Aunque Isabella podía sentir la incomodidad de la princesa por tener que rebajarse a su nivel, aceptó porque el rey así lo deseaba, además sentía como una ligera competencia entre ellas por la atención del rey, aunque no estaba en sus planes hacerla sentir mal. — Desde luego, su majestad, si la princesa no tiene inconveniente de compartir conmigo el piano, por supuesto — Te agradezco mucho, en verdad — dijo la princesa colocándose al otro lugar en el piano, aunque se mostraba alegre y agradecida, por dentro sentía asco de tener que sentarse junto a la sirvienta esa. — Lo mejor que puede hacer para poder tocar el piano, es cerrar los ojos y dejar que las notas fluyan desde lo más profundo de sus sentimientos... — explicaba Isabella, mientras el rey prestaba atención solamente a una de e

