bc

Me enamoré de mi secuestrador

book_age18+
40
FOLLOW
1K
READ
HE
badboy
mafia
drama
like
intro-logo
Blurb

Elena creció creyendo en el amor... En el amor tranquilo de sus padres, en las miradas que lo dicen todo, en una familia que parecía perfecta. Nunca dudó de su vida… hasta que un desconocido comenzó a aparecer una y otra vez en su camino.

Él es mayor, misterioso, intenso. La observa como si ya la conociera.

Y cuando pronuncia su nombre sin que ella se lo diga, algo dentro de Elena se quiebra.

Días después, despierta lejos de casa. Su secuestro no es un acto de crueldad al azar, sino el inicio de una verdad que nadie le contó, el pasado de sus padres, un mundo del que lograron huir gracias al amor… pero que nunca desapareció del todo.

Entre el miedo y la confusión, Elena se enfrenta a sentimientos imposibles de ignorar, a un vínculo peligroso y a un hombre que no debería significar nada para ella… pero lo significa todo.

Porque el amor puede salvarte... Y también puede ser tu mayor condena.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1:Una vida "perfecta"
Narra Elena Siempre he creído que mi vida es tranquila. Demasiado tranquila, incluso. Crecí escuchando historias de amor contadas en voz baja, de esas que no necesitan dramatismo porque ya lo tienen todo, estabilidad, ternura, constancia. Mis padres nunca fueron exagerados con sus demostraciones, pero tampoco las ocultaron. Mis padres siempre dijeron que las historias importantes no se olvidan, que se transforman en recuerdos que uno lleva como si fueran propios, incluso cuando no los vivió. Creo que por eso la historia de amor de mis padres vive dentro de mí como si hubiera estado allí, como si hubiera visto cada gesto, cada mirada, cada decisión que los llevó a elegirse. Crecí escuchándola. No era un cuento de hadas perfecto, pero sí uno honesto —o al menos eso creí siempre—. Mi madre decía que el amor no llega cuando todo está listo, sino cuando uno menos lo espera. Mi padre sonreía, la miraba como si todavía se sorprendiera de tenerla, y asentía en silencio. Según ellos, se conocieron lejos de casa. En un país que no era el suyo, en un momento de sus vidas en el que ambos estaban se necesitaban de maneras distintas. Mi madre había viajado sola por primera vez, sin saber que se enamoraría. Mi padre había dejado atrás una vida que no lo hacía feliz, creo que era algo con su padre, nunca habla de eso. Nunca entraban en detalles. Decían que se encontraron cuando ninguno buscaba nada. Que fue una casualidad. Un café pequeño. Un cruce de miradas. Una conversación torpe que empezó con algo simple —el clima, un libro, una canción— y terminó cambiándolo todo. —No fue amor a primera vista —me decía mamá—. Fue reconocimiento. Yo imaginaba esa escena una y otra vez. Mi madre sentada junto a una ventana, con una taza caliente entre las manos. El cabello suelto, los ojos cansados pero atentos. Mi padre entrando al lugar, alto, serio, con esa forma suya de observar el mundo como si siempre estuviera midiendo riesgos. Lo veía detenerse al verla, no porque fuera la mujer más hermosa del lugar, sino porque había algo en ella que lo hacía quedarse. —Tu padre siempre dice que yo lo miré como si no le tuviera miedo —agregaba ella—. Y eso fue lo que lo desarmó. Me gustaba pensar en eso. En un hombre fuerte, reservado, encontrando refugio en una mujer que no huía de él. Decían que al principio no fue fácil. Que ambos tenían silencios demasiado grandes, heridas que no sabían cómo explicar. Que hubo días en los que pensaron que lo mejor era separarse, seguir cada uno su camino. —Pero había algo —decía papá—. Algo que no nos dejaba soltarnos. Según él, fue mi madre quien lo enseñó a vivir despacio. A disfrutar lo simple. A creer que podía existir una vida distinta, una que no estuviera marcada por decisiones duras ni por renuncias constantes. —Ella me enseñó que la paz también puede ser una elección —repetía. Y yo me quedaba con esa frase grabada como una verdad absoluta. Siempre pensé que mis padres eran la prueba de que el amor puede salvarte sin hacer ruido. Sin dramatismos exagerados. Sin grandes promesas. Solo estando. Decían que se enamoraron en los pequeños gestos. En las caminatas largas sin rumbo. En las cenas improvisadas. En aprender a confiar de nuevo. En descubrir que el pasado no tiene por qué definir el futuro. Cuando yo nací —eso también lo contaban—, mi padre lloró por primera vez sin vergüenza. Mamá decía que lo vio sostenerme como si tuviera el mundo entero en los brazos, como si en ese instante hubiera entendido todo. —Ese día supe que había elegido bien —decía ella—. No solo como hombre, sino como padre. Siempre escuché esa historia como quien escucha algo sagrado. Algo que no se cuestiona. Nunca dudé de ella, nunca me pregunté qué partes estaban incompletas. Qué silencios no se nombraban. Qué verdades habían quedado fuera para protegernos a mi hermano y a mí. Para mí, ellos eran solo eso, dos personas que se encontraron, se amaron y construyeron una familia lejos del ruido del mundo. A veces, cuando los veía juntos —mamá apoyando la cabeza en el hombro de papá, papá besándole la frente con una ternura que parecía intacta—, pensaba que algún día quería algo así. Un amor que no gritara, que no doliera, que no exigiera perderse para existir. Por eso, tal vez, cuando alguien se me acerca ahora y algo en mi interior se tensa, lo siento como una advertencia. Como si esa historia que me contaron me hubiera enseñado a escuchar lo que no se dice. Mis padres siempre afirmaron que el amor verdadero no se impone. No presiona. No incomoda. —Si alguna vez dudas —me dijo mamá una vez—, aléjate. El amor no nace del miedo. Yo asentí sin saber cuán profundamente esas palabras se quedarían conmigo. Hoy, sentada con un libro abierto frente a mí, pienso en ellos. En esa historia que me formó. En ese refugio que creí inquebrantable. Y, aunque no lo sé todavía, algo dentro de mí empieza a preguntarse si todas las historias son completas… o si algunas están destinadas a revelarse solo cuando llega el momento correcto. Porque el amor, como la verdad, siempre encuentra la forma de salir a la luz. Y yo aún no imagino cuánto está a punto de cambiar mi mundo. Se toman de la mano cuando caminan. Se buscan con la mirada cuando creen que nadie los observa. Mi madre sonríe antes de dormir, porque mi padre siempre le besa la frente como si fuera un ritual sagrado. Yo crecí pensando que eso era lo normal, mi papá se llama Lucca. Es un empresario respetado, reservado, con una mirada que parece leerlo todo. Para el mundo es un hombre sereno; para mí, es simplemente papá. Protector hasta el extremo. A veces demasiado. A veces sofocante. Pero nunca ausente. Mi mamá, Camila, es el corazón de esta familia. Tiene una dulzura firme, como si hubiera aprendido a ser fuerte sin dejar de ser sensible. Cuando me mira, siento que todo está bien. Siempre. Tengo un hermano menor —un torbellino creativo, inquieto, brillante— y una casa que se siente hogar incluso en silencio. Por eso, a veces me pregunto si la perfección existe… o si simplemente hay verdades que aún no conozco. Hoy estoy en el café de siempre, cerca de la biblioteca central. Vengo aquí cuando quiero estudiar lejos de casa, cuando necesito fingir independencia antes de empezar la universidad. El lugar huele a libros viejos y café tostado. Me gusta sentarme junto a la ventana, donde la luz cae de lado y nadie me molesta. Estoy leyendo un libro que habla de destinos cruzados y decisiones irreversibles. Levanto la vista solo cuando siento una sombra detenerse frente a mi mesa. —Ese libro… —dice una voz masculina— no es tan inocente como parece. No levanto la mirada de inmediato. Algo en el tono me incomoda. No es grosero. No es invasivo. Es… seguro de sí mismo. Demasiado. —Tiene razón —respondo, cerrando el libro con calma—. Por eso me gusta. Ahora sí lo miro. Debe tener unos veintisiete años. Alto. Atractivo sin esfuerzo. Rasgos definidos. Ojos oscuros que no sonríen, aunque su boca sí lo haga. Viste bien, pero no de manera ostentosa. Todo en él parece calculado para pasar desapercibido… y aun así llamar la atención. —No muchas personas lo entienden —dice, tomando asiento sin pedir permiso—. La mayoría se queda con la historia superficial. Mi cuerpo se tensa. —No recuerdo haber pedido compañía —contesto, manteniendo la voz firme. Él inclina la cabeza, como si eso lo divirtiera. —Perdón. Costumbre. —Hace una pausa—. Es raro ver a alguien tan joven leer algo así por gusto. Ahí está. El juicio envuelto en halago. —Es raro asumir cosas sin conocerlas —respondo. Por primera vez, su sonrisa se apaga apenas un segundo. Lo suficiente para notarlo. —Tienes carácter —dice—. Eso puede ser peligroso… o muy valioso. Algo en mi estómago se revuelve. No es miedo… Es intuición. —Creo que ya terminé mi café —digo, tomando mis cosas. —¿Cómo te llamas? —pregunta, rápido. Dudo. No sé por qué. Nunca me ha pasado. —Prefiero no decirlo. Me pongo de pie. Él también lo hace, sin tocarme, sin bloquearme el paso… pero demasiado cerca. —Nos volveremos a ver —afirma, no como una pregunta, sino como una certeza. Lo miro directo a los ojos. —No lo creo. Camino hacia la salida sin mirar atrás, pero siento su mirada siguiéndome hasta que cruzo la puerta. El aire frío me golpea el rostro y respiro hondo, como si acabara de salir de un lugar cerrado por demasiado tiempo. Mi teléfono vibra, veo la pantalla y veo que dice “papá” ­—¿Dónde estás? Sonrío, aliviada. —En el café. Ya voy a casa. —Te espero. Guardo el teléfono y empiezo a caminar. Intento convencerme de que fue solo un encuentro extraño, nada más. Que no significa nada. Pero algo dentro de mí —algo que no reconozco todavía— susurra que hay miradas que no llegan por casualidad, que hay personas que aparecen cuando una historia está a punto de cambiar. Y sin saberlo, acabo de cruzarme con el primer eco de un pasado que mis padres enterraron… pero que aún respira.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
57.9K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.4K
bc

Bajo acuerdo

read
48.8K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
9.2K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
221.2K
bc

Tras Mi Divorcio

read
575.8K
bc

Después del divorcio, me gané la lotería de Navidad

read
1.8K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook