Promesas El eco de los pasos de Isabella resonó con delicadeza sobre el mármol del vestíbulo. Era temprano aún, pero el ambiente ya bullía con el murmullo de los sirvientes, los baúles siendo cargados y el silbido lejano del cochero asegurando los últimos detalles. El viaje a la villa de los Ashcombe estaba por comenzar. Al pie de la escalera, de espaldas a la puerta principal y de frente a un tapiz bordado con la caza del ciervo, estaba Rowan. Su postura era serena, aunque los dedos enguantados tamborileaban levemente contra el bastón que aún no necesitaba. Llevaba un abrigo oscuro que delineaba su figura con sobriedad y una bufanda de lana gris que alguien había acomodado con esmero. Cuando oyó los pasos, giró lentamente, sin prisa, como si supiera exactamente a quién esperaba. - Bue

