Luna llegó a su casa con sus piernas temblando, ella no podía sacar aquel ardiente encuentro de su cabeza. En todo momento pensaba que saldría corriendo una vez diera el primer paso y en esa enorme habitación lo único que deseaba era seguir siendo acariciada y besada por el hombre que le había robado todo.
—¿Estás bien, hija? —Su madre la miró preocupada por cómo veía su rostro.
—Sí —lanzó una sonrisa forzada —Solo estoy algo cansada y necesito dormir.
Su madre la miró una vez más e insistió en preguntar, pero la respuesta seguía siendo la misma hasta que ella se encerró en su habitación y se cobijó en su cama mientras su mente repetía lo sucedido una y otra vez.
Mientras Adán estaba rodeado de montones de fotos, documentos y posibles compras… Todo estaba sobre su escritorio.
—Después de una exhaustiva investigación, hemos descubierto que la propiedad de Venezuela tiene yacimientos de petróleo que emana por debajo de sus tierras.
—¿Qué?
—¿Cómo lo han descubierto?
—¿Está confirmado?
—¿Por qué nos enteramos hasta ahora?
Las preguntas surgían mientras el asesor principal le mostraba videos de la propiedad y toda la seguridad que de inmediato decidió brindarle al lugar.
—¿Los alcances salen de nuestros primeros?
—No lo sabemos aún, pero esas tierras pertenecían a su abuelo materno y él se encargó de comprar todos los perímetros cercanos.
—Bien. ¿Qué es lo siguiente? —preguntó Adán muy interesado en todo el tema.
—Lo mejor es que se presente en persona y desde el lugar debemos elegir lo más conveniente. Sobra decir que ya tenemos propuestas tocando a la puerta.
—No quiero viajar —se negó Adán de inmediato —Tampoco tengo conocimiento sobre el tema, así que pienso que ir hasta allá solo sería una pérdida de tiempo.
—De no presentarse todo el proceso será más lento y estamos hablando de millones de dólares, señor.
Las propuestas y diferentes medidas a tomar extendieron la reunión robando todo el tiempo de Adán, pues como estaban reunidos decidieron aprovechar la oportunidad y tocar temas inconclusos, haciendo que la reunión se extendiera.
Ya era medianoche y Luna esperaba con ansias un mensaje o alguna llamada, pero no sucedía y ella se quedó durmiendo, solo que no fue mucho lo que pudo descansar, ya que dos horas después las fuertes vibraciones de su celular la despertaron.
—Hola —contestó la llamada en voz bajá para que su madre no se enterara de que estaba despierta.
—Perdón por no llamar, pero mi reunión acaba de terminar, las cosas se salieron de mis manos.
—Entiendo.
—No creo que lo hagas. Todo mi cuerpo reclama tu presencia y ahora me siento solo. ¿Puedo ir a buscarte?
—¡No, estás loco! Ya mi madre y mi hermana están durmiendo, si salgo de la casa estaría interrumpiendo su descanso.
—Te quiero comer.
Esas palabras la hacían vibrar y aunque sabía que solo era el inicio de un juego, ya había decidido jugar.
—¿Cómo lo hiciste en la tarde?
—¡Sii! —respondió como gemido, mientras al cerrar sus ojos imaginaba la perfección de la desnudez de la chica. —Escapa y terminemos lo que no pudimos hacer en la tarde.
—Son más de las 2:00 de la mañana y no quiero que mi madre se preocupe al salir de casa a esta hora.
—¿Qué te hizo aceptarme? ¿Por qué entregarme a mí tu pureza?
—No tengo la respuesta, pero sí el deseo.
—No soy el Romeo que sueñas para tu vida.
—¿Qué sucede? ¿Te has arrepentido?
—Todo lo contrario, mis deseos están tan fuertes que salgo y te secuestro por días sin dejarte escapar de la cama.
—Suena delicioso.
—¡Sí! —de inmediato lo imaginó y no pudo dejar de morder su labio inferior —No quiero tenerte solo una noche y en dos días salgo de viaje por motivos de negocios y no tengo una fecha de regreso.
Esas palabras golpearon el corazón de Luna, pues de solo escucharla ya lo extrañaba —Entonces podemos concluir con lo del contrato a tu regreso.
—No, quiero que viajes conmigo y tengamos sexo por todos lados.
—Pero dices que se trata de un viaje de negocios.
—No me importa nada y en este momento estás en primer lugar. Arregla tus cosas y viaja conmigo a Venezuela.
—No puedo, como bien sabes, mi madre no se puede quedar sola con mi hermana debido a sus ataques epilépticos repentinos.
