Luego de escuchar las palabras entre Miguelina y el rey, algo en su corazón se sentía estremecer, era como una esperanza de que ese hombre gruñón y egoísta algún día lograría mostrarse ante el mundo como lo que realmente es, un joven ansioso de afecto y comprensión con el corazón más grande que cualquiera pudiese imaginar. Pronto se percató que debía regresar, pues esperaban el rey esperaba el anuncio de la cena, respiró profundo para disimular sus sentimientos encontrados y tocó a la puerta antes de entrar, como normalmente lo hace, al escuchar el sonar de la puerta, el rey y Miguelina tomaron una posición normal de rey y empleada, en la que ella recibía ciertas órdenes.
— ¡Adelante! — exclamó el rey dejando pasar a Isabella
— Sí, señor, yo me encargo de supervisar todo en la fiesta — menciona Miguelina y se aleja de él, pero sin salir de la habitación
— Buenas noches, señor, vine a informarle que la cena está lista, ¿desea que le sirva en el comedor o aquí, en su habitación?
— Bajaré al comedor en un momento — indicó el rey con amabilidad
— Excelente, con su permiso
Isabella sale de la habitación cerrando la puerta nuevamente, sabe que falta aún la bendición de Miguelina hacia su querido rey, ese niño al que tanto disfruta consentir. Su sonrisa es genuina y cuando el rey llega al comedor, ella no puede evitar sentir ternura, aunque sabe que para compensar esa escena en su habitación, ahora se mostrará aún más gruñón, pero no le importa, ahora no le importa, ni siquiera siente el miedo que antes le erizaba la piel al escucharlo gritar y amenazar.
— ¡Isabella dijiste que la cena ya estaba lista y no es verdad! — Ahora ella debía mostrarse temerosa ante los demás, aunque realmente sólo lo disfrutaba.
— Sí, señor, es que... — intentaba explicar inventando algo, pero Miguelina intervino
— Fue mi culpa, olvidé agregarle el cilantro al caldo y me pareció una aberración servirlo de tal manera, pero mientras espera, Isabella podría servirle el té, su majestad — Vladimir comprendió que Miguelina quería proteger a Isabella aunque seguía sin entender porqué todos le tenían tantas consideraciones
— Bien, sirve...
Isabella lo miraba sintiendo que el cielo era tocado por sus pies, ese nuevo nuevo sentimiento que empezaba a surgir en ella le atemorizaba, pues creía que sólo le traería tristeza y dolor el verlo casarse con la Duquesa Oscura, la misma de la que casi nunca le escuchaba hablar, al mismo tiempo se preguntaba si realmente la amaba, ya que no mostraba señales de ese sentimiento, en su cabeza tornaban tantas preguntas sin poder responder a ninguna.
El día anterior a la fiesta, Alaisa vio acercarse la carreta de la duquesa oscura, corrió a informarle a los demás para que estuvieran preparados. Isabella, como siempre aprovechando cada momento para escribir en su diario sus más profundos sentimientos al respecto, "hoy llega ella, la que será su esposa, la compartirá con él el resto de su vida"... se leía en sus letras.
El rey, quien se preparaba en su habitación, fue interrumpido por Esperanza.
— Su majestad, vengo a informarle que su prometida viene llegando, Alaisa acaba de ver la carreta de la Duquesa Oscura aproximándose al palacio, por lo que necesito sus indicaciones para recibirla adecuadamente.
— Solamente deben hacer una reverencia frente a ella y yo me encargaré de lo demás — respondió el rey sin sonrisa ni emoción.
Esperanza avisó a todo el personal las órdenes del rey y todos esperaban en la puerta principal del palacio para recibirla, incluyendo al rey Vladimir, en cuanto la Duquesa y su padre bajaron de la carreta, todo el personal hizo la reverencia, todos excepto Isabella, quien no se enteró nunca de esa indicación. El rey la observó mientras intentaba contener la reacción de su prometida y de futuro suegro.
— ¡Alondra, querida! — expresó el rey tratando de minimizar la irreverencia de Isabella — Al fin llegan, estaba tan impaciente por verte, querida. — el rey la toma de la mano y se dirige al personal — Ella es mi prometida, la Duquesa Oscura Alondra de Álamo y su padre, el Gran Duque Oscuro, Sebastián de Álamo, ¡Bienvenidos sean!
