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2922 Words
Llegamos después de un día de camino, las calles de la ciudad de Nórdico son hermosas, no hay lugar donde no haya flores o grandes árboles, todas las calles principales están cubiertas por las ramas de los árboles, y forman un arco de sombra calle tras calle. Llegamos a lo que parece ser la plaza principal y cerca de ahí se encuentra el palacio Lobo Blanco el primer palacio construido, hace casi seiscientos noventa y dos años, llamado así por el primer rey de Nórdico, Serafín Ventus el Gran Lobo Blanco. Las puertas color cobre del palacio comienzan a abrirse, y una voz que se escucha en los megáfonos. -La familia Metacus, Martin Metacus general y m*****o de la corte real-dice la voz que resuena en los rincones del palacio. Una joven de cabello rubio oscuro y piel morena y ojos como los de Sander, lleva puesto un vestido turquesa, y el pelo recogido en una coleta, de no más de mi edad, espera en la entrada de la mansión, donde el rey y la reina nos esperan. -¡Bienvenidos!-dice el rey mientras saluda de mano a mi abuelo- eran los últimos Metacus-ríe el rey mientras suelta la mano de mi abuelo- ya me estaba preocupando de que no vinieran. -No se preocupe su alteza-dice el abuelo, mientras mira bajar a Gabriel- nos detuvimos por este joven, que según él no tenía ropa para competir en el gimnasio. -¿Que no solo tenía una nieta?-pregunta la reina-¿oh me equivoco? -Claro que no su alteza, mi nieta tiene el don del fuego y aprendió a controlarlo, pero mi nieto tiene un don diferente y no es muy fácil dominarlo, un enojo, un mal entendido y hubiera sido un desastre- contesta el abuelo, dominando la mentira con un poco de verdad- No habla de él para que le diera tiempo de dominar su don. -Ya entiendo-reacciona el monarca-¿Qué don podría ser, para tardar en dominarlo? -Lo averiguara pronto-intuye el abuelo. Sander baja primero para saludar al rey, y en vez de ayudarme a bajar se va con la joven rubia de vestido turquesa, se dan un fuerte abrazo, no me molesta, ¿Pero no debe ayudarme a bajar? Estoy a punto de bajar cuando noto que alguien extiende su mano en mi dirección, creo que es Gabriel. Me quito el guante que protege mi mano la dejo caer con delicadeza y le doy un apretón suave, que para mi hermano es una señal que dice no me sueltes, pero esta mano es diferente, la de Gabriel es áspera y dura; mientras que esta es suave y gentil. -¡Gracias!-suelto con una voz dulce. -No tiene porque -su voz es simplemente encantadora- Se ve bellísima.-al levantar la vista veo a la persona que me ayudo a bajar. -¡Usted es…!-quedo sorprendida, ya que no estaba cuando la caravana se detuvo, me inclino de manera rápida, sencilla y elegante- majestad pido una disculpa. -No se moleste- dice y su voz, es sencillamente perfecta a diferencia de Sander el príncipe Alexander pose el cabello n***o como el plumaje de un cuervo, piel blanca, los ojos del príncipe son gris claro. -¡Hijo!-dice el rey mientras extiende su mano derecha para alcanzar la del príncipe. -Padre, madre, general Matacus, primo Sander-dirige su mirada a mi hermano, pero no pregunta quién es, y después dirige una mirada a la joven rubia- Ya terminaste de practicar Miranda. -¡Claro!- dice la joven con una gran sonrisa, que deja ver unos dientes perfectos- vine a recibir a mi hermano, querido primo. -Ya no se peleen por mí- la sonrisa de Sander, deja ver dientes como los de Miranda. El abuelo me hace una seña para que me acerque y salude a los reyes, sigo sorprendida por el príncipe que me ayudo a bajar de mi caravana, Gabriel encajona su brazo izquierdo en mi brazo derecho, me susurra algo al oído que no sé qué es, pero creo que me dijo “no te soltare”. -¡Altezas!