Hunter había ingerido todos sus alimentos, aunque en realidad nadie lo supo, él se mantuvo encerrado en la habitación con un solo objetivo, comprobar que la jugada realizada por Sylvie en realidad terminaba en Jaque Mate para él, intentó cuanto movimiento se le ocurrió, sacó libros y revisó jugadas en linea, imitó el juego en otro tablero, le llamó a Dustin, su mejor amigo, para que jugara con él en un sala de juegos en línea, incluso llegó al punto de comentar la jugada en las diferentes salas de juego que tenía, desgraciadamente la respuesta que obtuvo fue con exactitud la misma: el Jaque Mate era inevitable.
Y cuando al fin pudo aceptarlo, aún así permaneció frente al tablero por casi tres horas, observando fijamente como le habían ganado y reprochándose porque ni siquiera pudo preverlo, debía admitir que no se dió cuenta la posición en la que había dejado a su alfil y por consecuencia, su rey quedó desprotegido, pero en su defensa apenas y se había levantado lo suficiente para mover una pieza o ir al baño por lo que el resto de esos días habían quedado borrosos en su memoria.
Quizás era una excusa autoimpuesta y un tanto absurda pero de alguna manera tenía merito, Hunter no había comido bien y casi parecía ausente por lo que su capacidad cognitiva no estaba al cien, aunque eso no significara que iba a aceptar esta derrota, él siempre fue un hombre que se jacto de ser muy bueno en el ajedrez, lo fue desde pequeño y se sentía muy orgulloso de ello, aunque no era tan habilidoso para considerarlo un contrincante digno de las competencias, si había obtenido algunos trofeos por lo que el hecho que le ganara una empleada domestica quien, ante sus ojos no tenía gran educación, le resultaba un tanto insultante además de improbable.
Incluso llegó a pensar que Sylvie hizo esa jugada con ayuda, consideró que probablemente alguien más la había aconsejado o que incluso alguna herramienta tecnológica la ayudo a hacerlo, así que casi cerca de las tres de la tarde, después de un largo y consciente análisis, una sonrisa de triunfo apareció finalmente en su rostro, si la mucama había hecho tan magistral movimiento por su cuenta y sin ayuda de nadie debía demostrarlo y frente a él, la obligaría a jugar solo para corroborar sus inconcebibles habilidades.
Pero como buen jugador de ajedrez, antes debía tener toda la información de su oponente, o al menos lo necesario para poder utilizar sus desventajas a su favor, por lo que sin demora salió de su habitación encontrándose de frente con el ama de llaves, quien sorprendida por la inesperada salida le indicó en donde se encontraba su mamá.
Rachel estaba en su salón de té, un lugar exclusivo para su uso personal y en donde solía pasar gran parte de la tarde, leyendo o entreteniéndose con cualquier cosa que le impidiera ir a buscar a su hijo.
- Mamá- Hunter lo llamó desde la entrada, él no podía ir más allá debido a los escalones que decoraban el lugar.
La mujer volteó su vista rápidamente y con el ceño bastante fruncido pues la voz de su hijo no era algo que se hubiese escuchado en la casa en las ultimas semanas.
- Car....cariño.....ocurre algo?- cuestionó acercándose de inmediato a Hunter con una complacida sonrisa que reemplazo su sorpresa.
- Quién es esa mujer que llegó a trabajar a esta casa?- y fue directo al grano pues no tenía intención de perder el tiempo con las complacientes reacciones de su mamá.
- Por qué quieres saber?
- Hay gente extraña trabajando en esta casa y entrando a mi habitación, tocando mis cosas sin el menor recato o respeto, creo que si voy a tener que aguantar a semejante intrusa al menos merezco la cortesía de saber quien es.
- Por supuesto que sí- Rachel sonrió con disimulada inquietud, por supuesto que en algún punto Hunter iba a preguntar quien era la nueva empleada pero esperaba que esa explicación la diera George pues ella no se caracterizaba por ser una buena mentirosa- ella es......bueno.....Sylvie Dekker es una nueva empleada domestica.
