Capítulo 4— La mejor para ello
Narrador
Saliendo de la propiedad, sintiendo cómo la ira invadía cada espacio de su ser, Kirill pretendía regresar al trabajo. Ese día tenía un par de reuniones importantes que no podía posponer de ninguna manera. Abordando el auto en completo silencio, mientras la imagen de Noelia siendo acusada por la directora de la escuela, y Venus siendo despedida no salían de su cabeza, Fassa vio cómo el auto era puesto en marcha por Miguel, quien lo llevaría a la empresa.
Le parecía inaceptable el comportamiento de su hija, que era evidente que la presencia de Venus en ese lugar solo lo había complicado más. Centrando la mirada en su teléfono revisando un par de correos, Fassa pretendía olvidar lo sucedido, y al ser esto imposible, se desajustó la corbata de su traje.
Sabía que estaba haciendo lo correcto al echar a Black de su casa, de la vida de su hija. ¿Pero por qué no se sentía mejor con ello?
—Señor, ¿está todo bien? —Notando la inquietud a través del espejo retrovisor de su jefe, Miguel preguntó y, conectando sus miradas a través del mismo, Fassa respondió.
—Solo estoy bajo mucho estrés... Sabes muy bien que los siguientes tratos son muy importantes para cerrar el año en la empresa con estadísticas sólidas, y Noelia, con su comportamiento, me está complicando todo.
Asintiendo siendo testigo de lo mucho que Kirill había estado trabajando las últimas semanas, el chofer centró su mirada en el camino que recorría, y liberando el aire sabiendo que no podría pasar el día de esa forma, pensando en lo sucedido con Venus y Noelia, Fassa ordenó:
—Llévame al orfanato... Tengo un asunto que resolver allí antes de ir a la oficina.
Cambiando la ruta, Miguel tras conducir un par de minutos, llegó al orfanato Corazón de Jesús, donde niños como Venus y muchos más pasaban parte de su vida esperando para ser adoptados, y bajando del auto, Fassa le ordenó a su hombre.
—No sé cuánto tiempo tarde, por lo que deberías ponerte cómodo.
Asintiendo, Miguel vio cómo Kirill ingresó al gran edificio antiguo y un poco deteriorado, con muros anchos, jardín extenso, donde millones de niños crecieron forjando su carácter bajo las enseñanzas de las hermanas de la iglesia.
Liberando una bocanada de aire una vez llegó a la puerta para ingresar, Fassa ajustó el botón de su traje antes de seguir, y negando siseó entre dientes.
—Espero no arrepentirme de esto.
Siguiendo su camino, al verlo pasar varias de las monjas en el lugar lo saludaron con un asentimiento de cabeza, pues Kirill Fassa era el mayor benefactor del lugar, y llegando al fin a la oficina de la madre superiora, Esperanza, al verlo llegar fue anunciado enseguida.
—Señor Fassa... Puede seguir.
Mostrándole el camino, una de las mujeres de Dios en el lugar se hizo a un lado, e ingresando en la amplia oficina repleta de libros e imágenes religiosas, la mujer mayor le pidió tomar asiento frente a ella.
—Señor Fassa... Qué bueno volver a verlo.
Sonriendo ampliamente con afecto a la mujer, Kirill tomó asiento frente a ella y removiéndose en su lugar, la madre preguntó con voz grave y baja debido a su edad.
—¿Qué lo trae por aquí?
Tomando un poco de aire por lo que estaba a punto de decir, Kirill sopesó sus palabras antes de hablar y abriendo su boca, dijo.
—Vine a verla para hablar de Venus... La chica que me recomendó para cuidar de mi hija.
Intuyendo medianamente que era la razón de su visita, pues faltaban días para verlo como habitualmente solía hacerlo la madre del lugar asintió, y sonriendo, ya que había tardado demasiado, preguntó.
—¿Qué fue lo que hizo?
Pasando las manos por su cabello recordando lo sucedido, Kirill se dejó caer sobre su asiento y, negando pareciéndole inaceptable aún, explicó.
—Medianamente le explicó a Noelia cómo copiarse en un examen... No lo hizo directamente, pero le explicó cómo lo hacía ella cuando estudiaba aquí.
