En Hawái
La fiesta no fue llevada a cabo y Estrella envió un comunicado de cancelación, debido a que el señor Daniel estaba muy enfermo. Después de una intensa noche de sexo, sufrió un ACV. Ella estaba en sala de emergencias y no sabía cómo responder los miles preguntas que le hacía el doctor.
—Solo soy su amiga.
—¡Doctor Ramos, lo necesitan de inmediato en cuidados intensivos! —se escuchó el parlante y todas las enfermeras corrían por los pasillos.
—¿Él está bien? —preguntó Estrella, pero la doctora salió corriendo y no respondió a su pregunta.
Una hora después ella venía con rostro de tragedia y se acercó a la joven.
—Después de hacer hasta lo imposible para mantenerlo con nosotros, el señor Daniel ha fallecido, tiene que responderme algunas preguntas.
—¿Preguntas?
—Esta ramera no puede tener información.
Llegó la esposa y la hija del millonario y sin hacer preguntas atacaron a la joven y la sacaron a patadas de ese lugar. Estrella se sintió miserable y fue una gran vergüenza para ella.
—Amiga, he venido en cuanto me llamaste ¿Cómo sigue Daniel?
—Tenemos que regresar, acabo de ser sacada a patadas por su esposa.
—¿Su esposa?
—Así es. Aunque el viejo cretino repetía que era soltero, aparecieron su esposa y su hija y trapearon el piso conmigo.
—Que descarado y mentiroso.
—Fue horrible ver a ese hombre sobre mí agonizando y me acaban de informar que ha fallecido.
—¿Qué? ¡No puede ser!
La policía se presentó en el lugar y ambas se fueron con miedo de ser arrestadas y acusadas. Por suerte, tenían tickets de regreso y llenas de miedo, volvieron a sus casas y se mantuvieron encerradas en su habitación por dos días.
—¿Crees que le podemos contar a Luna? —Ya Sol estaba cansada del encierro.
—¡No! —¿Qué tal si la policía viene por nosotras?
—No somos culpables de nada. El señor Daniel murió feliz mientras galopaba sobre su potra como él repetía ¿No te había platicado que era de la manera en la que desea morir?
—¡Ay no! Es que no puedo olvidar su rostro mientras dejaba este mundo. Además, no creo que la esposa y la hija se queden de brazos cruzados, estoy segura de que me harán culpable de su muerte.
—Mientras nos quedemos encerradas no nos vamos a enterar de nada… Si no quieres acompañarme, iré sola a visitar a Luna.
Estrella se arropó sin intención de dejar su cama y Sol se vistió y caminó hacia la casa de Luna, pero no encontró a nadie. Le parecía muy extraño, pues siempre la pequeña Estela estaba jugando en la entrada de la casa y tampoco vio ningún bombillo encendido.
Ya preocupada tomó su celular y llamó a su amiga.
—Hola.
—Sol, ¿cómo están? La he estado llamando desde ayer y no he obtenido respuesta.
—Es que estamos de regreso
—¿Tan rápido?
—Sí, ¿Y tú? ¿Estás bien? Acabo de pasar a tu casa y está oscura y solitaria.
—En la mañana nos mudamos al centro de la ciudad.
—¿Se mudaron y hasta ahora me lo comentas?
—Ya te he dicho que no las pude contactar y fue todo rápido, en la mañana Adán me la entregó.
—¿Ya te ha hecho tal regalo? ¡Ay, no, amiga, esa virginidad tuya sí que vale!
—¡Shhh! Él está cerca y no quiero que escuché. Además, aún sigo virgen —ella observó como él la miraba con deseos de comérsela —Bueno, creo que hoy será el último día. —terminó sonrojada.
—Me alegró todo lo que estás obteniendo, hiciste una muy buena elección.
Ella respondió a la mirada fija y penetrante de Adán y luego le respondió a su amiga. —Creo que él ha sido quien me eligió a mí.
Sol después de la llamada regresó con Estrella para contarle de lo que se había enterado y la vio revisando su celular mientras comía unas papitas.
—¿Has regresado a la vida?
—Sí, y me encontré con noticias no tan malas.
—¿Qué noticias?
—Ya hablaron del fallecimiento de Daniel, pero solo dijeron que murió producto de un ataque cardíaco.
—¿Solo eso?
Ella miró a su amiga como si quisiera matarla. —¿Qué más quería que sucediera? ¿Qué me acusarán de esa muerte?
—Jamás, ¿cómo puedes pensar eso? Solo quería darte aliento, ya que todo salió bien.
Ella suspiró pesadamente —¿Aliento? Mírame, aquí estoy de nuevo, sin nada… Ahora tampoco tengo un trabajo.
—No eres de las personas que se rinde.
Cansada de permanecer en cero, aunque lo ha intentado todo, se volvió a acomodar en la cama. —No me rindo, pero sí estoy cansada.
—Todo estará bien, ya lo verás muy pronto.
