Capítulo 9

990 Words
Mordí mi labio inferior viendo como las facciones del Sr. Brown se contraían por cada mala palabra no dicha. Se veía tan cabreado que no podía evitar tratar de reírme. Sabía que era un momento serio, pero esa palabra no iba para nada conmigo. — Joven Tennison, ¿qué le causa tanta gracia? Tragué saliva ante su tono de voz y las miradas de las personas puestas en mí. Rodé los ojos tratando de retomar mi postura de 'lo que sea' y me encogí de hombros. — Usted. — ¿Disculpe? — Usted me causa gracia —contesté, escuchando varias personas jadear. El problema fue que se habían robado el móvil de una chica y ahora esa persona no quería devolverlo. Yo no había sido, no tenía la necesidad, pero igualmente me causaba que se lo hubieran robado precisamente a una de esas zorras con las que siempre había tenido problemas. — ¡Por ahí fue William! — ¡Si, debió ser él! Bufé y me levanté de mi lugar, esperando tener nuevamente toda la atención. — Escuchen bien, pedazo de estúpidas —mascullé cruzándome de brazos— No tengo porqué robarle a nadie y menos a alguien como... ustedes. Prefiero morirme de hambre o tener un nokia. Unas risitas se escucharon y mis ojos localizaron a Seb dos puestos más allá del mío. Aún estaba furioso con ella, pero no podía negar que la extrañaba como el infierno. Igualmente, ella había sido la del error, así que, por mi parte no iba a recibir nada hasta que se dignara a hablarme ella primero. — Tennison —gruñó el Sr. Brown—, no sea tan irrespetuoso con su compañera. Discúlpese. Tomé un poco de aire y solté una carcajada, incrédulo. — ¿Está loco? ¿Yo disculparme? Sus piernas se movieron ágilmente, hasta que lo tuve a mi lado. — William… — No me voy a disculpar, — No sea inmaduro. —Escupió y mi boca casi cae al suelo. — ¡No me diga inmaduro! ¡No le voy a pedir perdón por algo que no hice! ¡Idiota! — ¡Detención! — ¡Métase su detención por el culo! Tomé mi mochila y corrí lejos de las canchas. Estaba tan enfadado y sabía que me había metido en un gran problema, pero es que desde que Edward había llegado mi vida era sinónimo de eso. Problemas por todos lados. — Maldito cerdo Brown, te odio. — Deberías tener más respeto hacia mi persona frente a mis estudiantes, imbécil —Farfulló el rey de Roma a mis espaldas, pero eso no impidió mi paso. — Aléjate. — Sólo te dije que te disculparas, nada más. — Ya te dije lo que podías hacer con tus disculpas. — Prefiero metértelas a ti, enano. —Chasqueó y mi rostro se calentó. Me volteé y su pecho dio contra mi rostro. Me alejé unos centímetros y le miré con expresión bastante seria. — No me digas así. — Está bien, cariño —Sonrió — ¿Quieres ir a mi oficina? — No estoy um- seguro —Acomodé mi cabello desconfiado. Tal vez estaba pensando en vengarse de mi ahí dentro. No lo sabía. — ¿Por qué? — Porque puede ser que te vayas a vengar. — Jesús, —rió el Profesor Brown—, tengo veintisiete años, no estoy para esos juegos. — Whoa —Exclamé caminando a su lado en dirección a su oficina— Estás bastante… grande. — No sabía que ahora le decías así a la gente vieja. — No estás viejo. — Si lo estoy —Se burló y miró a ambos lados antes de besarme en la mejilla brevemente— Estoy tan viejo para estar detrás de alguien como tú. — No lo creo —Fruncí el ceño. Nunca le había puesto mucha importancia a eso de la edad. Además, Seb había tenido algunas cosas con hombres mucho más mayores que Edward y no lo veía mal. Antes, ellos podrían mostrar lo que un chico de mi edad no podía. — Entra. —Casi gruñó, mientras me empujaba dentro de su oficina. — Alguien está urgido… —me burlé y prontamente mi espalda fue golpeada contra la pared. — Quítate esta mierda —Sacó la mochila de mis hombros y la botó al suelo de la habitación—. También la camisa, ¿Qué dices, bebé? ¿Estás listo? — Nada más, ¿eh? —Mis manos comenzaron a temblar mientras levantaba los brazos para que se deshiciera de la prenda. Poco tiempo después estuve desnudo de cintura para arriba y mis mejillas empezaron a tomar un leve tono carmesí, al sentirlo inspeccionarme detalladamente. — Eres tan hermoso —Pausó—. Ahora yo también me quitaré la camisa, ¿Te parece? Asentí. Sus grandes manos se dirigieron a su camiseta negra y pude ver como sus músculos se flexionaban cuando la levantaba suavemente. Mi respiración se volvió irregular cuando lo tuve frente a mí con el pecho desnudo y la variedad de tatuajes que había en él. — Dios mío —Exhalé. — ¿Quieres tocarme? —Preguntó, posicionándose bastante cerca de mi anatomía. — Hazlo, bebé. Soy tuyo. — No eres mío, — Musité, dejando que mis manos vagaran por las líneas en su pelvis. — Eres de tu espo- — No hables de ella. —Me cortó y afirmé de acuerdo. Delineé sus clavículas y sentí como mi polla se apretaba contra el pantalón que llevaba. Sabía que Edward podría tener una clara visión de mi excitación, pero no era muy importante. Él parecía un poco más urgido. Dejé que mis palmas descansaran en sus hombros y pegué mi boca a uno de los tatuajes en su pecho. Pude sentirlo temblar y fijé mis ojos a los suyos, que me veían detenidamente. Mi lengua salió y delineó lentamente algunas partes de allí y cuando lo escuché gemir, me alejé. — ¿Por qué no sigues? — Tengo clase ahora mismo. — Estás en mi clase. —Rugió y me pegó a su cuerpo. Sus manos se dirigieron a mi rostro y su boca se pegó a la mía de forma brusca. Gemí cuando acarició mi espalda desnuda y recibí gustoso su lengua cuando decidió unirse. Mis ojos se cerraron y dejé que mis manos vagaran por su largo cabello, que se sentía sedoso entre mis dedos. Era como un sueño, Edward era tan malditamente caliente que no podía creer que lo tenía para mí. Me levantó y envolví su cintura con mis piernas, mientras trataba de refregarme con él. Gruñó y golpeó mi trasero con fuerza, haciendo que me alejara del beso. Inmediatamente volvimos a acercarnos, para continuar con el delicioso ataque.
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