Las horas no parecían querer avanzar durante la reunión y Adán no se podía concentrar, él solo pensaba en lo dulce de esos delicados labios y la exclusividad que podría encontrar entre sus piernas. Todo lo demás carecía de sentido y a él no le importaba si se enteraban de su distracción.
Mientras Lunas se había decidido a dejar que todo fluyera de la manera en la que lo tenía escrito el destino.
«Ring, Ring, Ring»
—Hello.
—Amiga, soy Estrella. Acabo de salir de tu casa y no te encontré y tampoco podía comunicarme contigo.
—Lo siento, ayer se rompió mi celular y hasta hoy tengo uno nuevo.
—Qué bueno que no estarás sin celular. Te llamo para invitarte a visitar Hawái.
—¿Hawái? Eso sería muy interesante, pero en este momento estoy trabajando y no creo poder ausentarme por tanto tiempo.
—¿Ya tienes trabajo nuevamente? No lo sabía.
—Sí, apenas ayer inicié.
—¿Qué tal si abandonas todo y vendemos tu virginidad a un millonario en Hawái?
La propuesta de su amiga de alguna manera la hizo sentirse una ramera ¿Cómo que vender su virginidad? ¿Desde cuándo tal cosa tenía un valor? Ella soñaba con una boda perfecta y no le importaba que fuera con el encargado del reciclaje de la ciudad, pero siempre soñó con un amor bonito y recíproco.
—¿Estás ahí?
—Sí.
—Espera. No me digas que con tu silencio me estás confirmando que ya lo hiciste con ese millonario con el que trabajas.
—No, Estrella. Solo no puedo hablar, ya que estoy en el trabajo.
—Olvida todo, piensa en un precio y vamos a Hawái. Recuerda que solo somos jóvenes una vez en la vida y lo que aún traes entre tus piernas intacto vale oro. Pero te dejaré pensarlo y más tarde paso por ti para viajar mañana temprano. Bye…
Sin esperar una respuesta, ella cerró la llamada y Luna solo llevó su mano a la frente sin entender el camino que su amiga había tomado. Ella miró la hora y organizó todo para regresar a casa.
Mientras que su amiga Estrella recibió una llamada de su sugar (viejo millonario y consentidor).
«Ring, ring, ring»
—Amorcito, ya extrañaba tu llamada ¿Cómo estás?
—Con deseo de tenerte en mi cama sin ropa.
—Mañana, antes de que el sol se oculte, estaré allí contigo, como te gusta, sin ropa.
—¿Traerás a tus amigas como lo prometiste? Yo pienso hacer una fiesta y estoy seguro de que se la pasaría genial.
—Tengo solo una de ellas confirmada, pero esta noche iré en persona y le haré las maletas a la que realmente quiero que nos acompañe.
—Esa es mi chica, te espero con ansias chiquilla traviesa.
—Un beso húmedo, de esos que tanto te gustan, mi viejito bello.
Ella terminó la llamada y no pudo dejar de estallar en risas cuando encontró el rostro de su amiga mientras la veía extraño.
—Solo hago mi trabajo para mantener feliz a la gallina de los huevos de oro.
—¿Por organizar una fiesta?
—Por todo. No sabes lo que me ha tocado mentir para obtener lo que hasta ahora tengo, sin mencionar que debo seguir cumpliendo fetiches y todo lo que se le ocurra en la cama.
—A mí tampoco me fue muy bien en la cacería de millonarios. Después de estar encerrada haciendo la voluntad del caballero aquel, me pagó como a una puta y jamás me volvió a llamar.
—De no salir triunfadoras en Hawái debemos repetir la apuesta, pues no pienso ser pobre, mis gustos y exigencias no me lo permiten.
—¿Cuál es el plan? ¿Vender la virginidad de Luna y qué más?
—Enamorar a Ferrari, ese hombre está podrido en plata, pero si complazco a su hermano con una tierna virgen, estaré más cerca de la familia y eso me sumaría puntos.
—Esperemos que el segundo intento salga victorioso, porque el primero no ha tenido buena pinta.
—Tú no te preocupes, de ese viaje no regresaremos con las manos vacías. Ahora me voy a bañar para ir a ayudar a Luna a hacer maletas.
Convencida de que llevaría a su amiga con ella, se arregló y en compañía de Sol fueron a visitarla. A su llegada la encontraron con un hermoso y coqueto vestido rosa pastel. Era la primera vez que encontraban a su amiga concentrada en los detalles de su rostro.
—¡Wow! Estás más que hermosa. ¿Ya has hecho la maleta?
—¿Maletas? —preguntó Sarah al escuchar a Estrella.
—Sí.
—No.
Ambas contestaron al mismo tiempo, pero Estrella no quería salir perdedora y fue quien tomó la palabra.
—He invitado a Luna a viajar por dos días para que pueda conocer Hawái.
