Pasan días antes de que me vuelva encontrar con algún de estos príncipes, Gabriel y yo entrenamos antes de dormir, mientras los demás practican de día nosotros de noche, noto un gran avance en mi hermano, veo como toda la sangre que esta fuera y dentro de un cuerpo cae bajo su control, el abuelo se ofrece como conejillo para que Gabriel practique con sangre dentro de un cuerpo con vida; no sé si porque no quiere que alguien resulte herido o muerto. En cuanto a mí, no me ha hablado desde que vencí al príncipe Alexander, supongo que le causo pena que una simple chica futura dama de la corte, derrotara al futuro rey.
Los entrenamientos se vuelven cansados y difíciles ya que Gabriel, practica conmigo cuando el abuelo no puede, Rufus dice que Gabriel puede bloquear los dones, si encuentra el punto de origen del don, con usar nada más la sangre. Me noqueo un par de veces, lo escuche gritar antes de caer inconsciente y despertar en mi cama. Para desayunar, las mucamas llevaban un plato de fruta picada, un vaso de jugo y en ocasiones una taza de café. El resto del día era leer un libro, escribir una carta a mi familia o ayudar a Gabriel a aprenderse los nombres de los generales, la historia de la corona, y de algunas cosas de buenos modales. Gabriel no podía dejar atrás a ese chico juguetón y bromista que llevaba en su interior, se aprendía las cosas entre bromas o relacionaba los nombres con cosas chistosas; era divertido ver que hacia mientras comíamos en lo que yo le mostraba el nombre de las copas, platos, cucharas; tenedores y cuchillos, para todo tenía un nombre ridículo, en ocasiones una carcajada salía de mis labios, ya que comíamos solos en una habitación, el abuelo no se arriesgaría a que lo vieran comer, sin saber que usar en el tipo de comida, Gabriel era un genio en usar o poner sobrenombres, siempre un sonrisa en sus labios no deja ver su tristeza de no estar con papá, mamá o cualquiera de nuestros hermanos. Éramos los dos contra el mundo de seda y joyas preciosas. El abuelo lo enseño a bailar, y como mantener una conversación con un príncipe o un rey e incluso con una dama, lo cual era un don natural en Gabriel no tenía problema en esto; por las cartas que recibía de Valentín, me daba cuenta de Gabriel era un don Juan y lo que le enseñaba el abuelo no era más que perfeccionar su forma de conquista. Sander se iba de la habitación cada vez que yo entraba, o me acercaba, su hermana Miranda y yo nos convertimos en amigas, era un año menor que yo, pero era grato conversar con ella, me presento a muchas chicas con diferentes dones, como a Julieth una chica morena con un pelo color ámbar y que su don era hablar con los aminales, o a Carmen una chica rubia y de piel pálida su don era controlar tus sentimientos, a ella le parecía atractivo Gabriel. La princesa Atina hermana de los príncipes, se volvió una de mis mejores amigas, controla el sonido. Entre ella y Miranda me contaron porque Sander me esquiva, era porque Alexander le dijo que me quería como su reina, y que pensara mejor nuestro compromiso.
Una noche perfecta circula el cielo en varios días, lo cual me agrada demasiado, para mí suerte Trix es llevado al palacio así que salgo en su búsqueda para una cabalgata nocturna, me toma casi una hora encontrar los establos y eso que estado en este lugar durante casi un mes. Llego a los establos y Trix reconoce mi presencia, lo saludo y lo acaricio, su pelaje es tan suave como lo recuerdo. Le pongo la silla de montar, me subo en la silla y cabalgo durante cuarenta minutos por el camino empedrado, no recuerdo en que momento de la cabalgata me salgo del camino y llego a un lugar muy precioso, a un pequeño rincón con una banca de piedra blanca, que está a la orilla de un hermoso estanque que refleja la hermosa luz de la luna sino fuera por el reflejo de la luna en el agua no me daría cuenta de que existiera; me bajo de Trix quien me sigue sin pedírselo, me siento en la banca y me pierdo en mis pensamientos y recuerdos. No me doy cuenta del transcurso de las horas, hasta que veo la luz del sol, salgo de mis pensamientos subo a Trix y cabalgado de regreso, prometiéndome regresar a este sitio. No parece que nadie se percató de mi ausencia en la noche anterior, Miranda está en mi habitación esperándome para ir a entrenar.
-¿De dónde vienes?-pregunta Miranda con una sonrisa pícara.
-De cabalgar – respondo de inmediato pero parece o cree otra cosa.
-Bueno, ¿pero tan temprano?- sonríe y añade-Olvidalo, vamos a entrenar.
-Pero yo entreno de noche-su cara me hace sonreír un poco.
-Rufus nos quiere a todos- se acerca a mí y me abraza me sorprende este repentino abrazo, pero lo acepto de todos modos- vámonos se hace tarde y no quiero escuchar a el par de brujas.-Sé que se refiere a Kendall y Mariska.
Llegamos al gimnasio, Gabriel está en un encuentro con Sander, quien no puede vencer el don de mi hermano, Sander baja la temperatura de todo el lugar, y deja un frio horrible en el todo el gimnasio, el calor de mi don es lo que me salva del frio abrumador. Miranda me abraza por el calor que emana de mi cuerpo, Sander congela lentamente el cuerpo de mi hermano, pero conozco a Gabriel y todavía le queda una carta por jugar, para su victoria o derrota definitiva; Sander se aproxima donde ya hace mi hermano aguantando el frio abrumador, llega a donde está, y hace la pregunta que me hizo el príncipe Alexander” ¿Te rindes?”, Gabriel de alguna forma mira a Sander quien se arrodilla. La sonrisa de Gabriel se extiende en su cara y mira como Sander se retuerce en el suelo, hasta que grita “me rindo”.