—Le pondré una enfermera que esté pendiente de ella, ven conmigo por favor. Ayúdame a apagar este fuego que se mantiene encendido a todas horas.
—No puedo, de verdad no estaría tranquila, estando lejos y sin una fecha de regreso.
—Te deseo tanto, Luna…
Luna susurraba para no despertar a su madre, mientras su deseo estaba encendido, solo imaginaba estar en su cama siendo tocada y besada una vez más. Nada era suficiente y solo quería que el siguiente encuentro se hiciera posible, ellos quedaron durmiendo sin terminar la llamada, ya que ambos se negaron a cerrar.
—Buenos días, hija. Se te hará tarde para ir al trabajo y ya el señor que viene a recogerte está allá afuera.
Luna saltó de la cama y cuando observó su celular estaba muerto por la batería. —¿José ha venido por mí? ¿Qué hora es?
—Así es, te espera hace un rato, falta poco para las 8:00. Hoy ha venido más temprano que de costumbre y estoy pensando en brindarle café.
—Sí, madre, por favor, dile que pronto estaré lista.
Ella tomó un baño y limpió bien su piel, pensaba que cualquier cosa podía suceder y ella quería estar preparada con un delicioso aroma. Cuando se vistió y secó su cabello, revisó su celular y encontró un mensaje.
Mensaje: Te he hecho un regalo y para que los disfrutes tiene la mañana libre, pero quiero que tengas muy claro que la noche me pertenece y no pienso dejarte ir hasta el siguiente día.
Es que con solo leer sus mensajes podía sonrojarse y sentirse apenada. Era un choque fuerte de emociones, dónde siempre estaba presente el miedo.
—Buenos días, señorita. Mi jefe desea que la lleve junto a su familia a un lugar.
—¿Eso es para la sorpresa de la que me habló en el mensaje?
Él solo asintió y después de todas estar listas y abordar el vehículo, José los transportó a un hermoso apartamento. Luna quedó fascinada con el lugar y más porque su trabajo le quedaría más cerca.
El apartamento era bastante grande y lujoso, los espacios estaban detallados y la madre de Luna no podía creer que viviría en ese lugar, dónde por primera vez tendría su propia habitación y una enorme sala de estar.
—Aquí está el título de propiedad. Mi jefe desea que los firmes y él se va a encargar de lo demás.
Ella firmó con lágrimas en sus ojos, todo lo obtenido era demasiado para ella, y ese apartamento era algo que pensaba inalcanzable.
—¡No lo puedo creer!
—Te había dicho sin temor a equivocarme que eres privilegiada y después de conocerte mejor pienso que mi jefe también lo es al encontrarte en su camino. Ahora las llevaré de regreso para que organicen todo y cuando lo deseen se instalen en este lugar.
Luna y su familia estaban felices por su nueva y acogedora casa. Cómo no tenían muchas cosas que empacar, ya que el apartamento estaba equipado con todo. Al mediodía habían trasladado sus pertenencias a su nueva casa.
—Gracias hija, me has cumplido un sueño antes de morir. —ella era feliz solo con su espaciosa habitación.
Luna observó a su madre con los ojos vidriosos. —No quiero que menciones la muerte. Ahora podemos terminar tu tratamiento y muy pronto estarás sana para seguir disfrutando de tus sueños realizados.
—Todo esto te lo debo de agradecer a ti, pues como dijo Estrella, tu meta y único objetivo en la vida es tener a tu familia sin necesidades.
—Para eso soy tu hija, y estoy segura de que si todo fuera al revés y yo fuera la que pareciera tu condición, jamás dejaría de luchar para sacar adelante a tu hija.
Ella acarició el rostro de su hija. —Gracias por permanecer a mi lado sin quejarte.
Ella la abrazó y le mostró afecto, en ese momento entró Adán y fue testigo del emotivo momento.
—Qué bueno es encontrarlas felices, eso solo quiere decir que sí les gustó el regalo.
Él se acercó y sin importar que estuviera presente José y la señora Sarah, besó con delicadeza los labios de Luna. Ella al sentir sus labios se sonrojó como ya era una costumbre debido a la vergüenza.
—¡Adán!
—¿Qué? ¿No quieres que tu madre sepa que somos una pareja?
—Tranquila, hija. Felicidades —ella se acercó y sostuvo sus manos. —Tienes para ti a mi mayor tesoro, solo te pediré que la cuides.
Adán observó a Luna y se encontró con la tristeza marcada en su rostro sonrojado.
—Luna tiene una hermosa familia y estoy muy seguro que amor no le faltará.
Sarah con mucho cariño recibió a Adán y tuvieron una conversación amistosa. Él se sentía tranquilo en aquella casa llena de afecto y paz familiar.