Los instintos

1784 Words
El deseo y lo interesante de la chica se apoderaron de Adán y sin su madre salir por completo de la oficina volvió a lanzarse sobre la joven. —Dame la primicia y pide lo que quieras. —Me asustas y así solo voy en retroceso. Él se colocó de pie y la miró detenidamente —¿Qué sucede? ¿Acaso no te gusto? —No es eso. Estoy confundida y no entiendo nada —ella lo miró con sus pupilas dilatadas y temblorosas —Tengo miedo. Era tan tierna e ingenua, que aun negándose era muy interesante ante los ojos del apuesto y poderoso hombre. —Bien, te daré el espacio para que sigas investigando. —Gracias. Con deseos insaciables se alejó. Le parecía increíble que por primera vez alguien se resistiera a sus encantos y se negara a convertirse en su mujer, solo que sabía que podía valer la pena y no estaba dispuesto a perder la oportunidad que tenía frente a él. —¿Me puedo marchar a casa? Él miró el reloj, aún quedaba una hora de trabajo y aunque le informó que respetaría y le daría el espacio, tenía el egoísta deseo de tenerla cerca para solo contemplarla. —¿Por qué? ¿No deseas pasar más tiempo conmigo? —No es eso. Cómo bien usted sabe, yo vivo al otro lado de la ciudad, es todo un reto llegar hasta aquí y como ya he terminado con mi trabajo, solo quiero llegar a casa antes del anochecer. —Mi chofer te llevará a casa, puedes estar tranquila. Eso lo hará cada día, para que no sea tan difícil tu camino al trabajo. —¡Muchas gracias! —Otra cosa, no me trates de usted, así vamos creando confianza y cercanía. Ella solo asintió con su rostro en tono rojo fuego y empezó a arreglar sus cosas para marcharse, pero mientras estaba en esa oficina Adán no se podía concentrar, con su ternura era capaz de desestabilizarlo con facilidad y sacarlo del control que siempre había manejado con tanta facilidad, así que cuando observó que estaba terminando, llamó a su chofer para que fuera por ella. —¡Estoy lista! —Ahora el que tiene preguntas soy yo. —Sí. —¿Por qué me pediste que te besara? Eso solo agudizó mis ansias. Ella bajó de repente su rostro y susurró muy despacio —También las mías. —¡Al diablo todo! Con pasos ligeros se acercó a la joven e introdujo su lengua para enlazarla mientras sentía su cuerpo temblando. Era tan jodidamente satisfactorio que podía hacerlo durante todo el día sin cansarse y lo mejor era que ella se dejaba llevar a su antojo. «Tock, Tock, Tock» —Firma ese contrato y hazme tu dueño. Ella lo miró aún excitada por el beso. Sus palabras no salían, pues no sabía qué decir y cómo hacerlo. —Necesito dos días… —¡Dos días! —susurro mientras lamía con sensualidad el lóbulo de su oreja y la hacía temblar. «Tock, Tock, Tock» Al escuchar el sonido de la puerta, ella como pudo salió y caminó rápido todo el pasillo, dejando a su jefe ardiendo en deseo y con los pensamientos nublados. A su salida él apretó fuerte los ojos y recordó cada roce disfrutando de la fragancia que aún andaba rondando por su cuerpo. Mientras ella aún temblaba teniendo los pensamientos en blanco y por primera vez dispuesta a dejar fluir sus deseos, pero ¿Valdría la pena hacerlo con esas condiciones? Todo era muy contradictorio, y la mantenía muy confundida. —Hemos llegado, señorita. —Gracias, José. —Cuando se disponía a salir del auto hizo un retroceso —¿Te puedo hacer una pregunta? —Claro que sí, señorita. —¿Su jefe realmente está soltero? —Mi jefe se ha mantenido alejado del mundo exterior y se encerró en sí mismo para hacerle duelo a su dolor hasta que sanará. —Eso quiere decir que si tiene un corazón. —Lo dijo muy suavecito, pero José logró escucharlo. —Todos lo tenemos, lo difícil solo es el camino de llegar hasta donde se encuentra. —Gracias por todo José. —Eres afortunada, si eres inteligente él podrá jugar tu juego. Te digo esto porque después de meses, volví a ver ese brillo en los ojos de mi jefe y creo que valdría la pena aprovecharlo. Con una sonrisa, la joven abandonó el auto y su alegría se intensificó al ver a sus amigas esperando por ella en la puerta de su casa. —Que bueno volver a verlas. —Yo estuve encerrada, sin comunicación y siendo cruelmente penetrada a todas horas por un poderoso y delicioso hombre de chocolate. —¡Shhh! Mi madre podría escucharlas. Mejor vamos al parque y así podríamos hablar con más tranquilidad. Estrella la miró sería y con una ceja elevada —Para tratar de calmar mi enojo, mínimo debes haber estado follando en este momento. Sol se acercó a ella y pudo sentir la fragancia fina que aún permanecía en su ropa. —Creo que sí —terminó riendo a carcajadas. Luna se sonrojó por completo y sus piernas flaquearon sin saber cómo contarle lo que estaba sucediendo, pero aprovechó el rostro serio de su amiga y fue por donde pudo