diferente color; el de Sander es n***o que oculta una camisa color hueso, yo visto un vestido color rojo carmín, con unos guantes negros que cubren solo mis manos. Dos caravanas esperan al frente de la mansión con el símbolo de la casa Metacus, un escudo con un la cara de un oso, el abuelo se sube en la primera con Gabriel; pera enseñarle el nombre de las demás personas de la corte y el nombre de los príncipes y reyes que nos gobernaban, y de los que gobernaban los otros reinos, a mí me toco irme con Sander, al principio el silencio nos invadió por unos kilómetros. -¿Por qué me seguiste ayer?-pregunto para quitar el silencio que nos invade. -Ya sabía que eras tú, pero quería saber si podíamos confiar el uno en el otro- murmura- sin que supieras quien era yo. Es todo lo que hablamos durante el camino, nunca deje de observarlo de reojo, sé que a veces me mira, sin embargo no decía nada. El camino era aburrido y nada entretenido, Sander se concentraba en un libro de táctica militar, me hubiera gustado sostener un libro o una conversación con el chico que se convertirá en mi esposo, y con el cual voy a formar una familia, mientras tanto espero que seamos felices y me pregunto ¿Cómo serán nuestros hijos? Gracias Gabriel.
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