-digo dando una leve inclinación y Gabriel copia mi movimiento- es un placer que nos reciban en su morada. -Qué joven tan linda y respetuosa-suelta la reina mientras extiende su mano a la mía, hago una reverencia mientras ella ya sostiene mi mano izquierda -¡qué buena chica, encontraste Sander! -Gracias tía- Sander se encamina a mi lado izquierdo, soltando a Miranda- y deberías verla en demostración es simplemente perfecta- le lanzo una mirada, pero él ya estaba mirándome, me da una sonrisa y se la recibo con otra. -Ya ves Alexander deberías conseguirte una linda chica- dice el rey dedicándonos una mirada a Sander y a mí, la reina suelta mi mano para tomar la de su esposo- como la de Sander.-El príncipe no hace ni dice nada ante el comentario de su padre- deberíamos entrar. Las puertas del palacio se abren y entramos, Gabriel va a mi lado sujetando mi mano derecha, parece un niño en una juguetería, el abuelo va al lado del rey, la reina y Miranda le siguen del rey y el abuelo, Sander y el príncipe van atrás de mí y de Gabriel, nos detenemos en una sala, el rey hace una seña a una criada y le dice que nos enseñe nuestras habitaciones. Mi habitación es grande, con muebles de mármol y madera fina la cama esta tendida con un edredón n***o con bordados color esmeralda, y el baño es igual de elegante que la habitación. Gabriel toca mi puerta, arreglado con un traje de entrenamiento, espera a que me arregle, salgo después de unos minutos, reímos de recuerdos que compartimos y me hace sentir que no estaré sola por mucho tiempo él me recuerda a mamá y a papá, ya que pose gran parecido de ambos. Llegamos al gimnasio vacío, que es más grande que dos canchas juntas, Gabriel se prepara para relajarse y concentrarse; mientras yo empiezo a calentar con algunos ejercicios. Vemos como Rufus entra con otro entrenador, nos saluda, contestamos el saludo y nos pregunta que queremos hacer primero si un encuentro o un demostrador. Gabriel no entiende que son así que yo pido un demostrador y paso al frente, Gabriel mira asombrado por que ve que del suelo ascienden blancos en forma de personas. Veo de reojo a Sander con un traje color blanco de entrenamiento, Miranda lleva un traje de entrenamiento color rosa, en lo personal ese tono de rosa es horrible, el príncipe y otros dos chicos entran con ellos, llevan un traje de entrenamiento color n***o con líneas azules, el príncipe Alexander mira fijamente en mi dirección, pero no le tomo importancia y trato de concentrarme en los blancos. Rufus espera a que tomen asiento y antes de que empecemos escucho una risa familiar. -Perdón por llegar tarde Rufus- dice Kendall con su perfecto cabello color gris y sus ojos color azul lavanda piel blanca, acompañada de Mariska que es rubia hasta la antes de la raíz sus rapideces del cabello son verdes su piel es blanca y sus ojos son verde hoja y se sientan junto a Sander-es un lio llegar hasta aquí. -Siéntate Kendall vamos a empezar por demostraciones- presiona un botón y los blancos se activan -¡Muy bien Eliza!-grita el entrenador-haz lo que mejor haces. Asiento y me concentro en los blancos, creo un látigo de fuego y le doy a unos cuantos en la cabeza, después creo una oleada de fuego de cinco metros de altura y dejo que avance hacia los blancos, unos quedan hechos cenizas y otros humean por la temperatura, de repente todos los blancos se guardan y una figura de piedra los remplaza. -¡Derribala!- la voz de Rufus resuena en mi cabeza. Le lanzo barias oleadas de fuego pero parece que no le hago nada, después siento que mi poder disminuye, pero hago caso omiso lanzo un látigo de fuego muy potente y esto lo hago como para calentarme, después una gran bola de fuego y la figura de piedra cae hecha pedazos, los aplausos surgen de la nada, incluso Kendall aplaude. Ese día llego cansada a mi cuarto tras horas de entrenamiento, duermo toda la noche con el traje de entrenamiento puesto, me despierto y lo primero que veo es a varias doncellas, buscando algo entre mi ropa, no sé qué es lo que buscan, hasta que una de ellas sale con un vestido color sangre, no es uno de mis favoritos nos es por el diseño, el cual es precioso, es por el color sino fuera por su color sería uno de mis favoritos. Mi desayuno está junto a mi buro una de las doncellas me pregunta que olor