Capitulo 5
Rossini estaba sobre Fabián, sujetando las manos peleando por el arma cuando logro arrebatarla de su poder le dio un tremendo golpazo en la nariz con el codo haciéndolo caer al piso
--¡¡Par de imbéciles!!- grito Rossini dando además una patada al hombre gordo en el piso. Se fue sobre Víctor y le soltó un puñetazo en el pómulo derecho, este tenía la cara muy dura, Rossini sacudió su mano ante el reflejo de dolor. Lo tomo de la camisa y lo aventó contra la pared
--Van a tener muchos problemas y no precisamente con la policía. Levántate pedazo de carne sin sesos – al ponerlo de pie observo una pequeña bolsa de compras y unas pequeña prendas de colores pastel, la levantó no pudo evitar que se ensuciara un poco.
Enseguida hizo ponerse de pie a jalones Fabián, después de darle un par de patadas en esa enorme barriga.
Ámbar no paro de correr hasta que encontró un bus en el cual sin saber en qué dirección iba subió en él. Antes se percató que ninguno de los hombres estaba detrás de ella.
***
Rossini leía una revista vieja en una sala recepción, la puerta de una oficina abrió saliendo un hombre apresurado con una pila de papeles.
--Señor Rossini el señor D’angelo lo atenderá ahora – una chica muy joven fungía como secretaria, era un tanto inexperta apenas tenía tres días en el puesto y aunque era muy sonriente era algo torpe.
Rossini tomo la revista y la arrojo al cesto de basura, en el escritorio tenía caramelos en forma de bastones navideños, tomo uno y se lo llevó a la boca.
--Gracias linda – respondio guiñándole el ojo a la joven y entrando al privado
--¿Quien te dijo que te atendería?--recriminó D’angelo de inmediato pero sin mirarlo, Rossini señaló hacia afuera sin saber que hacer, se quedó quieto -- anda entra
La oficina era ovalada, pintada con tonos blancos, verdes y amarillos encendidos, una decoración sobria, las paredes decoradas con arcos estilo árabe. En el centro un escritorio y en el revisaba y firmaba unos papeles el señor D’angelo que no tenia tiempo ni para levantar la vista
--Que linda está tu secretaria –bromeo Rossini pero no obtuvo ni siquiera una sonrisa –esta bien, está bien, al grano ¿verdad?. Ámbar y yo veníamos para acá lo juro pero bueno … --D'angelo lo miro entonces, sin decir nada recargo sus codos en el escritorio, ahora sí parecía atento para escuchar una buena historia que justificar que el mejor detective de policía de Italia no hubiera cumplido sus órdenes – dos tipos, dicen que son enfermeros de la clínica del señor Parisi, trataron de llevársela justo antes de que yo pudiera abordarla. Yo fui en su rescate pero mírame soy un simple gusano contra dos y digo eran robustos y gigantes sabían pelear, me quitaron el arma me sometieron y en eso Ámbar corrió y antes…-- D’angelo se puso de pie, Rossini se aceleró para explicarle -- oye escúchame, antes de que uno de los imbéciles esos le dispara yo rescate a tu chica, ósea no, ella corrió y le perdí la pista por quitarle mi arma al estúpido este que estaba apuntándole y si no intervenía le hubiera disparo …
D’angelo resoplo con pesadez las cosas en el trabajo no parecían ir nada bien y tenía una maldita migraña y además tenía que estar preocupándose por una chica escurridiza que tenía algo que le pertenecía.
--Emma comunícame con la clínicas al consultorio del doctor Parasi, --dejo la llamada abierta en altavoz un minutos después recibió respuesta
—Señor el doctor Parasi no se encuentra fue requerido en una convención fuera de la ciudad para impartir una cátedra ¿desea dejarle mens…?...
--Que grosero eres con esa linda chica – recriminó Rossini al ver como colgaba sin darle respuesta --Maldita rata se está escondido como un gusano –retomo el tema al que había venido ese día
--Lárgate ya me encargo yo.
--Pero amigo …
--¡Lárgate! – el policía se puso de pie malhumorado desde hace tiempo que su amigo había cambiado – para D’Angelo sería más eficaz si el movía sus hilos
Marco un número
--Mándame tu dirección… recogeré lo que es mío
***
Ámbar llegó con las piernas temblando a casa de su hermana, entro y se encerró debía tranquilarse camino de un lado al otro, comió algo de pan y resolvió que lo mejor era largarse muy lejos. Con el dinero que tenía no era suficiente pero serviría para pagar un hotel un par de noches mientras conseguía un trabajo un departamento en otra ciudad.
