Era un calor envolvente el que D’angelo desprendía de su cuerpo ella cerró sus ojos deseando con tantas fuerzas sentir el tibio toque de sus labios, algo dentro de ella la quemaba por el deseo de que el la tomara. De la nada se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y que era una mujer que apenas había perdido a su marido un par de meses. --¡¡D’angelo!!—exclamó sosteniendo su peso firmemente sobre sus pies y alejándose de él. --¿¡Es que no se fija donde camina!?—recriminó con enfado le dio la espalda un arranque de locura lo estaba controlando. Pero lo sucedido no podía evitar que ella habrá con él, con su rostro enrojecido insistió no volvería a verle a los ojos durante la conversación. --Señor, deseo hablar con usted debemos llegar a un acuerdo. --¿Acuerdo?—Êthän acepto escuch