Sander absorbe el frio y lo deja a la temperatura normal, Christopher y Alexander son los siguientes, Alexander empieza lanzando ráfagas de aire mientras Christopher resiste son iguales de fuertes, pero está vez Cristopher hace lo que yo espera a que su hermano se debilite un poco, entra en acción su don es el de la tierra, y crea una tormenta de arena, que daña la vista de todos excepto al suya, pero Alexander la elimina con un movimiento el aire se lleva la tierra y lanza muchas ráfagas de aire, calientes y frías, todas seguidas sin permitir que su hermano haga otro movimiento, se escucha el me rindo de Christopher.
-Bien hecho, casi lo logras-Dice Alexander mientras le tiende una mano a su hermano para ayudarlo a levantarse- te felicito, eres bueno en tu don.
-Gracias algún día te venceré.- dice mostrando una sonrisa radiante que muestra unos dientes perfectos- Serás un gran rey huracán de Nórdico.
-¡Eres un idiota Alexander!-grita Sander- hay que aplaudirle al gran huracán, que se cree mejor que los demás.
-¿Qué te pasa, frio?-gruñe Christopher levantando la voz.
-¿Que me pasa?-dice mientras vuelve su mirada hacia mí- Que ya estoy harto de que Alexander se salga con la suya.
-¡Tranquilizate Frio!-Atina le dice con dulzura.
-Por su culpa ya no me voy a casar pronto.-para mi sorpresa, esas palabras me afectan.
-A mí no me metas no es mi culpa- levanta la voz Alexander dejando salir al rey que lleva dentro.
-No, entonces porque dejaste de buscar a una reina- gruñe Sander furioso y regresa la vista a su primo.
-¡Que te importa Frio!- grita Alexander.
-Ya Frio, relajate, no te comportes como un niño que pelea por un juguete- resuena la voz de Miranda, como la de una madre reprimiendo a su pequeño pero entiendo que el juguete por el que se pelean soy yo.
-No soy juguete de nadie-suelto enfadada el calor de mi cuerpo emana que parece llamar la atención de todos porque me convierto en el centro de atención- no soy un juguete y estoy harta de que no se me tome en cuenta y se acabó no quiero casarme, lo siento Sander se acabó, con su permiso me retiro.
-¿Qué haces Eliza?- me susurra Gabriel en mi oído- el abuelo no lo va a permitir- lo empujo y levanto más la voz.
-No me importa Gabriel- digo más molesta que antes- que intente algo y creeme que se va arrepentir si lo hace- salgo furiosa conteniendo convertirme en una flama andante, salgo a un lugar que no había visto nunca en el palacio, me detengo unos minutos contemplando la vista.
-¿Estas bien?-esa voz la conozco.
-Si estoy bien abuelo-se acerca y me abraza.
-Él ya había cancelado su compromiso desde hace unos días-dice mientras acaricia mi cabello, como un padre lo haría con su hija.
-Entonces hice bien en explotar- susurro para los dos.
-Un poco- ríe y me aprieta más fuerte- te quiero mi niña.
Esa misma noche, monto a Trix y me dirijo al cito que estuve la noche anterior, no noto que alguien sigue mis pasos, pero permanece en silencio, tomo asiento en la banca de piedra y dejo que mis pensamientos broten y cada sentimiento se evapore a luz de la luna.
-No es bueno, que estés sola-escucho la voz de Alexander- en especial una joven tan hermosa.
-Estás tú aquí ¿no?-respondo con un poco de altanería, y envés de enojarse, me sonríe mostrando sus dientes perfectos.
-Tienes razón-murmura, vacila un minuto- no me he presentado de la manera correcta, soy Alexander Ventus, futuro rey de Nórdico.
-Me corresponde presentarme de igual manera- lo observo hace una sonrisa torcida-Eliza Metacus, futura dama de la corte real-mientras le hago una reverencia.
-Muy bien entonces podemos dejar las formalidades de lado-dice mientras se sienta a mi lado.- Ya podemos hablar como amigos y no como un futuro rey y su futura… dama de la corte, solo como dos amigos.
-¿Por qué dejaste de buscar reina?-es lo primero que dejo salir, después de un momento recibo respuesta.
- Eso te interesa- ve que mi curiosidad es grande, pero no deja de ver mis ojos azules como el mar- Porque la dama que quiero para mi reina, es un poco explosiva- ríe un momento.
-Qué futuro nos espera, con una reina así- se vuelve a reír y esta vez toma mi mano y entrelaza sus dedos en los míos, me pongo nerviosa, pero no lo demuestro.
-Imaginate, ¿te has imaginado alguna vez de reina?- la pregunta entro en mis oídos como una puñalada- porque me pareces que serias una reina perfecta.
-Yo de reina, si como no- hago lo posible para no sudar pero lo hago- sería una reina algo tonta. Y que es posible que haga cenizas a unos cuantos castillos.- mi broma no le causa gracia.
-Piensa que reina serias, necesito a alguien como tú a mi lado-pone su mano libre en mi muslo y no hago más que mirar sus ojos grises-y en lo feliz que me harías… si te casaras conmigo.
-Acabo de terminar mi compromiso con Sander necesito pensarlo- no sé porque deseo aceptar la propuesta de Alexander, pero quiero saber porque Sander no me dijo nada, pero sé que algo en mi desea decirle Sí a Alexander.