—Eso espero. ¿Qué te dijo Luna? ¿Cómo está ella? Cuándo encendí el celular tenía varias llamadas perdidas.
Sol le contó todo cómo se lo había dicho Luna, también le comentó de su voz.
—La suerte le sonrió, pero qué enamoré no creo que sea una buena idea.
—Sigue siendo virgen y el único mosco que la ha rodeado es el tonto de Luis, ¿cómo sabrá controlar esos sentimientos?
—¿Recibiendo esos regalos y sigue virgen?
—Eso me lo acaba de decir ella misma cuando la contacté.
Estrella entró a las historias de su amiga y vio la entrada del enorme apartamento junto al mensaje que dejó su amiga en su muro.
Mensaje: Un sueño que aún no me creo que se haya hecho realidad.
—¿Crees que para recibir un regalo de ese tamaño no debe haber dado un adelanto?
Ella le mostró la entrada del apartamento y se veía bastante glamuroso y espacioso.
—No sé cómo lo haya conseguido, pero estoy muy feliz por ella.
Estrella pensó por un rato y luego tomó su celular e hizo una llamada a un viejo amigo.
—¿Qué tenemos por aquí? Qué llamada tan grata.
—Hola, Ángel.
—¿Cómo está la chica más atrevida que he podido conocer?
—Yo no estoy bien y tú estás en deuda conmigo.
—¿Eso por qué?
—Porque la noche del bar me aseguraste que conocería a alguien y aún no lo veo.
—Te conté lo que sucedió con Adán.
—No lo hiciste.
—Sí, él en cuanto vio a tu amiga se enloqueció por ella, fue atracción a primera vista y yo no puedo pelear en contra de eso.
—Bien, Adán ahora es mi cuñado, pero la deuda entre nosotros aún está pendiente. Necesito a un millonario que necesite una muñeca para consentir.
—Me encanta lo decidida y atrevida que eres. Te puedo presentar a mi jefe, pero a él le gustan los tríos.
—¿Sí?
—Son los fetiches más pedidos y en todos estoy presente.
—¿Qué? No me interesa.
—¿Eso por qué? ¿Te desagradaría compartir la cama y su sexo conmigo?
—No, solo estoy dejando la oportunidad de que sigas disfrutando con tu jefe y sus fetiches. Yo quiero algo solo para mí.
—¿Sabes por qué no te ha ido bien en tu búsqueda?
—No te estoy pidiendo consejos, yo lo que necesito es a un millonario.
—Allí es donde empieza el problema. A ellos les gusta elegir y no que lo elijan…
—Creo estar enterada de eso ¿Qué sigue?
Ángel colocó sus ojos en blanco ya molesto por la insistencia de la chica.
—Bien, necesito que estés preparada para el sábado. Iremos de cacería.
—¿Puedo llevar a mi amiga Sol?
—Bien. Ya sabes que debes estar hermosa y no te desesperes, yéndote con el primero que te haga una mirada coqueta.
—¿Una lección de vida?
—No, nena. Te doy un consejo… A esos hombres adinerados y llenos de fetiches les gusta la privacidad y lo difícil.
—Creo que te entiendo.
—No llegues y elijas un millonario para ti, mejor llega y que te elija el que desee hacer inversión en ti.
Ella asomó una sonrisa perversa —Entiendo.
—Entonces el sábado paso a recogerte y lo pondremos en marcha. Veré qué tan buena alumna resultas.
—Perfecto…
Al terminar la llamada, Estrella se quedó con el celular en la mano pensando todo lo que habló momentos atrás, pues era tiempo de cumplir sus sueños y eso no podía seguir esperando.
—¿Escuchaste la conversación? —se dirigió a su amiga.
—No.
—No importa, solo quiero que te prepares para el sábado, tenemos una fiesta a la que asistir.
—¿Ya vamos a salir del encierro?
—Así es. Ha llegado el momento del segundo intento de cazar a un millonario.
Sol elevó una —¡Aquí vamos de nuevo!
—Si no quieres ir, no lo hagas, pues yo sí lo seguiré intentando. Ahora Ángel me ha dado unos nuevos tips y esa misma noche lo pondré en marcha.
—Yo te voy a acompañar, pues ya Luna cazó a su millonario, así que ahora será nuestro turno.
—¿No te dijo cuando la podemos visitar?
—No. Por cómo hablaba él estaba cerca y me dijo que no podía hablar.
—No la deja sola en ningún momento.
—¿Estás celosa?
—Sí, porque se robó a mi amiga. En este momento la voy a llamar.
—No lo hagas.
—¿Eso por qué?
—Ella habló de que sería virgen solo hasta esta noche, así que sería imprudente molestarla.
—Bueno, de esa manera la llamaré mañana. Necesito el vestido que lució la noche del bar ¿Lo recuerdas?
—¿Crees que eso la haya ayudado?
—No lo sé, pero desde que lo compré me encantó y lo quiero lucir el sábado, quién sabe y tiene un poco de virginidad y me la transmite. —ambas rieron.