Después del almuerzo, Isabella volvió a su habitación para intentar controlar sus sentimientos, pues los celos de ver a la princesa tan cerca del rey, de su rey, sólo le estaban provocando unas ganas enormes de informarle a la señorita, lo mujeriego que es Vladimir, pero si hacía eso sólo se metería en problemas y el rey no la vería con buenos ojos, además, él podría ser juzgado por el rey Alberto y aún más por el Gran Duque Oscuro provocando solamente problemas mayores. A fin de cuentas ella no era nadie para tratar de alejar a la princesa del rey y no tenía voz ni voto en ninguna de sus relaciones. Mientras tanto, Victoria aprovechaba cada momento para estar al lado del rey, quien se había incomodado por el beso. — Victoria, me gustaría hablar contigo — Desde luego, Vladimir, y ya sé