empezar a hablar. —¿Por qué tan sería, Estrella? —Porque Adán Thompson era mi conquista de la noche y por alguna razón ahora está contigo. Para Luna fue como sentir un balde de agua helada en su rostro al escuchar a su amiga. —¿Te acostaste con él? —No, y espero que tú sí lo hayas hecho para encontrar tranquilidad. —No sabía nada y cuando él me contactó yo... —Tranquila, él nunca llegó a nuestra cita, aunque estaba presente en el club, como yo no tengo tiempo para perder, aseguré mi futuro con mi sugar. Mi Daniel. Luna no se encontraba satisfecha con la poca información que había obtenido y de inmediato continuó preguntando. —¿Ustedes ya estuvieron juntos? —No nena, tranquila, no tuve chance ni siquiera a conocerlo… Aquí lo importante es que valió la pena esa noche de chicas, ya que todas cazamos a un millonario. Estrella y Sol hablaban de sus aventuras y demás, mientras Luna no tenía mucho por decir, pues ella misma puso barreras y solo estaba más indecisa, ya que no sabía si su amiga había besado los labios que acababa de disfrutar. La conversación perdió todo sentido, ya que de alguna manera tenía una duda que su amiga en todo momento negó y de igual manera la seguía atormentando. La reunión no fue muy larga y, después de entrar a casa, tomar un baño y descubrir que su celular había muerto, durmió hasta el siguiente día. Temprano se arregló y un chófer distinto la recogió y la llevó a la empresa, al llegar a su escritorio encontró una caja con una laptop, un celular nuevo y una nota. Nota: Como fui el responsable de que se rompiera el celular, aquí te lo repongo. Un beso. De alguna manera fue reconfortante para ella, la nota y los regalos, eso le sumó un poco de alegría a su día. —¡Buenos días! Se presentó Adán junto a sus asesores financieros y abogados, ese día duraron toda la mañana y parte de la tarde reunidos en presidencia. Luego de que ellos abandonaron la oficina, seguía una importante reunión que al momento de Luna ir a informarle, la interrumpió su abogado con miles de documentos listos para la reunión. Cuándo iban de salida él observó a la joven y no quiso abandonar la oficina sin primero despedirse. —¿Ya tienes una respuesta para mí? —él se acercó y besó sus labios —Hazme feliz y ayúdame con un poco de estrés. —Aún no pasan los dos días. —Cierto. ¿Podemos cenar juntos está noche? Ella solo asintió y él se acercó por un segundo beso para luego salir rápido de su oficina y no permitir que siguieran esperando por él. Lo sucedido de alguna manera le alegró la tarde a Luna y calmó un poco su ansiedad. —Hola ¿Luna? Soy Ángel ¿Me recuerdas? —Sí. —No sabía que estabas trabajando en presidencia. Luna observó al caballero y tenía decidido en ese momento responder su inquietud y saber si había sucedido algo entré su amiga y su jefe. —¿Eres Ángel, el que presentó a Estrella y Adán? ¿Cierto? —Hay cosas que solo mi jefe puede decir, pero ellos no se conocieron —él se acercó y le susurró —Mi jefe quedó hechizado desde el momento que te vio y te eligió a ti. —¿Cómo elige a sus aspirantes a sumisa? —«Shhh» —él se apresuró y cerró la puerta. —¿Estás loca? No puedes hablar esas cosas en este lugar. Son secretos confidenciales. —Disculpa, no lo sabía, yo… —Solo te diré que estás en el puesto que muchas sueñan con tener y es imposible para ellas. El hecho de que estés aquí trabajando solo confirma que has llamado tu atención, así que aprovecha la oportunidad. —¿Cómo lo hago? —¡Ay no! ¿Qué es esto? Suenas como niña del kínder. —Quizás es lo que soy en este momento. —¿Qué quieres decir con eso? ¿Eres menor de edad? Ella lo miró con preocupación —No, algo peor que eso. Soy virgen y muero por ser tocada por ese hombre, pero tampoco quiero ser un juguete o una sumisa como él llama a sus rameras. Ángel observó a la chica sorprendido, y con solo escucharla podía entender el interés de su jefe. —Solo te puedo decir que lo que tienes en este momento pesa en oro, debes aprovecharlo, aunque eso implique quedar con el corazón roto y los bolsillos llenos. —¿Y si me enamoró? —Al diablo, el amor, ¿Crees que con sentimientos podrás ser exitosa y cumplir tus sueños? Solo te diré que si dejas pasar la oportunidad, eres una boba y nunca serás nadie en la vida. —¿Aceptó? —Claro que sí. No te enamores tú y roba su corazón —él se acercó, acarició su mentón y observó los regalos sobre la mesa —No desaproveches la oportunidad y antes cualquier duda si tienes vergüenza consultarla con tus amigas, aquí estoy para escucharte y guiarte. Él se marchó y sus palabras quedaron rondando en la cabeza de Luna, haciendo que aceptará seguir sus instintos y así llegar hasta donde el destino decidiera llevarla.
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