- Eso ya lo sé.....podrías decirme de dónde salió o quién te la recomendó....tú no sueles contratar gente sin buenas recomendaciones.
- Claro que no.......bueno ella es una enviada de....de....de.....una agencia especializada- y no era del todo mentira, si venía de un lugar especializado aunque no en empleadas domesticas.
- Especializada en qué?
- En empleadas domesticas.
Hunter miró a su madre con reproche y fastidio, detestaba que la gente fuera tan vaga en sus respuestas y más cuando era evidente que algo le ocultaban , pero su deseo por conocer un poco más a su rival era más fuerte por lo que en esta ocasión no lo dejaría pasar tan fácilmente.
- Qué me estas ocultando?- indagó ya directamente cansado de las evasivas de Rachel.
- Nada cariño.....es solo que nunca te habías interesado en los empleados de esta casa.....así que ahora estoy un poco sorprendida.
- Ninguno había tocado mis cosas con tanto descaro.....así que dime quién es? y quiero la verdad.
Rachel sonrió nerviosa, no tenía una historia que contar, no una que lo dejara tranquilo así que iba a contarle lo mismo que le dijo al resto del personal, aunque no sabía si su hijo lo aceptaría tan fácilmente como ellos.
- Hum....bien, cariño ella es una empleada doméstica contratada para atenderte personalmente, viene de una agencia especializada en el trabajo con pacientes con.....bueno, como tú.
- Inválidos, esa es la palabra madre.... INVÁLIDO.
- Cariño, no digas eso.... tú aún puedes hacer muchas cosas.
- Como sea..... entonces esa mujer esta a mi servicio exclusivamente y su deber es atender todas mis necesidades- Hunter sentenció con una satisfecha sonrisa que delataba sus intenciones de obligarla a sucumbir ante sus órdenes.
- Casi todo lo que necesites.
Y esa respuesta fue suficiente para él, Hunter rápidamente dió la media vuelta encaminandose de regreso a su habitación con un evidente plan en mente.
- Pero no olvides que no es tu esclava personal!!- advirtió Rachel consciente del significado de los gestos de su hijo.
Sin embargo, su advertencia ya no obtuvo replica en Hunter, el hombre regreso de inmediato a su habitación solo para prepararlo todo y poder llevar a cabo su plan.
Tenía muy claro que obligaría a Sylvie a jugar ajedrez para demostrar que la jugada, que tan magistralmente la llevó a la victoria, había sido resultado de la ayuda de alguien o algo y no de sus habilidades, por lo que preparó todo lo necesario, incluso sacó un nuevo y costoso juego que colocó en el elegante escritorio de cristal donde solía comer.
Y no era algo al azar, desde ahí podia perfectamente controlar los movimientos de la mujer, quien no tendría la mínima oportunidad de hacer alguna extraña jugarreta pues todo cuanto hiciera sería muy evidente para los ojos del cruel adversario, pero no podía ser diferente, Hunter esta a tan convencido que una simple empleada doméstica era incapaz de semejantes habilidades por lo que la obligaria a jugar o aceptar que hizo trampa.
Fue tan cauto en prepararlo y tenerlo listo a tiempo para la hora en que solían llevarle los alimentos, incluso él se colocó detrás de las fichas blancas con la intención de ser quien hiciera el primer movimiento y así se aseguraba, no solo de controlar el centro del tablero, desarrollar las piezas más rápidamente; sino que aún más importante, tenía la formidable ventaja de ejercer la suficiente presión sobre su oponente desde el principio, dejando a Sylvie en clara desventaja al no poder hacer más que reaccionar a su estrategia y depender de sus movimientos.
Y con una sonrisa de satisfacción que delataba su anticipado triunfo aguardó hasta que en la puerta se estrellaron un par de suaves golpes, lo que significaba que la presa había llegado.