— Gracias por tan grato recibimiento, futuro yerno — pronunció el duque mientras su hija observaba a Isabella de pies a cabeza con desprecio
— Te extrañé, querido y tú de seguro contaste los días para volver a verme — expresó ella
— Uno a uno, sin duda — responde el rey
— Quiero presentar mis condolencias por su reciente pérdida, — expresó el Gran Duque — debe haber sido un golpe muy duro para usted, su majestad
— Por favor, suegro, estamos en confianza y no necesitamos tanta formalidad
— Pero es tu reino, debo inspirar respeto si queremos que los demás lo hagan — dijo refiriéndose a Isabella
— Te aseguro que así es
— Yo no estaría tan segura de eso — mencionó Alondra mirando fijamente a Isabella
— Permítanme presentarles a Isabella, mi hermana — Isabella tragó saliva al escuchar estas palabras sin atreverse a desmentir a su rey
— ¿Tu hermana? — cuestionó Alondra
— Así es — mi padre bondadosamente la adoptó desde niña al quedar huérfana
Nadie que viviera en el palacio esperaba esa declaración, mucho menos Isabella, pero ella sabía que no debía contradecir las palabras del rey frente a sus visitantes, por lo que continuó con el juego del rey pacientemente.
— Ah, una recogida, entonces — expresó Alondra — Vladimir, eres tan compasivo, querido, por eso te amo tanto — dijo queriendo causar una buena impresión a su amado, pero recalcando el rechazo que sentía hacia Isabella.
Isabella en silencio ocultaba el rechazo proveniente de esa mujer, podía sentir su mirada sobre ella y el desprecio que le expresaba, pero no podía hacer nada al respecto.
Vladimir también sentía que su novia despreciaba a Isabella y no estaba dispuesto a permitir que le faltaran al respeto, aunque para ello debería actuar de manera autoritaria para hacer respetar su voluntad.
— Miguelina, por favor que sirvan el buffet de bienvenida — solicitó el rey
— Sí, señor — respondió Miguelina
— Isabella, por favor, acompaña a Miguelina, quiero que supervises que todo esté en orden
— Desde luego — respondió ella y se dispuso a seguir las órdenes, aunque ahora no sabía cómo debía dirigirse a él.
Ya en la cocina, Miguelina le dijo a Isabella todo lo que debía hacer durante el buffet, pues debería acompañarlos como la hermana del rey, parte de la familia. Afortunadamente, Isabella sabía perfecto cómo comportarse en sociedad, por lo que no tuvo problema con ello, lo único que no le agradaba era tener que soportar las groserías de la duquesa.
— Y dime, Isabella, ¿tienes algún talento? — preguntó el Gran Duque
— Solamente, me gusta tocar el piano — respondió ella con amabilidad
— Isabella es muy modesta, toca el piano y canta hermoso, su dulce voz es la alegría del palacio — expresó el rey
— Siendo así, deberías demostrarnos tu talento en el evento de mañana — injirió Alondra con recelo
— Para mí sería un gran placer
— Entonces no se diga más, mañana contaremos con tu talento, querida.
El rey sabía que Alondra no tenía otras intenciones más que las de dejar en ridículo a Isabella, lo que ella no sabía, es que realmente era una joven muy talentosa que le haría tragar sus palabras.
— ¿Y tienes planes a futuro, Isabella? — cuestionó el Duque tratando de entablar una conversación más profunda
— Casarme y agrandar la familia — respondió dejando salir una gran sonrisa
— Isabella está comprometida — intervino el rey
— Debe ser un buen mozo — mencionó Alondra intentando humillarla
— Es un gran comerciante, el mejor del reino — aclaró
— Muy bien por ti, esperamos conocerlo pronto
— Sabía que dirías eso, querida, — comentó el rey — por ello, lo invité a la fiesta de mañana, sé que no tienes inconvenientes
— Querido, tú siempre adivinas mi pensar, por eso sé que somos tal para cual — aunque realmente sí le molestaba, fingía que no para quedar bien el rey respetando sus decisiones.