Capítulo 3— Lo siento
Narrador:
Llegando la hora de la salida de Noelia de la escuela, Venus la esperaba a las afuera de la escuela junto al auto. Esa salida sería especial, sería la tarde que ella tanto necesitaba para crear lazos con la niña. Era probable que al inicio pusiera cierta resistencia, pero tras pasar tanto tiempo caminando y eligiendo ropa, tenía la esperanza de que las cosas cambiaran.
Viéndola aparecer en las puertas de la institución, Black tratando de ser optimista agitó sus manos en el aire tratando de hacerse ver entre la multitud de estudiantes que venían saliendo también, y rodando los ojos sintiendo un poco de vergüenza, Noelia bajó las escaleras hasta llegar al auto, e ingresando a este sin decir nada más, Venus la siguió un poco descolocada.
—Vamos a casa, Miguel—Palmeando el asiento del conductor, Noelia ordenó, y abriendo su boca al no entender qué sucedía, Venus preguntó.
—¿Qué pasó con la tarde de chicas? Traje a Miguel para que nos llevara al Mall.
Dejándose caer sobre el asiento del auto centrando su mirada en el paisaje que pasaba por su ventana, Noelia solo apretó los labios no queriendo hablar de eso, y perdiendo la paciencia pues estaba siendo muy grosera al no darle una respuesta a la pregunta que le hizo, Venus tiró de su brazo.
—Noelia... Te estoy preguntando ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué cambiar los planes así nada más?
Centrando su mirada en ella un poco molesta mientras el auto no paraba de avanzar, la pequeña Fassa solo tiró del brazo que Venus le sostenía, y liberando una bocanada de aire irritada por que esta no la dejaba en paz, solo soltó.
—Porque no quiero ir... Porque no me da la gana de salir contigo.
Conteniendo el aire a punto de perder la razón, Venus sintió el peso de la mirada de Miguel a través del retrovisor del auto, y haciéndole una mueca para que respirara un poco, Black solo negó dejándose caer a un lado de Noelia.
—Estaré estudiando en el jardín trasero.... Agradecería que me dejaran en paz.
Bajando del auto una vez llegaron a casa, Noelia casi gritó tirando la puerta del auto a sus espaldas y bajando junto a Miguel, Venus observó cómo iba al interior.
—Ten un poco de paciencia Venus... No es tan mala como parece.
Colocándose de pie junto a ella, el chofer le pidió sabiendo que para cualquiera en ese puesto no sería fácil lidiar con una niña como ella, y encogiéndose de hombros sintiendo que cada vez era más difícil cuidarla, Venus murmuró.
—¿No es tan mala, Miguel? Tengo una semana aquí y esa niña no ha hecho nada más que patearme... Nada le gusta, todo lo hago mal... Creo que es más difícil que el mismo papá.
Sonriendo sabiendo que el Kirill era un caso completamente perdido, Miguel ladeó su cabeza a un lado y permaneciendo en silencio un instante agregó.
—El señor Fassa es un caso diferente, digamos que él es la autoridad aquí. Debe parecer duro, inquebrantable cuando en realidad no es así... En cambio Noelia, hace todo eso para llamar la atención, es una niña buena... Es solo que ambos han pasado por mucho.
Sonriendo por sus palabras, sabiendo lo que significaba tener una vida difícil, Venus suspiró deseando que todo cambiara un poco, y preparándose para lavar el carro, el chofer sugirió.
—No te des por vencida aún... Y creo que con ella el iniciar una pelea no te llevará a nada bueno... Una ofrenda de paz siempre puede ayudar.
Agradeciendo el consejo, Venus asintió antes de ingresar también en la mansión, y dirigiéndose a la cocina, estaba dispuesta a prepararle unas galletas a Noelia, las cuales eran las favoritas de los niños del orfanato.
—¿Cómo se ven?
Sacando la bandeja del horno, Venus le preguntó a Elena, quien al sentir el aroma inundar sus fosas nasales, no pudo evitar acercarse a ella para probarlas.
—Se ven deliciosas... Venus ¿Puedo tomar una?
Sonriendo ampliamente despojándose de los guantes de cocina, Venus le señaló a la ama de llaves tomar una de estas para probarlas, y tomando el resto de ellas junto a un vaso de leche para llevarle a Noelia al jardín preguntó.
—¿Saben bien?
Gimiendo por el exquisito sabor a chispas de chocolate invadir sus papilas gustativas, Elena quedó satisfecha, y pidiéndole un par más, Venus se las regaló.
—Deséame suerte... Iré a tratar de conquistar un corazón de hielo.
Sonriéndole pues sabía que lo lograría, Elena vio cómo una Venus optimista caminaba a la terraza del jardín donde Noelia se encontraba sumergida en los libros, estudiando para el examen del día siguiente, y colocándose del otro lado de la mesa con una amplia sonrisa adornando su rostro, Black dejó el bol lleno de galletas y el vaso de leche a un lado.
—¡Ofrenda de paz!
Despegando la vista del libro que leía, Noelia observó con cierto desdén las galletas que Venus había preparado con tanto cariño, y apretando los labios negando solo respondió a la ofrenda.
—Odio el chocolate.
Haciendo de las manos a su costado un puño, Venus contó hasta cien, cuando hasta el número diez no le fue suficiente, y tomando asiento del otro lado de la mesa, preguntó en un intento de llevar la fiesta en paz.
—¿Qué lees? ¡Oh! ¿El principito? Amo ese libro.
Rodando los ojos cuando ni en su tiempo de estudio se podía deshacer de ella. Noelia negó retomando la lectura, y llevando una galleta a la boca. Black le fue inaceptable que estas se desperdiciaran.