- Adelante- sentenció con un calmado y satisfecho tono de voz.
Sylvie entró sin aguardar más y aunque quedó algo desencajada por la penetrante y maliciosa mirada que Hunter le otorgaba, no se detuvo a cuestionar qué ocurría y de inmediato llevó la charola con la comida hasta el escritorio donde se detuvo en seco al percatarse que no estaba desocupado como se suponía.
- Dónde desea comer?- preguntó mirando a su alrededor con el ceño bastante contraido por no saber que pretendía el extraño paciente que ahora tendría que soportar.
- No es hora de comer...... siéntate- Hunter ordenó con mucha firmeza mientras señalaba la silla frente a él
- Disculpe?
- Siéntate, quiero que me demuestres si eres tan buena en ajedrez como lo pregonaste esta mañana.
- No va a comer?
- No....primero vamos a jugar.
Sylvie observó con atención lo que Hunter había dispuesto y la forma en que la miraba con esa arrogante sonrisa que ya adelantaba el triunfo, pero si él creía que se dejaría humillar o ningunear a su antojo estaba muy equivocado.
- Y usted cree que será muy agradable jugar con alguien que no se ha bañado probablemente en más de una semana?- exclamó con una fingida expresión de asco en su rostro, provocando que la sonrisa de Hunter se desvaneciera al instante.
El hombre rápidamente agacho su cabeza, acercando su nariz a su axila solo para olfatear un poco más de cerca y no le quedó más remedio que aceptar que olía un poco mal, habían pasado casi 15 días desde la ultima vez que su padre junto con el chófer lo obligaron a bañarse, así que el mal olor ya era algo más que evidente.
- Deja la charola por donde puedas y vete- ordenó muy tajante pues no tenía intención de meterse a bañar con Sylvie ahí presente esa sería una forma de darle la razón y por supuesto que Hunter no pensaba hacerlo.
- Y dónde desea que la ponga?, todas las mesas están ocupadas!!- Sylvie respondió con mucha satisfacción al darse cuenta que las intenciones de su jefe eran meterse a bañar aunque intentara disimularlo, pero pensaba fastidiarlo un poco demorando en salir de la recámara.
- En cualquier mesa- respondió Hunter comenzando a rodar las ruedas de su silla para dirigirse al baño apenas la mujer saliera.
Sylvie sonrió antes de girar sobre su propio eje solo para corroborar lo que ya le era evidente pero Hunter no se saldría tan fácilmente con la suya.
- Todas están ocupadas.....en aquella esta el juego de ajedrez con el que le gane- exclamó con un tono de voz demasiado inocente para ser genuino- y en esta.....bueno- señalo con los ojos el tablero que prácticamente ocupaba el centro del escritorio- no pretenderá que lo coloque en la cama o si?
Hunter la miró fijamente y como con su rostro trataba de parecer inocente y amable aunque sus ojos dejaran en claro la burla y satisfacción que sentía por lo que sea que estuviera haciendo con él, sin embargo, sabía que debía controlarse si deseaba ganar la partida, no le dejaría vencerlo psicológicamente con tanta facilidad.
- Esta la mesa de centro de la sala- sentenció con lentitud como si Sylvie fuera un poco lenta y tal vez lo era porque no había considerado ese mueble, opciones tenía en una habitación tan grande y bien amueblada como la que sus padres le acondicionaron en lo que alguna vez fue el despacho principal de George- supongo que te diste cuenta, no?
La mujer sonrió con desagrado, Hunter había hecho un buen movimiento que no previno.
- Esa mesa esta demasiado baja.....le costara un poco de trabajo tomar los alimentos- respondió pero no lo hizo con la intención de molestarlo, en realidad por su experiencia con pacientes en silla de ruedas los muebles muy bajos les dificultaban el movimiento, desgraciadamente Hunter estaba demasiado susceptible con su condición y esa respuesta la tomó de la peor manera.