prefiero el día de hoy si a rosas, a vainilla o gardenia, esta última es mi flor favorita así que escojo esta última, me baño, me pongo mi ropa interior y ellas me ponen lo demás no sé porque una de ellas me peina de una manera que parecería una niña dos trenzas unidas por un listón del color del vestido y el resto suelto debajo del listón. Me trasladan al jardín donde la reina Rosset comparte gran parecido con su hijo a excepción del color de ojos pero en la nariz y los labios poseen gran similitud, esta con algunas cuantas personas más Miranda, Kendall, Mariska y una joven de test clara y su cabello es n***o como la noche no la había visto desde que llegue, pero se parece un poco a la reina así que azumo que es la princesa Atina. -Ahora si estamos todas-anuncia la reina- tomaremos el té aquí y aprovechan para conocerse joven Metacus, ella es mi hija Atina-señala a la chica. -Un placer majes… -Atina, puedes llamarme Atina- la reina la mira con ganas de matarla, pero no lo hace la princesa los ojos de ella son los de su madre violetas-siéntese junto a mí por favor, me encantaría hablar con usted. Después de un larga y serena platica con la princesa Atina descubro muchas cosas sobre ella y su familia, me conto sobre como ella y su hermano Christopher ayudaron a varias personas pobres llevando comida y vestimentas, y de cómo es cada día en palacio. Creo que la princesa y yo seremos grandes amigas. De regreso en el gimnasio, Rufus no estaba, así que todos nos ponemos a hacer ejercicio o calentar Gabriel no deja de mirar a Miranda parece que se gustan mutuamente, mientras tanto Sander no deja de hablar con Kendall que parece más interesada en el príncipe que en él. Caliento sola como es de costumbre, nadie de las personas que está aquí me presta atención y eso es bueno en cierta forma, pero moriría por tener la atención de Sander o la de mi hermano que está perdido en lo que Miranda hace, pero de cualquier forma mi soledad me gusta en ocasiones. -¿Puedo hacer un encuentro Rufus?-pregunta el príncipe a Rufus mientras este entra al ruedo. -¡Claro príncipe Alexander!-estoy junto a Gabriel, mientras Rufus y el joven príncipe dan un paso al frente-¿Con quién gusta hacer el encuentro? -Con…-vacila un momento, fija su vista en mi hermano-¡Eliza si no es molestia! -¡Eliza! pasa por favor-dice Rufus con tono de preocupación, no sé si por mí o por el príncipe Alexander. -¡Demuéstrale quien manda!-escucho gritar a Gabriel con gran euforia mientras paso al frente. -Tranquilo joven Metacus-lo reprende Rufus de inmediato. -Tranquila no te are mucho daño-murmura el príncipe confiado al ver un poco de inconformidad en mí cara, sin saber que ha caído en un infierno sin retorno. Tomamos nuestras respectivas posiciones, el príncipe es el primero en lanzar un golpe levantando una ráfaga de aire caliente, que para mi gusto es poco caliente, y de eso lanza muchos ataques de aire, claro que estoy siguiendo el consejo del abuelo, “deja que se canse tu enemigo, deja que se gaste con su poder tu solo defiéndete y después ataca como un dragón enjaulado y puesto a demostrar su poder”. Claro que el príncipe es más fuerte que yo, y sus ráfagas de aire ya me son cansadas de soportar, ya que lanza tanto calientes como heladas, pero las heladas no me hacen nada por mi calor provocado. Estoy a punto de caer cuando ya no lo veo en el suelo sino que lo veo caer arriba de mí, cae sobre mí, se acomoda de forma que no pueda zafarme tanto de piernas como de brazos; su piel es increíblemente suave, sus músculos bien resaltados, y unos ojos gris claro que se penetran en los míos como cuchillos. -¿Se rinde mi lady?-dice con una hermosa sonrisa que muestra sus dientes perfectos. -Rendirme, pero si apenas empiezo- empiezo a calentarme demasiado, el príncipe no soporta este calor y se levanta rápido, me levanto en un movimiento; lanzo una bola de fuego, en su dirección que evita con una bola de aire, no es suficiente para evitar mis otros ataques su aire bloquea un ataque cuando está llegando otro, así sucesivamente hasta agotarlo totalmente, y lanzo el ataque final, lo que el abuelo llama” torbellino de fuego” que es un ataque con las dos manos que al combinarla eso es justamente un torbellino del fuego el más letal que puedo crear, pero el príncipe se defiende con una capa de aire.