Cubriendo la sonrisa que se dibujó en su rostro con su mano, Esperanza trató de ocultar que le causó gracia recordar los años de estudiante de Venus en ese lugar, quien en su momento era un dolor de cabeza para todos allí, y recobrando la postura enseguida, se mantuvo en silencio mientras Fassa seguía.
—Se supone que la contraté para ayudarme con Noelia, no para darle más ideas para hacer desastres... Pienso que ahora tengo dos niñas en casa.
Soltando la frustración que sentía en ese momento, Fassa se dejó caer en el asiento y asintiendo, pues comprendía exactamente lo que estaba pasando, la mujer mayor respondió, ya que conocía a Venus tan bien como si fuera su hija.
—Y lo entiendo, señor Fassa, pero creo que un error lo puede cometer cualquiera, ¿no? Como bien usted dijo, lo hizo indirectamente. Estoy segura de que fue sin intención alguna.
A lo que él asintió, pensando exactamente lo mismo.
—Le aseguro que si no estuviese convencida de que Venus es la mujer ideal para cuidar de Noelia, no se la hubiese recomendado... Puede que sea un poco obstinada, impulsiva, grosera, pero le aseguro que tiene gran corazón.
Colocándose de pie, pues con esas descripciones no es algo muy bueno lo que puede decir de ella, Kirill dio un par de pasos por la oficina y, apoyándose en el respaldar de la silla que recién ocupaba, preguntó:
—¿Aun así cree que puede ayudarme con Noelia? Madre Esperanza es impulsiva, grosera, obstinada, ¿en qué me ayuda eso con mi hija?
Sonriendo más amplio y conociendo profundamente cada una de las características de los niños que han pasado por ese lugar, la emisaria de Dios se colocó de pie con algo de dificultad y apoyando una mano en su escritorio respondió:
—En todo, señor Fassa... Que si bien está llena de defectos, le puedo asegurar que cuando Venus se propone algo, lo logra. Es una mujer que no se da por vencida, y así se caiga mil veces, mil veces se levanta. Puede que no vea esas características ahora, pero con el tiempo me dará la razón.
Palmeando un par de veces el respaldo de la silla en la que hacía un momento se encontraba sentado, sintiéndose cada vez peor por lo que había hecho, Kirill regresó su mirada al frente y, liberando el aire, admitió:
—Pues no creo que eso suceda... Antes de venir aquí, despedí a Venus. Puede que justo ahora esté de regreso a su casa.
Sonriendo sin una pizca de gracia, ya que se supone que ese trabajo era la oportunidad que Venus necesitaba para salir del orfanato de una buena vez, la madre superiora regresó a su puesto y negando, explicó. No porque fuese mala mujer, sino todo lo contrario; Venus Black, a pesar de sus defectos, había sido de gran ayuda por años en la formación de los niños, sino porque jamás fue adoptada.
—¿Su casa? Venus no tiene otro hogar que no es este orfanato ¿No le contó?
Negando, pues no sabía más de ella de lo que le habían especificado en aquel resumen que le redactó, Fassa volvió a tomar asiento frente a la monja Esperanza, y liberando el aire pues venía la peor parte, explicó:
—Venus jamás fue adoptada... Llegó a este lugar siendo una niña, y aunque muchas personas se interesaron en ella, jamás terminaron el proceso... Ese empleo para ella es la única opción de adaptarla a la sociedad como una mujer útil, buena.
Kirill asintió comprendiendo la gravedad del asunto:
—No porque no me sea útil aquí es que la recomiendo... Usted mejor que nadie sabe que sobrevivimos con las uñas... Es solo que no me parece justo para ella que pase su vida en este lugar en donde ni siquiera pagarle por su trabajo puedo. Es excelente con los niños, si con Noelia no lo es, algo debe pasar.
Pensándolo bien y sabiendo que lidiar con Noelia no era para nada sencillo, Kirill asintió un poco pensativo, y apelando a su corazón bondadoso, la mujer le pidió:
—Dele una última oportunidad... Le aseguro que no se arrepentirá.
Conteniendo el aire, pues tendría que pensarlo demasiado, Kirill se colocó de pie antes de despedirse de la madre superiora y, saliendo del orfanato, Fassa aún no sabía si confiar en Venus Black. La mujer cubierta de tatuajes que no sabía por qué, pero le parecía demasiado interesante.