Allí estaba, el cuarto jinete del apocalipsis bajando las escaleras de su casa.
No obstante, Megan no podía dejar pasar por alto lo diferente que se encontraba. Apenas lo reconocía por un lunar que tenía cerca de su pómulo, el cual llevaba desde muy pequeño. Además de eso, su presentación ante ella no le dejaba concentrarse demasiado en su odio: se encontraba sólo con una toalla rodeando su cadera mientras su torso desnudo dejaba caer pequeñas gotas del agua de ducha que aún mantenía en su húmedo cabello.
Megan podía asegurar que era la primera vez que le veía tan atlético, incluso a pesar de que era un deportista antes de mudarse. Pues jamás se le había cruzado siquiera por un milisegundo verlo de otra manera, como en ese momento.
No obstante, este fue un pensamiento fugaz que se esfumó rápidamente de su cabeza haciéndola caer a tierra.
Él se paró frente a ella, haciéndola notar además, que había ganado unos cuántos centímetros de altura desde la última vez que le había visto, Hacía unos tres años. Allí mismo, el culpable de todos sus traumas deslumbró una juguetona sonrisa mientras miraba a la morena.
_Megan.-Mencionó relamiendo sus labios.- qué gusto verte.
_Desearía decir lo mismo de ti, Luke.-Replicó ella con una falsa sonrisa.
_Oh, sí.-Interrumpió su hermano, provocando que ambos le miraran. Rápidamente señaló a Luke.- Se me olvidó decirte que ha venido mientras dormías.
_Te veo un tanto diferente, ¿Estoy en lo correcto?
Preguntó él, en un tono lento y calmo. Ella lo miró desconcertada, levantando sus hombros mientras se daba una mirada a sí misma.
_No lo sé, han pasado un par de años. Supongo que sólo he crecido.
_Es posible.-Mencionó él de manera dubitativa.- Pero de todas formas me refería al hilo de saliva que aún brilla en tu mejilla.
Señaló él con su dedo índice, tocando su rostro. Acto seguido se escuchó la gran carcajada de su hermano explotando detrás de ella. Contagiado por las risas, Luke soltó una sonrisa burlona hacia ella, quien rodó sus ojos con fastidio mientras abandonaba el lugar.
Había sido sólo cuestión de minutos para que volviese a ver al mismo Luke que conocía desde siempre.
_Tranquila, cuatro ojos. Sólo era una broma.
Comentó Luke a sus espaldas, mientras Megan decidía ignorarlos en tanto subía por las escaleras. No obstante, a medio camino hacia su habitación, su padre decide hacer aparición por la puerta principal. Bajo un silencio, observa todo el panorama dándose cuenta casi al instante de lo que ocurría.
_Oh, veo que ya has conocido a la visita, Megan.-Comentó su padre algo sarcástico, al ver el rostro sin paciencia de su hija.
_Si me dejabas cinco minutos más, le hubiese dado una gran bienvenida.-Respondió ella en un mismo tono sarcástico, provocando que su padre negara con su cabeza.
_No se preocupe, señor Díaz. Prometo ser de la menor molestia posible en los días que me esté quedando aquí.
La morena podía observar aquella mirada de cachorro que le estaba haciendo Luke a su mismísimo padre, el cuál era el único capaz de creerse ese papel de inocencia.
_No te preocupes muchacho, considérate como en tu hogar.
_Sí, pero no tanto.
_Megan.-Reclamó su padre, mirando con desapruebo su comentario.
Luke caminó hasta el primer escalón, acercándose a Megan.
_Espero nos podamos llevar más que bien durante esta convivencia, Meg. Sin rencores del pasado.-Comentó mientras extendía su mano hacia ella para que la estrechara.
Ella lo miró con desdén, mientras veía como le guiñaba un ojo y ocultaba aquella sonrisa maliciosa entre sus carnosos labios. Sin estar dispuesta a dar el brazo a torcer, la joven sólo dio media vuelta y se dirigió a su cuarto.
Aún sin mirarle, sabía que su padre estaba reprochando seguramente su accionar, pero no caería ante las mentiras de aquel energúmeno, que conocía desde toda su vida.
Una vez en su habitación, se tiró a su cama y puso una película para distraerse de todo lo que había vivido en el día. No obstante, en cuanto la película había llegado a los diez minutos de transmisión, Megan volvió a caer profundamente dormida.
No se despertó sino al otro día, debido a golpes incesantes en su puerta. Aún algo somnolienta, se puso de pie y abrió, encontrándose con una inesperada sorpresa.
Luke se encontraba de pie frente a su puerta, sin camiseta y con una fina capa de sudor cubriendo su piel y resaltando su atlético cuerpo. En cuanto Megan abrió la puerta, éste le miró con una pequeña sonrisa entre sus labios.
La morena observó horrorizada y perpleja la escena, pensando en que si su padre veía eso seguramente lo mataría a él, y a ella la mandaría al centro de monjas más cercano.
_¿Me dejas ducharme en tu baño?-Preguntó él, casi respondiendo a la cantidad de preguntas que se asomaban en la cabeza de la joven.
_Existe un baño al final del pasillo.
Él asintió en acuerdo.
_Lo sé, pero lo está ocupando tu hermano. Es que volvimos de correr y realmente necesito asearme.
Comentó mientras se señalaba a sí mismo, provocando que quizás Megan terminara mirando (un tanto más de lo que debía) su torso desnudo. En respuesta ella rodó sus ojos, mientras observaba por el pasillo de las habitaciones que su padre no estuviese rondando cerca. Rápidamente tiró de su antebrazo metiéndole dentro de la habitación y cerró la puerta detrás suyo.
_Que sea rápido.
Megan observó como una pequeña sonrisa se dibujó sobre los labios de él, mientras asentía con su cabeza.
_Gracias. -Comentó él por lo bajo, caminando hacia el sanitario.
_No me agradezcas aún. Si mi padre nos ve a ambos aquí, estamos oficialmente muertos.
A pesar de la distancia, pudo oír como él soltó una pequeña risa al escucharla.
_Eso sonó algo exagerado de tu parte.
_Me lo dicen seguido.
Respondió ella sin mucha emoción, lanzándose nuevamente a su cama para ver la hora en su reloj de la repisa, el cuál indicaba que eran las seis de la mañana. Lo suficientemente temprano aún para ir a la escuela, aunque ya demasiado tarde para volverse a dormir. Fastidiada por esto, rodó sus ojos mientras hacía un esfuerzo por mover su cuerpo hacia su vestidor, en dónde elegiría qué vestir el día de hoy.
Observando a través de su ventana que parecía darse un día soleado, se debatió entre un vestido de flores y una blusa color miel que parecía acorde al clima. Pensando en cuál vestir, sostuvo las dos perchas entre sus manos mientras divagaba por sus propios pensamientos, casi olvidándose de la presencia de Luke allí.
Al menos, hasta que escuchó su voz más cerca de lo esperado.
_Creo que tu ducha tiene problemas con el agua caliente.
Ella se giró, saliendo de sus propios pensamientos para escuchar las quejas que su nuevo invitado tenía para otorgar. Allí, le vio frente a ella con tan sólo una de sus delicadas toallas colgando de sus caderas, mientras él sostenía su ropa sucia en la mano. De la misma sorpresa, Megan soltó ambas perchas de ropa, dejándolas caer al suelo. No fue sino segundos más tarde que pudo reaccionar ante esto, mientras Luke le observaba con una pequeña sonrisa cómica.
_Maldita sea, ¿Por qué te me apareces así?-Comentó ella con fastidio mientras recogía la ropa del suelo.