—Pero no te puedo acompañar, porque tengo compromisos y un nuevo trabajo, ya te lo había comentado cuando me llamaste en la tarde.
—¿Y la propuesta? ¿No te interesa?
Sarah miraba a su hija algo apretada y decidió ayudarle. —Luna está cuidando de cerca mi tratamiento y evolución, también está trabajando y en este momento no creo que sea buena idea un viaje al exterior.
Estrella no estaba conforme, pero debía entender la situación. Lo único que la mantenía curiosa era el nuevo look fresco y atrevido de su amiga sin mencionar el nuevo brillo que traía en sus ojos, pero no le duró mucho la duda, ya que unos minutos después escucharon las bocinas de un auto afuera.
—¿Vas a salir? Ahora entiendo por qué está tan arreglada.
Ella se ruborizó de inmediato —Así es, tengo una cena con mi jefe.
—¿Con Thompson? Permíteme saludarlo.
Estrella arregló su escote y con toda la sensualidad posible se acercó a la puerta y al abrirla se encontró con el apuesto caballero, quien traía una rosa roja en la mano.
Su mirada estaba dirigida exclusivamente a Luna. Él quedó embobado al verla tan bella y recordar los momentos ardientes que habían pasado juntos lo hacía especial, así que se acercó de inmediato y la saludó con un beso, luego le entregó la rosa.
—Buenas noches.
—Madre, te presento a Adán, mi…
—Su admirador y jefe en horario laboral.
Él se acercó y contempló la pequeña y humilde casa. Llamó su atención lo ordenada que se veía y lo bien que olía todo el lugar…
—Ellas son mis amigas. Estrella y Sol.
—Un gusto conocerlas.
—El placer es de nosotras. —respondieron de inmediato.
De la manera en la que miraba a Luna, lo delataba y hacía que las piernas de la chica empezaran a temblar y que su corazón palpitará a toda velocidad.
—Creo que es hora de marcharme. —Luna se dirigió a su madre.
—Bien, hija.
El caballero se despidió y acompañando a la joven, tomada de la mano, abandonó la casa, dejando a sus amigas más que sorprendidas, pues él había ido por Luna hasta su casa y la manera tan especial con la que la miraba era indescriptible.
—Luna tiene mucho que contarnos —expresó Sol teniendo todo el respaldo de su amiga Estrella.
Mientras ellos aun tomados de la mano llegaron hasta el auto.
—Haces trampa luciendo tan hermosa, ahora no puedo apartar la mirada.
Ella reaccionó enfurecida y lo dejó demostrado de inmediato: —Aquí quién hace trampa eres tú, ¿qué diablos pretendes?
—No entiendo tu actitud.
—¡Ah, no! ¿Qué quieres? Quizás lo sé, pues lo dejaste claro una vez que me entregaste el absurdo y sádico contrato. Eso lo entiendo, pero ahora me explica si es necesario entrar hasta mi casa pretendiendo ser el Romeo que toda mujer desea, el más enamorado.
Ella gritaba alterada y José solo lo pudo observar, mientras que Adán, sin omitir una palabra, la tranquilizó con un tierno beso y una caricia cálida, tan cálida que ella no pudo resistirse.
—Nada tiene explicación en esta vida, entonces, si es de esa manera ¿Por qué complicarnos?
—No quiero que mi madre piense que somos una pareja.
—¿Eso por qué?
—Porque mañana, cuando se acabe el absurdo contrato y tú ya no estés, ¿qué le diré? Madre, se acabó el contrato.
Inexplicablemente del rostro de Adán salió una sonrisa —¿Eso quiere decir que firmarás el contrato?
Ella dirigió su mirada hacia José, llena de vergüenza y confusión —No lo sé.
—¿Sigues teniendo miedo? —Ella volvió a mirar a José y solo asintió. —Llévame a casa, José.
El auto se puso en marcha y él acomodó a la chica en su pecho para acariciar su cabello, mientras disfrutaba del aroma que destilaba su piel. No era solo su perfume, era algo que lo atraía y hasta podía convertirlo en alguien capaz de sentir.
El auto se detuvo y de inmediato José se marchó y los dejó solos.
—¿Qué sucede? ¿No quedaremos aquí?
—Eso lo decides tú. José ya no estará para escuchar nuestras conversaciones. Si deseas tenemos una velada en mi casa, pero si no te sientes cómoda podemos ir a un restaurante, ahora yo voy a conducir y solo seremos tú, yo y la noche.
—No cambies los planes.
Él miró a la hermosa mujer a los ojos. —Me regalas paz, pasión y deseo ¿Dónde estabas que no te había encontrado?
—Trabajando y luchando por la estabilidad de mi familia.
Él le dio un beso y la tomó de la mano.
—Ven conmigo.
—¿Nos quedaremos aquí?
—Me acabas de decir que no quieres que cambie de planes, así que solo seguiré el curso de la noche.
—Bien, vamos.
Juntos caminaron hasta la entrada principal, tomados de la mano…