El rostro del hombre rápidamente se transformó con una increíble molestia, mientras la miraba fijamente, odiaba que le recordaran algo que era evidente para él cada instante de su vida pero lo que más detestaba era saber que usaran su condición para fastidiarlo, como creía que lo estaba haciendo Sylvie.
- Ayyyy.....noooo....no,no,no, no.....no señor, disculpe esa no fue mi int......- Sylvie no tardó en darse cuenta que sus palabras fueron terriblemente mal interpretadas y trato de excusarse, aunque para su desgracia fue interrumpida.
- Largo!!!!- grito Hunter aventándole de nuevo la silla contra las piernas- largo!!!
La pobre chica quería disculparse, aunque no hubiese sido su intención, sabía que en la situación en la que se encontraban desde la mañana era algo tambaleante y que cualquier cosa dicha era tomada por ataque, pero por el momento era mejor dejar que el hombre se calmara, así que colocó la charola de comida en la orilla del escritorio y sorteando a Hunter salió sin decir más.
Él se quedó furibundo con la respiración muy agitada mirando la charola a su derecha, quería decir muchas cosas y de alguna manera deseaba desquitarse, le dolía que las mujeres, más que nadie, le recordaran su incapacidad porque para él era como si le recordaran lo poco hombre que era y no toleraba.
Así permaneció un largo rato, mirando la comida y sumido en su propia desesperación al grado que el silencioso llanto salió de sus ojos sin que él fuera consciente de ello, pero poco a poco su molestia fue menguando remplazándola por un inaudito deseo de satisfacción o mejor dicho venganza, en su mente creía que si lograba vencerla en el ajedrez podría echárselo en cara, ridiculizándola y por tanto dejándola humillada y después quizás pedirle a su madre que la despidiera.
Ese parecía un buen plan y con una nueva convicción en su ser, entró al baño para ducharse y posteriormente se dispuso a consumir sus alimentos, no tenía hambre pero debía concederle a la empleada que tenía razón en cuanto a que el ajedrez era un juego de inteligencia y lógica por lo que se necesitaba que su cerebro se encontrase en las condiciones propicias para responder a cada jugada de su oponente.
Así después de casi tres horas llamó a Sylvie a través del intercomunicador de su habitación, la joven por supuesto que no tenía muchas ganas de acudir no solo porque sabía que se encontraría con un vengativo Hunter, sino básicamente porque estaba lo suficiente avergonzada para darle la cara, sin embargo, cumplir con su trabajo era necesario si deseaba continuar con futuros planes que cada vez se hacían más tangibles.
Por lo que sin demora acudió al llamado, aunque ahora iba con una actitud mucho más amable y menos confrontativa que en la tarde, incluso iba con una amigable sonrisa en el rostro que fungía como bandera blanca de paz, y con la misma delicadeza tocó a la puerta esperando que le permitieran ingresar.
- Adelante- se escuchó la extrañamente calmada voz de Hunter y con algo de temor la joven ingreso.
Él estaba otra vez en la misma posición en la que lo encontró en la tarde, sentado detrás del escritorio frente al tablero de ajedrez, al lado de las piezas blancas, mirando fijamente el tablero y con las manos a cada costado de la tabla.
- Se le ofrece algo señor?- cuestionó acercándose lentamente hacia el escritorio.
- Sientate- fue la directa respuesta que Hunter dió mientras elevaba su torso como un toro a punto de embestir.
- Disculpe?
- Que te sientes.
- Por qué o para qué?
- Vamos a jugar- respondió levantando su rostro hacia la precavida mujer que descubrió que Hunter se había bañado.
