Donde el Hogar se Despide El vestíbulo olía a cera de abeto, a muebles antiguos recién pulidos, y al perfume discreto de lavanda que Lady Honoria siempre usaba en su pañuelo. Los grandes ventanales permitían que la luz grisácea de la mañana se filtrara, matizada por los vitrales altos que dibujaban formas alargadas sobre el suelo de mármol. Afuera, los caballos resoplaban con impaciencia, sacudiendo las crines mientras los mozos de cuadra aseguraban los arneses. El carruaje de viaje la casa Ashcombe, sobrio y elegante, esperaba con las puertas abiertas. Isabella sostenía sus guantes de encaje en una mano y con la otra acariciaba la empuñadura de su bolso de viaje, de cuero claro con sus iniciales bordadas. Llevaba un vestido de viaje gris perla con ribetes de terciopelo y un sombrero ado

