Sarah observó el rostro de las chicas después de que su hija saliera en compañía del apuesto caballero y no pudo quedarse en silencio.
—Por esta razón mi hija no puede viajar a ningún lugar, como pudieron apreciar, ella tiene compromisos que atender.
—O sea, que ese millonario viene con frecuencia a visitarla.
—No solo eso, les quiero informar, que mi hija está empezando en un nuevo trabajo y un viaje solo puede desestabiliza sus nuevas metas.
Estrella sonrió escandalosamente —¿Sus metas? Todos sabemos que la palabra metas, Luna, no la conoce, pues la única que tiene es la de traer todo su sueldo a la casa. Espero que las cambie o de nada le servirá haber cazado a un millonario.
Sus palabras golpearon fuertemente a Sarah y se sintió terrible, pues sabía que Estrella tenía razón, pero tampoco pensaba quedarse en silencio —Todo el que actúa de la manera correcta es premiado por la vida y eso pronto lo van a apreciar con sus propios ojos.
—Sol, vámonos. Mañana tenemos un viaje y debemos preparar todo.
—Así es. Buenas noches.
Ellas salieron de la casa y Sarah las observó detenidamente. Su forma de vestir y de actuar dejaba en descubierto quienes eran. Nunca le había gustado la forma tan alocada en la que actuaban, pero como lo había dicho Estrella, quien llevaba las riendas de la casa era Luna y lo mínimo que podía hacer era dejarla tener a sus amigas y tomar sus propias decisiones.
Estrella mostró su descontento. —No puede salir de mi cabeza que ese millonario fue a ese lugar a conocerme a mí, la noche del evento en el bar.
—¿Quién?
—Thompson.
—¿El mismo Thompson que acaba de presentarnos Luna?
—Él mismo.
—Espera, espera… Ahora tiene que contarme todo, pues él no parecía conocerte, es más, en ningún momento siquiera te miró.
—Yo conocí a Ángel meses atrás y una noche de tragos me invitó a ser la dama de compañía de un millonario. Solo dijo que tenía que permanecer con él por unos días y sería bien pagada.
—Adivinaré, tú no lo aceptaste.
—Sí, pero después de eso se me ocurrió la estúpida idea de la apuesta.
—¡No lo puedo creer! Después de tener algo seguro lo cambiaste por una apuesta.
—Aquí es donde no entiendo nada. Pues quien me llevó el dinero para un vestido extravagante y todo lo que necesitará para verme hermosa la noche del bar, fue Ángel, enviado por Adán.
Sol quedó sin palabras ante lo que escuchaba, pues cada vez entendía menos —¿Entonces?
—Era mucho dinero y yo lo quise compartir con ustedes. También quería darle la oportunidad de que conocieran a un patrocinador que cumpliera sus caprichos y Ángel me había contado que en ese lugar estarían presente solo personas importantes y millonarias.
—Eso habla bien de ti, amiga.
—Tampoco quiero acusar a Luna. Yo nunca vi a ese hombre y el señor Daniel, en cuanto me vio, mostró un interés que no pude despreciar.
—¿Y si él llegó y confundió a Luna contigo? O peor aún, llegó y te vio compartiendo y dejándote besuquear por ese señor.
—No lo sé, pero espero que Luna aproveche muy bien la oportunidad. Es lo único que me puede servir de consuelo.
—Está hecho un bombón ¿Cierto?
—Sí, pero solo tiene ojos para Luna ¿No viste como se la comía con los ojos? —expresó Estrella recordando el momento.
—No le importó que lo estuviéramos viendo, estaba totalmente deslumbrado.
—Sí, y Luna se veía radiante.
—Creo que debimos guardar la virginidad un poco más. —Estrella no paraba de reír.
—¿Y perdernos todas las travesuras ya vividas? No, no lo cambiaría «Risas alocadas»
—Hablando de eso, ahora vamos a arreglar las cosas para el viaje de mañana.
Contando sus ocurrencias se fueron de regreso a su casa.
Mientras Luna estaba ingresando a la enorme sala de la mansión de su jefe.
Todo estaba preparado, un enorme buffet estaba servido y él la guio al comedor.
—¿Todo esto solo para los dos? —preguntó después de ver todos los platillos diferentes, servidos y enumerados. La mesa está repleta.
—Sí, ordené preparar cada uno de los platillos que tenía el menú de mi restaurante favorito. —él le mostró la mesa muy célebre. —Los que están a la derecha, son los que suelo ordenar y los demás son los que tienen disponible.
—¿Por qué haces esto?
—Porque quiero que aprendas a conocer los platillos y a la hora de estar en un restaurante, no te sientas aturdida por la variedad y tu poco conocimiento. Ven conmigo.
Él con un tenedor le dio a probar su platillo favorito y así en pequeñas porciones fue degustando los diferentes sabores.
