Samantha: Diez días sentada en esta cama y ya sentía que de mi cuerpo iban a salir ramas. Suspiré y dejé el libro que estaba leyendo, en la mesita de noche de la habitación. Durante estos días, Alexander había sido muy atento y amable conmigo, siempre estaba pendiente de todo lo que necesitaba y mucho más… No habíamos podido tener contacto físico por obvias razones, pero siempre venía a darme los buenos días con uno de sus maravillosos besos y luego en la noche se despedía con otro, devorándome como si no hubiera un después. Esto solo me hacía estar más anhelante, mi cuerpo ya lo necesitaba y era una tortura total. Cada vez que lo veía con esa bata de hospital, a mi mente llegaban pensamientos inapropiados. Quería que me hiciera suya en este hospital sin importar las consecuencias. “D

