Capítulo 10

642 Words
—¿Viajar? —pregunté en un susurro apenas audible, mientras intentaba procesar lo que acababa de escuchar. Alan asintió, pero evitó mi mirada. Apoyó las manos en la mesa, exhaló con fuerza, y entonces lo entendí: todo se había complicado. —No quiero irme —susurró—, pero necesito hacerlo. Me contó que su abogado lo había llamado. La primera audiencia de conciliación no había resultado como esperaban. Era una diligencia de carácter obligatorio, un intento inicial para alcanzar un acuerdo antes de que el proceso de divorcio avanzara a juicio. Pero fue evidente que Vanessa no tenía la menor intención de conciliar. Según el abogado, se alteró en plena audiencia. Dijo que Alan se había negado a presentarse personalmente, lo llamó cobarde, y aseguró que no tenía el valor de enfrentarla. La situación se salió de control. No hubo ningún acercamiento posible. Vanessa quería guerra, estaba segura de eso. Lo peor llegó después: ante la juez conciliadora, afirmó que durante su relación había sido víctima de maltrato físico y psicológico por parte de él. En la audiencia formal, Alan debía dar su versión frente al juez. Pensé que Vanessa no podría sorprendernos más y vaya que me equivoqué. Olvidé la caja que reposaba sobre la mesa, en ese momento pasó a segundo plano. Me pasé las manos por el cuello, tratando de ordenar el torbellino que tenía en el pecho. Aspiré hondo, como si eso pudiera acomodar algo dentro de mí, y me levanté despacio. Caminé hasta la ventana, necesitaba aire y claridad. No conseguí ninguna de las dos. —Está bien —susurré, casi tragándome las palabras—. Te acompaño. Detrás de mí escuché sus pasos. Sus brazos rodearon mi cintura desde atrás, como si estuviera aferrándose a mí para no desmoronarse. Exhaló, tan cerca que su aliento rozó mi piel. Me giré lentamente y él hundió su rostro en mi cuello. Cerré los ojos y lo abracé, deslizando mi mano por su espalda con lentitud. Su corazón latía rápido, tan sincronizado con el mío que daba miedo. Ninguno de los dos quería regresar. Lo sabíamos sin tener que decirlo. Pero la realidad estaba tocando la puerta. La idea de regresar me provocaba una fea sensación, había una cosa más fuerte que mi temor: él. Tenía que ir. Porque yo no pensaba dejarlo solo en ese proceso. Si él iba a enfrentarse a su pasado, yo estaría ahí… sosteniéndolo, ese pasado también me involucraba. —Cariño, saldremos rápido de esto —intenté sonreír, aunque la sonrisa me tembló —, así el pasado quedará atrás para siempre. Alan rozó mi mejilla con los dedos. Dejó un pequeño beso en mi frente. —Es lo que deseo —murmuró—. Pero tú, mejor que nadie, conoces a Vanessa. Retrocedí un paso. Entre más la conocía más miedo daba. —Lo sé. No te va a dar el divorcio tan fácil. Él tomó mis manos, entrelazó nuestros dedos. Sus ojos buscaron los míos. —Cariño… ¿estás segura de querer regresar? Lo que viene no es fácil. Tendrás que enfrentar de nuevo eso que tanto te has empeñado en dejar atrás. Apreté sus manos con fuerza. —Si tenemos que ir al infierno —susurré, acercándome más—, lo haremos juntos. Sus labios se curvaron apenas. No alcanzó a responder. Lo atraje por instinto, o tal vez fue él quien me haló primero, solo sentí que su mano subió a mi nuca y me acercó con urgencia. El beso no fue suave. Fue profundo, intenso, de esos que te roban el aire y te lo devuelven convertido en fuego. Sus labios chocaron con los míos como si necesitara recordarme o recordarse que seguíamos siendo nosotros, incluso con todo lo que se nos venía encima. Su lengua rozó la mía y un suspiro se me escapó sin permiso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD