La semana transcurrió con una tranquilidad tenebrosa. No mentía, Edward se estaba comportando bien y sereno como si no hubiera pasado nada de lo que había sucedido días antes.
Me comenzaba a arrepentir de ser tan estúpido, pero luego llegaba Seb y me decía que había sido malditamente bueno y que ahora me desearía más. La cosa era que creía que todo se había ido a la mierda, porque un rumor comenzó a correr por la escuela.
Apenas entré a la institución, apreté mis labios y solté un gruñido por el frío. Mamá me había dicho que todo estaría bien y que no era necesario que saliera abrigado o al menos con una sombrilla. Oh, perfecto.
Caminé por el pasillo y encontré a Seb con la mirada perdida, recargada en mi locker.
— Hey, nena —besé su mejilla y ella saltó un poco en su lugar.
— Hola, Will.
— ¿Qué tal?
— Uh- —tragó saliva. — Necesito contarte algo.
— ¿Qué?
— Ven —la castaña me acercó a su cuerpo, hasta que casi no hubo espacio entre nosotros. Mi ceño se mantenía fruncido y su nariz golpeó la mía suavemente—, es sobre el Sr. Brown.
— ¿Qué pasó? —Cuestioné ahora mucho más curioso.
— Están diciendo que él tiene algo que ver con una chica. —Susurró y tragué saliva.
— ¿Con quién?
— Natalia.
— ¿Nata- ¿qué?
— Natalia, idiota. —Seb rodó los ojos y apreté la mandíbula.
Oh, jodida hija de su re purísima madre.
— Es falso. —Espeté confiado— Es una idiota, ella lo inventó, Edward no caería tan bajo.
— Pero cayó contigo.
Mi boca se abrió un poco — Vete al infierno.
Me alejé de ella y me dirigí al salón de clases. Estaba tan furioso, Seb había sido una total perra y me había ofendido por primera vez en nuestra amistad.
Además, no podía creer lo de Edward. Él no podía hacerme eso, él estaba conmigo, no con ella.
Sin darme cuenta, ya estaba frente a la oficina de Brown. Golpeé un poco fuerte y un 'pase' se escuchó.
Entré y lo vi sentado tranquilamente en su asiento mientras miraba algunas planillas. Solamente quería romperle esa bonita boca y fracturarle la polla tirándole una caja con objetos pesados encima.
Su mirada me escaneó unos segundos y volvió a concentrarse en las hojas.
— ¿Qué se le ofrece, Tennison?
— Con que otra, ¿eh?
— ¿Qué? —Volvió a conectar sus orbes con los míos.
— Natalia, —chasqueé la lengua— se cree lo mejor y a usted eso le encanta.
— ¿La Señorita Swong?
— ¡Oh! —Moví las manos— ¡Pero hasta sabe el apellido! ¿Acaso ya se la folló?
— ¿Qué- demonios?
— ¿Ya le chupó la polla? ¿Ya se le puso en cuatro? Joder, usted es un maldito sarnoso —Escupí.
Sabía que mi rostro estaba carmesí debido a la ira, pero no podía contenerme. Estaba furioso y frustrado y tenía que descargarme con alguien. Claramente no lo haría con Seb aun así ella haya sido la que me hizo la maldad. Obviamente porque era mi mejor amiga.
— No entiendo de qué habla y le pido respeto. —Exclamó y apreté los puños, viéndolo levantarse.
— La cosa, es que todos ya sabemos que usted está con Natalia. Que tristeza —negué repetidamente.
— No estoy con nadie.
— Claro, —rodé los ojos y me volteé para irme.
— William, ven aquí. —Demandó y reí sin gracia.
— ¿Ahora soy William? Métase cualquier cosa —Salí dando un portazo.
Mi rostro ardía y no me importaba. Aún seguía ofuscado, pero un poco menos. No quería entrar a matemática, ese viejo de mierda podía irse al infierno.
Bufé y el Sr. Army apareció ante mi vista, acomodando su cabello.
Lamí mis labios viendo todo casi en cámara lenta. Como sus mechones se movían y la sexy sonrisa en su rostro cuando uno cayó en su frente.
— Buenos días — saludó.
— Hola, hombre hermoso —levanté la mano y reí siguiendo mi camino.
Cuando llegué al salón de clases, golpeé suavemente esperando no hacer enfurecer al profesor.
— Milagro de verlo aquí, joven —ironizó.
Sonreí — Lo sé, ¿puedo pasar?
— No.
— Pero-
— No.
Solté un chillido ya cansado y viré los talones, corriendo hacia las canchas.
Se podían ver a los estudiantes de otro grado escolar hacer el calentamiento y a Edward señalándoles cómo hacerlo. Para mi sorpresa, Natalia estaba allí y cuchicheaba con sus amigas.
El rostro del Profesor Brown se mantenía serio y varias veces les llamó la atención a las chicas, haciéndome sonreír.
Quité mi mochila y la dejé a un lado para poder descansar y dedicarme a mirar cómo les sacaría la mierda.
Nadie podía entender el odio que le tenía a la educación física.
Un silbato sonó y prontamente todos empezaron a correr. Edward amarró su cabello y acomodó su pantaloneta, antes de empezar a venir en mi dirección.
William, mantener la compostura.
— ¿Estás más calmado?
— No. —Respondí, ganándome una de esas lindas sonrisas que daba.
— Oh, entonces tengo que correr, ¿no?
— Si.
— ¿Vas a responder sólo así?
— Si.
— Jesús, —se sentó a mi lado— eres tan inmaduro.
— Si.
Un silencio incómodo llenó el ambiente y creí que Edward se iría, pero hizo todo lo contrario. Se acercó un poco más a mí, pero tampoco lo suficiente como para alarmarse.
— Yo no estoy con esa chica, William. —Habló y lo miré— Es verdad, eso sólo es un jodido rumor mal hecho.
— ¿Por qué diría eso entonces?
— No lo sé, —se encogió de hombros — Debe ser que soy muy sexy para ella.
— Baja el ego, Brown —me burlé.
Sonrió y volvió a mirar a sus estudiantes si seguían sus indicaciones.
— Quiero besarte, ahora mismo —Susurró.
— ¿Por qué no lo haces? —Levanté una ceja.
No sabía si creerle al Sr. Brown, pero conociendo como conocía a esa chica lo más probable es que todo fuera un invento suyo por tener más popularidad y que las nuevas la pusieran como ejemplo de seguir. Que ridiculez.
— Eres idiota. —Rió y apretó mi muslo en un movimiento rápido, para volver a acomodar la mano en su regazo.