Busco en los cajones pronto un trozo de papel y una pluma dejaría una nota a su hermana para que no se preocupara.
Escribió con jeroglíficos apenas legibles un pequeña nota en la que decía;
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Termino de escribir corrió a la pequeña habitación tomo su maleta con su ropa el dinero que tenía cuando salió observo en la puerta de entrada una sombra alta
--¡No, no, no!
Llamaron a la puerta pero Ámbar guardo silencio. Espero a que se marcharán pero el timbre sonó una segunda vez, no tenía otra salida no era como su casa, había casas a los lados y en la parte de atrás. Fue hasta la cocina y tomo el cuchillo, cuando volvió a mirar la puerta la sombra se agachó un poco y se escuchó como el cerrojo se abría. No habían forzado la puerta simplemente la habían abierto.
Ámbar se escondió detrás de una cortina pero era demasiado corta la ventana tenía barrotes por fuera, subir al segundo piso no era opción. La puerta se abrió lentamente, ella se escondió detrás de uno de los sofás, era claro que la encontrarían de inmediato y así fue
El hombre moreno alto la vio y fue hasta ella, puso el cuchillo frente al sujeto, la mano le temblaba. El tipo le tomo la muñeca he hizo que soltará el cuchillo este se lo quieto de la mano y lo aventó lejos.
--Señora acompáñeme por favor..
--¿Quienes son ustedes?, ¡lárguense!, están propiedad privada – no tenia nada a la mano con que defenderse, tomo un esfera decorativa y se la arrojo, camino por la habitación y cada cosa que encontraba la lanzaba cobra el hombre.
--No pienso hacerle daño—le aseguro pero tenías órdenes de no volver sin ella.
--¡¡Lárguese!!–en un movimiento escurridizo salió de la sala, como un ratón se le escabullo por un lado y fue hasta la cocina ahí también tomo lo que pudo, y se los arrojo cuando este entro para seguirla
Sin cuidado tomo vasos y platos de cerámica y vidrio y se los arrojo a los pies --¡¡Auxilio!!, ¡¡Ayúdeme!!
Cuando comenzó a gritar eso enfureció al gorila que sin consideración al ver la poca cooperación resolvió en tomarla y a cargarla, dio unos paso firmes y se encontró con la punta de un enorme cuchillo de carne.
--Largase de mi casa –él la tomo repitiendo la misma acción, le apretó de la muñeca al demostrar que no tenía miedo del arma blanca, la sacudió y logro que lo soltará, el cuchillo cayó al piso
--¡¡Aaah!!—lanzo un grito –¡¡auxilio!!
Alcanzó con los dientes la mano de su agresor y lo mordió con toda la fuerza de su mandíbula. El lanzo un grito al tiempo que la liberaba al tratar de huir el la tomo de la ropa haciéndola caer de rodillas, el cuchillo estaba cerca ella lo tomo y el en un solo movimiento saco y quitó el seguro de un arma que puso justo en frente de su ojo.
--¡¡Maldita!!—Ámbar dejo caer el cuchillo y puso las manos en modo de rendición, no podía luchar más era perder todo.
La coloco en pie y la hizo salir, afuera un auto n***o con los cristales polarizados la esperaba con la puerta abierta.
Discretamente la llevaba sometida con el arma apuntándole. Por su seguridad y la de su bebé se rindió ante la brutalidad.
***
Una llamada al teléfono de D’angelo entro
--Diga – era el gorila para informar que estaba con la mujer – llévala a la mansión, salgo para allá – de un salto se puso de pie tomo su saco salió de su oficina
--Cancela mis compromisos de toda la tarde no pienso volver –jamás había salido con tanta prisa y nunca había cancelado una junta o reunión.
--Como ordene señor. – respondió Emma acto seguido abrió la agenda y comenzó a hacer llamadas.
***
Ámbar fue bajada del auto con el cañón del arma adherida a su costilla, una enorme construcción tenía frente a sus ojos, paredes altas, una puerta corrediza gruesa y al ver que se corría lenta seguro extremadamente pesada, una pequeña escalinata de cinco gradas, a los lados unos espacios llenos de piedritas, tomándola del brazo fue metida a la lujosa mansión frente a ella. Los escoltas no tenían el menor cuidado la empujaban o jaloneaban.