Y no solo era porque ya no llegaba ese tenue olor a sudor sino porque su aspecto general denotaba limpieza, su cabello ya no se veía enmarañado y grasoso, de su larga barba habían desaparecido esos rastros de comida e incluso su pegajosa y percudida ropa había sido cambiada, pero eso también le permitió a Sylvie darse cuenta del increíble cuerpo que aún tenía el hombre gracias a que su sudadera vieja y enorme fue reemplazada por una playera de manga corta que enmarcaba perfectamente sus musculosos brazos y su tonificado pectoral, además del pantalón deportivo que dejaba ver algo bastante interesante que le provoco cierto calor.
- Qué?!- cuestionó Hunter al notar como Sylvie recorrió su cuerpo con la mirada y si no hubiera estado tan propenso a pensar lo peor quizás habría reconocido el agrado que brillaba en esos grisáceos ojos.
- Ah...eh....no nada....es solo...que....que....desea jugar?- y la pobre mujer apenas y fue capaz de decir lo primero que se le ocurrió.
- Si....siéntate.
- Pero debería elegir mi lado de manera más justa, no cree?
- No, yo soy el retador por tanto soy el que mueve primero......o acaso tienes miedo de que eso me de ventaja?- preguntó con mucha satisfacción.
- Por supuesto que no......sé que el blanco mueve primero y eso, para los que no saben mucho de este juego, crea la ilusión de cierta ventaja pero ya debería saber que no es decisiva y un jugador hábil puede igualar el juego con las negras- refutó Sylvie recuperando su firmeza, no pensaba dejar que la amedrentaran sin haber siquiera iniciado.
- Entonces......no veo porque tanta renuencia- y la arrogancia de Hunter volvió a expresarse en esa irónica sonrisa que retaba a la mujer.
- Bien, como desee- acto seguido Sylvie tomó asiento frente a Hunter mirándolo con excesiva confianza que él pensaba no iba a durar.
Y así inició el tan esperado juego, él hizo el primer movimiento, obviamente, y avanzó su peón de rey dos casillas a e4.
- Vaya, pensé que me sorprendería, ese movimiento es de los más comunes para controlar el centro y abrir líneas para el alfil y la dama, acaso cree que no lo sé?- cuestionó Sylvie antes de mover la misma pieza a e5, disputando el control del centro.
- A penas estamos iniciando, no creerás que voy a atacar tan directamente en los primeros movimientos, o si?- y ante esa respuesta, Hunter llevó su caballo a posición de ataque al peón de Sylvie.
- Sigue siendo demasiado predecible- indicó moviendo su caballo para defender el peón de e5 y continuar con el desarrollo.
- Entonces iniciemos el ataque- Hunter marcó el final de las aperturas y con el avance de su alfil presionó al caballo en c6, preparando un fuerte ataque posicional a las piezas negras.
- Pretende perder tan rápido?- Sylvie era demasiado hábil para caer tan pronto y sin pensarlo movió su alfil a a6, obligando a Hunter a decidir si retirarse o capturar el caballo.
Hunter asintió con la cabeza, inclinado su cuerpo hacía adelante y colocando su codos sobre el escritorio, habían llegado a un momento crucial, ambos maniobran para mejorar la posición de sus piezas, intentando ganar espacio en el tablero, encontrar debilidades en la estructura del oponente y preparando ataques, pero el hombre sabía que aún podía evitar entregar el juego si retiraba a su alfil a una posición segura en a4.
Así empezó una serie de maniobras, intercambios de piezas, descubiertos o sacrificios y tácticas de jaque, haciendo el encuentro más emocionante de lo que ambos creyeron, pues llevaban más tiempo de lo que ambos supusieron, Hunter creyó que para este punto Sylvie estaría aterrada y acorralada pidiendo acabar la partida; y ella qué el hombre ya habría enloquecido arrojando el tablero al piso y corriéndola de habitación, sin embargo, seguían con sus constante movimientos celebrando momentáneamente el efímero triunfo.
- No podrás hacer Jaque- indicó Hunter con burla cuando con un repentino movimiento conecto las torres asegurando a su rey.