—Se supone que estudiabas para un examen... ¿Por qué lees una novela?
Dejando el libro de nuevo, esta vez con la esperanza de que una vez le respondiera la pregunta se largara, Fassa liberó un poco de aire, y abriendo la boca soltó, cansada de la fastidiosa niñera.
—Es sobre esta historia el examen... Debo apuntar datos importantes, como personajes, características para responder las preguntas.
Dejándose caer en la silla, Venus comió una galleta más, y colocándose cómoda en su lugar, dijo con total honestidad.
—¿Y para eso tienes que prepararte? En mis años estudiando en el orfanato jamás lo hacía... Violet, una amiga me pasaba un cuestionario con las posibles respuestas, yo hacía un abanico, y lo ocultaba en la manga de mis suéter... —Venus levantó la manga de su chaqueta dejándose ver un par de sus tatuajes para mostrar la forma de hacerlo — Así lo ocultaba, debe ser lo suficientemente pequeña para guardarlo con facilidad. —Tomó una hoja de la mesa, y la dobló al tamaño ideal— Pero lo suficiente grande como para que leas las respuestas.
Prestándole especial atención a cada una de las indicaciones de la niñera, Noelia no le quitó la mirada de encima a Venus, y sonriendo tras memorizar absolutamente todo, Black concluyó.
—Por supuesto... tú no eres como yo... Y sé que no harás nada de eso.
Sonriendo ampliamente, Noelia negó haciéndole creer que de ninguna forma lo haría, y frunciendo el entrecejo de su frente preguntó algo que notó.
—¿Tienes los brazos tatuados? ¿Por qué siempre usas la chaqueta?
Quedando rígida en el mismo punto, pues se suponía que ella no tenía por qué verlos, Venus sonrió un poco tratando de no parecer tensa cuando sí lo estaba, y colocándose de pie tratando de salir de allí, ya que no le diría que su padre le pidió cubrírselos, Black solo respondió.
—No son reales... Son tatuajes falsos. Ahora tengo que irme, dejé galletas en el horno y si no me doy prisa se quemarán.
Corriendo al interior de la propiedad, Venus dejó a Noelia en el jardín, quien no era para nada tonta, y tomando una de las galletas que quedaron en el bol, se la metió en la boca antes de seguir estudiando.
Llegando al día siguiente la hora de ir a la escuela como todas las mañanas, Venus la acompañaría caminando, pues quedaba a unas cuantas calles de la mansión de los Fassa, y despidiéndose de su pequeña, Kirill le dijo.
—Esta noche llegaré tarde a casa... Tengo un día ocupado hoy, hay una reunión importante con unos accionistas, así que no me esperes despierta.
Depositando un casto beso sobre la frente de Noelia, su pequeña princesa de diez años, Fassa la vio salir y quedando en la estancia con Venus, quien estaba a punto de hacer lo mismo que ella, le pidió.
—Asegúrate de que duerma temprano.
Asintiendo, comprendiendo la orden del señor Fassa, Venus salió detrás de Noelia y asegurándose de su ingreso a la escuela, le deseó suerte para que todo le saliera bien en el examen.
Pasando un par de horas, Venus se encontraba un poco ocupada, ayudando a Elena y a las demás chicas de servicio en la cocina. Si bien ese no era su trabajo, al estar Noelia en la escuela no era mucho lo que tenía por hacer por lo que le gustaba colaborar. Aderezando la ensalada, Black estaba un poco centrada en lo que hacía, y apareciendo de repente Kirill en la cocina al verla a lo lejos, se aproximó a ella un poco furioso.
—¡Aquí estás!
Llegando hasta ella, Fassa arrojó sobre la encimera de la cocina un abanico con las respuestas del examen que tendría Noelia esa mañana tal como ella le enseñó que se hacía, y quedando en shock, Venus pasó su mirada de la hoja doblada ante ella, a Kirill quien se veía furioso.
—¿Me puede explicar qué mierdas es eso, señorita Black? Ahora yo te contraté para enseñar a mi hija a cómo copiarse en un examen...
Abriendo su boca como un pez en busca de aire, Venus se despojó del delantal que rodeaba su cintura, y dejándolo a un lado trató de explicar.
—Señor Fassa... No es lo que usted cree... Yo le puedo explicar.
Sonriendo sin una pizca de gracia, pues sabía muy bien lo que había pasado, pues en la misma escuela le habían explicado lo sucedido, Kirill negó bastante alterado.
—¿No es lo que creo, señorita Black? Porque estoy seguro de que sí lo es. ¡Le enseñaste a mi hija a hacer un puto abanico! A Noelia.
Apretando sus labios, pues sabía perfectamente lo que había hecho, por supuesto sin querer sin malas intenciones, Venus tomó un poco de aire y pasando las manos por su cabeza soltó en un grito.
— ¡Pues no lo hice! No directamente. No le dije, Noelia, hazlo — Sus ojos se escocieron ante la impotencia que sentía en ese momento— Le expliqué cómo lo hacía en el pasado y ella lo hizo tal cual— Tomó un poco de aire cuando sus ojos se cristalizaron, comprendiendo que sí se había equivocado— Y ella replicó todo... De verdad no fue mi intención... Lo siento
Negando pues todo fue como lo pensó, Kirill liberó el aire que estaba reteniendo y no notó, y colocándose erguido ante ella, soltó así nada más, sin anestesia, ni compasión.
— Pues yo no, Venus Black. Estás despedida. Al regresar a casa no te quiero ver.
Girándose sobre sus talones, Kirill solo abandonó la cocina, y quedando en el mismo punto, un par de lágrimas cayeron de los ojos de Venus al ver que la única oportunidad que tenía para no defraudar a las personas que habían creído en ella se había esfumado.