Pasaron por un espacio recepción circular con esculturas blancas de hombres desnudos cubiertos en las partes necesarias, hacia el fondo había unas escaleras de diez peldaños que seguidamente se dividían en dos caminos de forma semicircular, al mirar al techo un candelabro sobre ella saliendo de un enorme rosetón de cristal le encandilo la vista. Las paredes blancas
A la derecha una puerta de hoja corrediza que estaba cerrada, a la izquierda un pasillo en el aire del lugar flotaba un ligero olor a canela
Un hombre muy apuesto apareció de la nada sobre las escaleras dónde estás empezaba a dividirse. Observo con seriedad a Ámbar, los ojos de aquel hombre fríos analizaron meticulosamente a la creatura que contenía sus lágrimas solo para que no notarán su debilidad.
Bajo despacio hasta estar frente a ella, aquel hombre no solo tenía un cabello n***o y muy espeso, los ojos color esmeralda más bellos a pesar de la frialdad, su nariz afilada, su boca de labios anchos más el inferior que el superior un rosa pálido, la tez blanca un rostro varonil de facciones duras y una sonrisa escondida dulce pero a la vez malévola. Sus hombres anchos, sus brazos algo gruesos, un traje n***o pulcro que le venía muy bien combinada con una camisa a medio desabotonar.
Desboco la tranquilidad de Ámbar su corazón andaba a mil por hora, él la miraba como una hermosa flor la perfección humana hecha mujer.
Él estaba a menos de un paso y podía sentir su respiración, con temor Ámbar dio un paso atrás y sintió la punta del cañón en mitad de su espalda, de inmediato se dejó caer al sentir un enorme temor de que a su bebé le sucediera algo.
--Por favor no me mate, yo no le he hecho nada – suplico, suplico por qué tenia una razón para vivir –¡Por favor! – suplico más por su hijo que por ella misma.
Él hombre de traje se extraño de aquella suplica, no comprendía por que su reacción contenía tanto miedo, cuando alzó la vista descubrió el por qué.
Soltó un pesado suspiro parpadeando lento pidiendo sabiduría para sus subordinados, rodeo a Ámbar, le quitó el arma de la manos al tipo a su servicio y se la entrego a su otro guardia mostrando completa calma. Enseguida tomo del cuello al guardia y lo llevo con fuerza hasta estamparlo contra la pared sin dejar de estrangular su grueso cuello.
--¿Quien te ordenó que le apuntaras?— pero sin liberar ni un poco la presión del cuello.
--Se resintió – contesto una voz forzada entre quejidos
-- ¿Que pensabas?... ¡¿asesinarla?! está embarazada que no vez imbécil
--Solo querí..a hak..cer las cosas más ágiles, no.. quería ven-r. – ganas no faltaban pero debía controlar sus deseos de matarlo.
El hombre lo soltó este comenzó a toser, lo tomo del cabello echando su cabeza atrás le hablo quedó en el oído solo para no asustar más a Ámbar
--Si algo le sucede a esta mujer, ten por seguro que tú morirás y no será nada rápido y mucho menos piadoso – lo tomo de la corbata y lo empujó –¡Lárgate!
Teo, se levantó lleno de molestia, al final de cuentas estaba haciendo su trabajo. El ordenó que la trajeran a como diera lugar y ahora actuaba como si hubiera hecho mal. Teo solo pensó en lo mal agradecido que era el señor con él y que eso solo fue una estrategia para quedar bien con la mujer. Lleno de coraje por la humillación se alejo del lugar.
--Ponte de pie-- le extendió la mano, Ámbar miraba hacia arriba y no parecía un monstruo el hombre del traje, había una luz proveniente del rosetón que andaba alrededor de él -- no voy hacerte nada, por favor quiero que disculpes el modo tan bestial en que mi gente te ah traído aquí.
El insistió a qué tomara su mano, Ámbar tenía miedo pero estiró su brazo haciéndola ponerse en pie la tomo de la cintura para hacerla caminar.
La llevo hacia la derecha corrió la puerta y la hizo entrar.
--Mujer estás temblando, ¡Cecilia!, un te de tila ya, por favor siéntate, -- el fue hasta una mesa tomo un líquido y se lo coloco en las manos se frotó una contra la otra mientras volvía dónde estaba Ámbar.