Las intenciones de Sylvie habían sido coartadas pero eso no significaba que estuviera lista para entregar a su rey así que desarrollo su otro caballo, preparando un posible enroque y consolidando su defensa.
Y después de ese movimientos, el juego finalmente había llega a un punto de equilibrio, ninguno de los dos tenía una ventaja clara, las piezas solo estaban bien posicionadas para defenderse del siguiente ataque, y a pesar de que Hunter y Sylvie sabían que los constantes intercambios inevitablemente los llevaba a una situación de tablas, parecían no querer ser capaces de reconocerlo en voz alta.
Ellos permanecieron con la mirada fija en el tablero pensando la manera en que pudieran vencer al otro, movían sus manos para dibujar en el aires su siguiente jugada pero terminaban arrepintiéndose con un obvio gesto de desilusión o enojo, pero por más que le buscaran cualquier movimiento que hicieran resultaba inútil y carente de todo sentido.
Desgraciadamente esa necedad, los llevó a repetir jugadas de manera consecutiva, sin poder progresar, ningún peón avanzaba, no se capturaba una sola pieza, sus posiciones estaban completamente cerradas, el final era inminente, la partida terminaría en empate quisieran admitirlo o no.
- Hunter....Hunter- una voz masculina los sacó de su enfermiza concentración, al menos la suficiente para que el joven contestara a pesar de que no movió su rostro ni un milímetro.
- Si...qué?
- Hunter.....Hunter!!!- George lo llamó de nuevo muy sorprendido y hasta cierto punto complacido porque su hijo parecía haber salido de su depresión- Hunter!!!- replicó más fuerte.
- Si....qué?
- Ese juego ya se acabo- indicó George acercándose al escritorio y con un tono de voz muy pausado.
- No- respondió muy enfáticamente como si lo que esa extraña voz, cuya procedencia desconocía, estuviera expresando fuese una total y absoluta aberración.
- Ese juego es tablas......deberían aceptarlo o empezar otro.
- Qué dices?- indagó Hunter con mucha molestia volteando hacía donde provenía la voz.
George estaba ahí a su lado mirándolo con gracia, sabía que su hijo era lo suficientemente inteligente y ávido en el juego como para comprender que nada de lo que hiciera cambiarían la situación en la que se encontraba, pero aparentemente el ego de ambos les impedía reconocerlo.
- Ya no hay más movimientos.....no hay más avances.....tu rey esta resguardado y las torres o lo defienden o atacan, pero el ataque sería en vano.....el rey de Sylvie esta inmóvil en la orilla del tablero y la reina ya no puede avanzar para atacar o se arriesga a ser capturada.....ambos lo saben, cualquier movimiento que hagan los dejaría en la misma encrucijada.....deberían declarar tablas y empezar de cero......a menos que su plan sea pasar toda la noche aquí sentados perdiendo el tiempo haciendo avances tontos- sentenció George tomando el rey blanco y el n***o, acostándolos sobre el tablero.
- Qué haces?- exclamó Hunter muy contrariado por el proceder de su padre- esto no es posible.......no esta permitido!!!
- Hunter, esto no es un juego profesional, no estamos en un torneo.....es solo algo simbólico, el juego acabó!- el pobre hombre volteó a ver a su padre ante una respuesta que aún le parecía inaudita y por supuesto que no lo dejaba satisfecho.
- Tiene razón- intervinó Sylvie, aceptando que ya todo había acabado- ya no hay nada que hacer.....estamos solo perdiendo el tiempo, quizás debamos acordar Tablas.
Sylvie le ofreció su mano a Hunter como un gesto de cordialidad y acuerdo, pero él aún no podía aceptar que ese inevitable final los había alcanzado así que miró una vez más el tablero antes de regresar su vista hacia su padre y después a la mujer que aún le extendía la mano, habia planeado que esta partida terminar antes y de una manera muy diferente, por supuesto, que con un triunfo contundente a su favor, el cual deseó echarle en cara a la mentirosa que fingió ser una experta en ajedrez, sin embargo, debía reconocer, aunque le pesara, que en los últimos cuatro movimientos no habían hecho otra cosa que perder el tiempo y repetir jugadas que no cambiarían el resultado.
