Capítulo 15

525 Words
Agarré su hermoso trasero y me levanté con ella, llevándola al baño, sin dejar de besarla. ☆••••★••••☆••••★••••☆••••★••••☆••••★ Alexia. Esa misma semana el abogado le notificó a Alan que ya había fecha para la próxima audiencia. Gracias a la mediación del abogado, el juez movió la agenda para eso… Al parecer quería cerrar ese conflicto antes del receso de fin de año. La audiencia era en quince días; veintiuno de diciembre a las nueve de la mañana. El abogado también le explicó que necesitaban recopilar todo lo que fuera necesario para ayudarlo. Ya que Vanessa se iría con todo. Esa vez no pensaba dejarlo solo. Yo estaría ahí con él. Tenía la pequeña esperanza que antes de navidad ya pudiéramos estar de regreso en nuestro hogar. El fin de semana decidimos comer en uno de los restaurantes favoritos de Alan. Queríamos relajarnos, respirar un poco después de tantos días tensos… pero el destino estaba aburrido y quiso entretenerse con nosotros. Alan apretó su copa con tanta fuerza que pensé que la iba a pulverizar. Lo miré de reojo: mandíbula rígida, mirada fija en un punto detrás de mí. Quise girarme para ver, pero él puso su mano sobre la mía. —No voltees. —¿Qué pasa? —pregunté, aunque ya intuía que no sería nada bueno. Alan soltó un suspiro. —De todos los lugares de la ciudad… justo tenía que ser aquí. Vanessa acaba de llegar. Aspiré muy despacio, como si eso pudiera bajarle el volumen al caos interno. Enderecé la cabeza, acomodé mis hombros, tomé mi copa de agua y bebí con tanta calma que hasta yo me impresioné. Había llegado el momento. No iba a correr. —Si quieres nos vamos —murmuró, preocupado, buscándome mis ojos. Corté un pedazo de carne, me lo llevé a la boca y asentí como si estuviera evaluando un vino caro. —¿Y por qué tendríamos que irnos? Apenas empezamos. Esto está delicioso. Sería un insulto al chef. Alan acarició mi mano, preocupado. —¿Estás bien? Lo miré y sonreí con calma. —No voy a huir. Tarde o temprano tenía que pasar. Estoy con mi marido, disfrutando de nuestra cena. No estoy haciendo nada malo. Y si tu cuñada no te quiere… —encogí un hombro— no es mi culpa. Él soltó una risita preciosa, de esas que siempre me derretían. Seguimos comiendo, en cualquier momento la bomba iba a explotar. Y… explotó. Escuché el sonido de una silla siendo arrastrada con fuerza. Una voz chillona llena de veneno, atravesó el restaurante entero. —¡Qué hermana más ingrata tengo! —soltó Vanessa, asegurándose de que todos la escucharan. Sentí la mirada de la gente girando hacia nosotros. No pestañeé. Tomé mi servilleta, me limpié los labios con elegancia y pensé: “Perfecto. Ya empezó el circo.” Vamos mamona no te dejes, muéstrale las garras a esa cotorra; gritó el diablito de mi hombro izquierdo. Continuará…
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