—Señor, tiene una llamada en espera.
—José, te dije que esta noche no quiero interrupciones.
—De no ser algo importante no lo vendría a molestar, señor.
Él lo miró con el rabillo del ojo y después de disculparse, salió del comedor y José se quedó guiando a la joven, aunque no se lo habían pedido.
—Ahora sí sabré que ordenar cuando esté en un restaurante…
—Muy bien, es usted muy inteligente señorita Luna.
—Después de una clase tan detallada como está, es difícil no aprender. No todos los días se tiene tal honor.
—Ahora entiendo por qué mi jefe disfruta del tiempo que pasa con usted. Su aura es pacífica y tranquila.
—Eso no tiene nada que ver, tu jefe es un caballero y eso le facilita estar en compañía de cualquier mujer que se proponga.
—Él no es lo que usted ve, en este momento es solo lo que usted le provoca ser.
—No entiendo.
—El señor Thompson jamás trae a nadie a su casa, jamás. Tampoco es el Romeo que se presenta contigo, y te cuento todo esto porque después de muchos meses lo veo tranquilo y feliz.
—¿Meses? —eran muchas las preguntas de la joven.
—Conquista su corazón y devuelve la tranquilidad a su vida.
Ella negó con la cabeza —Pero no es lo que él quiere. Yo pienso que es todo lo contrario.
—Estoy viendo a un hombre nuevo, si eres inteligente lo vas a lograr, eso te lo aseguro. —terminó guiñando un ojo.
Adán estaba de regreso y José de inmediato volvió a tomar su lugar. Él observó a su mayordomo alejarse de la dama y ella estaba de pie en el último platillo.
—¿Has terminado?
—Sí, y repito que ya sé perfectamente que ordenar cuando esté en el restaurante.
—Genial ¿Y las bebidas?
Ella negó de inmediato —Yo no tomo nada de alcohol.
—Maravilloso —él le brindó la mano a la chica y en cuánto ella la tomó empezaron a caminar hacia el jardín.
—¿No te gusta tomar o no lo has intentado?
—No consumó nada que me haga perder el control y la estabilidad.
—¡Ah, sí! Ahora entiendo por qué lo piensas tanto para entregarte a mí.
—¿Qué dices? ¿Eres desestabilizante?
Él se acercó y mordió su labio inferior —Y también te haré perder el control.
Llegaron a la fuente que estaba en el jardín trasero y ella solo pudo respirar el maravilloso aroma de las rosas frescas y disfrutar de la suave brisa que tenía el lugar.
Momento después observó a José llegar con una botella de vino y dos copas.
—Te he dicho que no tomo alcohol.
—Noche de excepciones, pues te comento que tampoco tomo, pero acabo de recibir una llamada que golpeó mis baterías y necesito que me acompañes con una copa.
Él caminó hacia la botella y sirvió una sola copa, luego la tomó en su boca y de allí lo compartió con Luna. Era tan relajante la compañía de la joven.
—Es suave y agradable al paladar. —expresó después de intentar descubrir el sabor de la bebida.
—Como tus labios.
Ella lo observó y encontró una inquietud en sus ojos, pero decidió no preguntar nada y solo masajear su cuello y con las puntas de sus dedos para intentar relajar su estrés.
—¿No te sientes bien? Ahora tu mirada se nota diferente.
—¿Qué te puedo decir, preciosa? Muchos ven a un hombre poderoso e inalcanzable y no imaginan todo lo que debemos atravesar.
—Lo mismo te puedo decir de las personas como yo, así que quizás te puedo entender.
Él la observó —¿Qué pasó con tu novio? ¿Por qué rompieron?
—Luis y yo nunca formalizamos una relación. Él es una persona que no conoce la palabra respeto. Es mujeriego, sinvergüenza e irresponsable…
Él la silenció con un beso y luego la abrazó por unos minutos.
—José te llevará de regreso a casa.
—¿Estás bien?
—Una vez que te decidas a firmar ese contrato estaré mucho mejor. —le dio un último beso y se marchó.
Momento después se presentó José y la llevó de regreso a su casa.
—Esa caja que está en el asiento del lado le pertenece. Adán me ordenó que se la entregará.
—¿Él está bien?
José la miró por el retrovisor y como encontró preocupación en su rostro decidió hablar.
—El pasado amenaza con volver y creo que no se siente preparado.
—No entiendo nada.
—Si dejas fluir lo que ambos están sintiendo, puede tener la oportunidad de entender, pues él mismo le contará todo.
—¿Y si me enamoró?
—Lo podrá arrastrar a ese sentimiento mientras le muestras como se ama. Eres una mujer inteligente y sé que entiendes muy bien a lo que me refiero.
Ella salió del auto y José le llevó la caja hasta la sala, después se despidió y la dejó con pensamientos profundos, pero con nuevas esperanzas.