Así que soltando un hondo suspiro y dejándose caer contra el respaldo de su silla, asintió con una obvia mueca de insatisfacción.
- Hunter- habló George al observar como el testarudo de su hijo no se digno a responder a la cordialidad que le estaban otorgando.
- Como sea- exclamó al entender perfectamente lo que su padre le estaba reprochando.
Y sin pensarlo, aunque sin mucho ánimo, respondió brevemente al gesto de Sylvie, Hunter apenas y sostuvo los dedos de la mujer en un escueto movimiento antes de soltarla y empezar a acomodar las piezas de ajedrez nuevamente en linea de partida.
Desgraciadamente para ellos, el que Hunter admitiera que la partida terminó en Tablas no era el final de esto, él seguía empecinado en obtener su satisfacción y menoscabar el aparente triunfo que la empleada obtuvo así que en cuanto todas piezas estuvieron en su lugar, hizo un nuevo movimiento antes de elevar su mirada hacia Sylvie, haciendole saber que era su turno.
- Ahhhhh......ya es algo tarde..... debo regresar a mis actividades y preparar la cena.....- respondió Sylvie intentando darle sentido al absurdo comportamiento de Hunter.
- Hijo, ella tiene cosas que hacer......por qué no lo dejas para otro momento?- intervinó George igual de incrédulo aunque no asombrado por la conocida necedad de su hijo.
Pero Hunter no respondió, simplemente señaló el tablero en donde las fichas negras esperaban a ser puestas en acción, Sylvie volteó a ver a George rogando que de alguna manera interviniera y su hijo cesara de su absurdo comportamiento.
- Hunter, ella tiene cosas que atender.
- Ella está aquí para atenderme a mi- respondió haciéndole saber a George quien era la causante de su proceder, Rachel había cometido el gran desacierto de decirle parte de las razones de la contratación de Sylvie- y si yo le ordeno que juegue.....debe hacerlo.
- Así es, pero no se confunda......estoy aquí para encargarme de su atención y sus cuidados, pero no soy su esclava!!- intervinó Sylvie levantándose de su asiento, por supuesto que no iba a sucumbir a cada capricho de su jefe pues de lo contrario terminaría perdiéndose el objetivo de su estadía y apenas estaba estableciendo rapport.
- Entonces aceptas la derrota?!- cuestionó Hunter con arrogancia y una satisfecha sonrisa mirándola con suficiencia- si es así, deberías inclinar a tu rey......como un gesto simbólico, claro.
- Si lo hace feliz obtener un triunfo tan simple...... adelante, puede inclinarlo usted mismo- aclaró Sylvie con tranquilidad, no era difícil darse cuenta que Hunter era un hombre competitivo por naturaleza y por supuesto que aceptar ese tipo de triunfo, sin ningún movimiento de por medio, no lo iba a dejar satisfecho.
El semblante de Hunter cambio, de la satisfacción y arrogancia nada quedó, todo se transformó en desagrado y molestia, pero la joven tenía razón, obtener su tan ansiado triunfo de esa manera no era algo que pudiera presumir o echarle en cara, él necesitaba la satisfacción de saber que la venció de manera contundente así que por ahora la dejaría en paz.
George negó con la cabeza mientras le ofreció a la mujer una sonrisa de disculpa por el incomprensible proceder de su hijo, aunque le agradecía que lo hubiese sacado de su letargo, no dejaba de sentirse apenado por lo que pudieran pensar de ellos como familia.
Sylvie sonrió por el gesto, le parecía algo divertido observar lo berrinchudo que resultó ser su nuevo paciente pero había hecho grandes avances en poco tiempo así que no todo parecía una jugada perdida.