Descubrió sus hombros y comenzó a frotar sus manos sobre el cuello, paso una mano hacia delante y desabrochó su camisa para descubrir aún más su hombros de inmediato ella manoteo la mano - es un loción relajante necesito que estés bien – sin esperar autorización desabrochó dos botones, bajo la tela y suavemente masajeo la piel suave de los hombros, desde el primero toque sintió la dureza y la tensión, --Relájate – el olor que provino del líquido que sintió fresco era de flores silvestres, la suavidad con que acariciaba y frotaba sus hombros era placentera, un escalofrío le corrió hacia la nuca y hacia abajo por la espina dorsal.
Era muy difícil relajarse sin saber en dónde estaba, ni con quién, pero fue fácil, Ámbar dejo de sentir los hombros tiesos y los brazos rígidos. La suavidad de aquellas manos y la destreza para proveer de un buen masaje era maravillosas. Sus párpados cayeron en la deliciosa pesadez, y su respiración de poco a poco se fue volviendo normal.
D’angelo bajo por sus brazos entrando por debajo de la camisa, volvió y masajeo el cuello hizo pequeños círculos en su nuca con los pulgares. Cerros sus ojos agradeciendo la baja de tención
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Detrás de una cortina atrapada contra la pared, un hombre estaba besándola, no parecía ser Piero, el jamás la besaría tan atrevido y mucho menos en público. Era una forma hambrienta de dominar.
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Era un recuerdo o una proyección de su cerebro, su cuerpo sintió el calor de aquel beso conjugado con las manos de D’angelo que acariciaban su espalda.
Llamaron a la puerta tocando dos veces era una mujer con el cabello recogido en un uniforme n***o, entro con una charola. De inmediato D’angelo se alejo Ámbar se levantó la camisa y se la abrochó, sintió las mejillas rojas al darse cuenta de lo mucho que disfruto el toque de otro hombre sobre su piel. Y la reacción.
Dejando la charola en la mesita y salió sin siquiera mirar a Ámbar.
--Bebe, --la taza llego hasta las manos de Ámbar cuando el se lo dio –¿Estas más tranquila?
Ámbar bebió, sus mejillas estaba mojadas y sus ojos rojos pero su cuerpo se sentía ligero, aún sus ojos miraban con recelo
--Yo no hice nada – atino a decir
--Eso lo sé-- D’angelo tenia mucha paz, ahora que Ámbar estaba frente a él.
--¿Entonces que hago aquí?—devolvió la taza a la mesita
--Ámbar, tu tienes algo que me pertenece—un hombre que jamás en su vida había visto la acaba de llamar por su nombre y además la acusaba de robo
--Yo, ¿de que habla? jamás lo había visto como sabe mi nombre – ella se puso de pie, para confrontarlo, cualquier cosa que hubiera sido robada podría valer millones. ¿Cuando y como le pagaría? ¿Dónde o cómo es que tomo algo suyo?
El la hizo sentarse nuevamente.
--Ámbar yo se lo que debo saber, perdona mis modales no me he presentado mi nombre es Êthän D’angelo, solo quiero una cosa de ti – tomo el té y se lo entrego a Ámbar para que lo bebiera, al tiempo se sentó junto a ella en el sofá.
--¿Que?... lo que sea que tenga de usted se lo daré para que me deje me paz.
El hombre sonrió aún más plácido, mirándola nuevamente puso su dedos sobre la mejilla de Ámbar y su dedo paseo por debajo de sus labios.
--Me alegra, sabía que eras una mujer muy lista lo puedo ver en esos lindos ojos – D’angelo estaba demasiado cerca, podía ver el lindo tono verde de sus ojos, podía casi sentir su respiración.
--Señor D’angelo – la mano se planto sobre su mejilla, Êthän estaba maravillado al ver tan de cerca a la hija de Leone, como un sueño para él.
--¡Dime Êthän!
--Êthän …don D’angelo dígame de una vez que hago aquí y que le eh robado por qué no entiendo, jamás he estado aquí en su casa o cerca de usted …
Ella se recorrió en el sofá pero el brazo de este la hizo saber que no podía ir muy lejos
--Pero yo si he estado cerca y al pendiente de ti Ámbar
~~Un hombre de buena voluntad estuvo pagando su hospitalización~~
Esa persona debió pagar para que la utilizarán para que tuviera un hijo suyo. Y esa persona quizás era quien estaba frente a ella. La angustia empezó a martirizarla.
--No entiendo—o no quería.
Deseaba que no fuera verdad lo que por su mente estaba cruzando, ese hombre hermoso sería capas de tocarla.
--Es muy fácil mujer, -- Êthän llevo su mano hasta el vientre ligeramente abultado de Ámbar- ¡Devuélveme a mi hijo!