Y otra vez se encontraban. Era demasiado haberlo encontrado en su casa, en la empresa de su padre y ahora estaba en la escuela. De no ser porque ella no creía en esas cosas, pensaría que el destino le estaba haciendo una broma de muy mal gusto. ―Vamos señorita de cabello anaranjado ―murmuró Ferdinand mientras se colocaba frente a la pizarra, ―ofrece disculpas o presentaré un reporte por discriminación. Serene estaba irritada, su hígado estaba a nada de colapsar. ―Joven Cordier, lamento mi mal comportamiento ―comentó Serene sin un ápice de honestidad en sus palabras, pero eso era suficiente para Ferdinand. El chico se integró a sus compañeros más rápido de lo que pensaba, para su sorpresa todas las chicas ahí resultaron ser muy amables con él al ir a buscar una banca vacía para que pudi