-¡¿Se rinde alteza?! -¡Pero si apenas empiezo!- Crea oleadas de aire que detengo fácilmente, en un descuido caigo, pero con un simple movimiento me pongo de pie y una oleada de calor sale de mí, las llamas me protegen de otro ataque del príncipe de los vientos. -¡Destrúyelo!- Grita Gabriel y esta vez no le importa si Rufus lo regaña-¡Muéstrale lo que puedes hacer, liberate! ¡Muéstrale que el infierno no tiene piedad! Las llamas crecen hasta formar una muralla de fuego azul, de ella lanzo bolas de fuego, con solo pensarlo las llamas se abren y se cierran como cortinas, nunca había sentido esa clase de poder. La muralla se apaga y formo un escudo de fuego en la mano derecha y en la otra un látigo de fuego verde, un par de latigazos al suelo hacen que el príncipe retroceda, y que yo avance el escudo evita los ataques del príncipe pero con el arrojo bolas de fuego, luego me deshago de las dos cosas, y creo una muralla de fuego n***o alrededor del príncipe hasta dejarlo de rodillas. -Ríndete ahora- mi voz suena fría, pero no bajo el fuego n***o que rodea al príncipe, pero solo una parte en donde puedo ver su cara- ¿Qué decide alteza?- ase un gesto de rendición y retiro el fuego n***o y apago el infierno que creé. -¡Así se hace Eliza!- la voz de Gabriel irradia alegría y entusiasmo. -Bien hecho Eliza-dice Rufus- majestad se puede parar o necesita ayuda. -No, gracias- tarda un momento en ponerse de pie-Lady Eliza, buen encuentro, no había perdido en muchos años y no por que no haya tenido contrincantes, me gusta que ya esté disponible. -¿Disponible?-pregunto sorprendida. -Si…disponible para candidata a mí futura…- tarda un momento, hasta que sus labios pronuncian una palabra-reina. Todos, incluyéndome nos quedamos sorprendidos por la propuesta indecorosa del príncipe, mientras se va a las gradas con una sonrisa enorme en su cara. Rufus le dice a Gabriel que si quiere un encuentro con Miranda, pero él se niega ya que no le es placentero usarlo si no lo necesita. Pero Miranda lo provoca así, que mi hermano con solo pensarlo ella está de rodillas y gritando” para”. Rufus considera lo que mi hermano le dijo y lo detiene, Miranda se levanta como si nada hubiera pasado y le pregunta a mi hermano que cual es su don, porque ella es amiga de casi todos los hijos de personas de gobierno o de la corte, y nunca había visto a alguien como él. Mi hermano dice lo que el abuelo le dijo” solo la gente de temer lo posee”. -Disculpa…-escucho una voz mientras me trenzo el cabello- quiero presentarme correctamente. Soy el príncipe Christopher Ventus. -¡Majestad!- estoy a punto de inclinarme, pero me detiene. -Conmigo no tiene que hacer eso- murmura solo para los dos- solo con el que va a portar la corona. -Mil disculpas- mientras lo miro de pies a cabeza, un chico de uno o dos años más grande que yo, cabello castaño oscuro, unos ojos grises claro como su hermano; una piel casi blanca, viste una camisa negra, y unos pantalones grises que resaltan sus ojos, sus botas son parecidas a las mías- Eliza Metacus.- Me presento con el nombre que el abuelo me puso o dijo que tengo para el mundo. -Un placer conocerla- sonríe- me gusta conocer a la gente que vence a mi hermano. -¿No le agrada su hermano?-añado rápido- ¿o solo le gusta verlo derrotado? -Claro que sí, lo quiero demasiado pero he tratado de vencerlo durante años. Algún día me gustaría hacer un encuentro con usted. -Claro seria magnifico pero…--formulo mi pregunta y la digo-¿Qué don pose usted que no pueda vencerlo?- pregunto con mucha curiosidad -Uno no tan genial como el viento o el fuego- responde rápido. -¿Puedo saber cuál es?-insisto pero no obtengo repuesta.
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