Los pasos agitados de alguien que corría por el pasillo, bajo las escaleras y llego hasta la puerta se escucharon por toda la casa, Ámbar tratando de abrirla, pensaba que todos aún dormían, podía ser una oportunidad de huir rendirse no estaba en sus planes. Aún el cielo era oscuro y la habitación necesitaban de luz para ver por dónde andar. Pero la puerta no se abrió --¿A dónde vas …Ámbar?- en la penumbra de la recepción de pie detrás de ella estaba D’angelo con una taza de café, eran pasadas las cinco de la madrugada y el ya estaba con una frescura encantadora. Unos pantalones deportivos y una playera ajustada a su cuerpo indicaban que volvía de correr o de hacer ejercicio. --Necesito aire, me estoy volviendo loca quiero salir al jardín -- su actitud desesperada daba fe de su enmascarad

