Capitulo 7
No cabe duda de que es un total imbécil, luego de besarme y dejarme parada como toda una idiota ahora me tiene esperándolo en una oficina aislada de todas las habitaciones.
Con las manos tomadas una de la otra observo detalladamente ese lugar. Él debe ganar miles de pesos a diario, me mantengo viendo cada detalle hasta que aparece de pronto, el sonido de sus zapatos que al entrar me hacen voltear a verlo.
—Veo que ya te pusiste cómoda —menciona serio a la vez que se pasa de largo y me toma de la mano para llevarme a no sé dónde.
Con el ceño fruncido sigo sus pasos hacia otro lugar ese mismo que queda dentro de esa oficina pero al aire libre, estando ahí me suelta de la mano y para hacerme una señal de que tome asiento en una mesa en donde hay papeles y una caja fuerte.
Miro con sospecha todo eso pero aun así tomo asiento al igual que él, quien antes de mencionar palabra alguna me mira con la mano puesta en su barbilla, sus ojos color miel y su mirada fija debo aceptar que me ponen nerviosa.
Lo odio pero también me odio a mí misma por confundir mis sentimientos hacia él. Alfredo quita su mano de la barbilla y después solo procede a deslizar unos papeles sobre la mesa.
—Te dije que habrá manera de salir de aquí, siempre y cuando accedas a ciertas cosas de igual manera saldrás pero si haces lo que te pido lo harás de manera más fácil como también podrás recuperar tu casa, y hasta la libertad de tu hermana—me hace una señal para que lea esos documentos.
Aquí menciona reglas, tareas y hasta las recompensas de estas, frunzo el ceño leyendo pero me asombro por la recompensas las cuales ¿Son dinero?
—Esto es una broma ¿Verdad? Quieres decir que por un beso mío tendré la recompensa de doscientos dólares—lo veo boquiabierta—Pensé que era tu esposa no una esclava s****l—lo veo con enojo.
—La meta económica a la que debes llegar es de un millón de dólares.
—Esa es una cantidad absurda, por favor soy una simple chica no una millonaria como tú. Alfredo no tienes con que otra cosa divertirte.
—Me diviertes tú, y eso suficiente. Cariño lee la hoja, ahí dice que por cada acercamiento entre nosotros pagare por eso, pero si accedes acostarte conmigo te daré doscientos mil dólares es decir que cinco noches son suficientes pero si no quieres, también hay besos, caricias y hasta por tocarte pagare, cuando llegues a la meta serás libre es un buen trato ¿No?
Con enojo golpeo la mesa viéndolo con repudio. No niego que me sigue gustando pero hacerme esto solo por venganza ¿Por quién me toma?
—Piénsalo, asì tú ganas y yo gano es simple. A lo único que no te obligare es a acostarte conmigo solo lo hare si asì lo deseas que estoy seguro que si, no por nada te casaste conmigo
— ¡Estás loco! —me acerco para tirarle esas hojas en la cara. Estoy por irme sin embargo me toma del brazo y hace que me siente sobre sus piernas, me mira por un momento antes de tomarme de la barbilla y darme un beso apasionado. En tanto me besa me mete algo en el sostén haciendo que me aparte.
Con la respiración acelerada lo veo para luego levantarme y ver que me ha metido dos billetes de cien dólares mismos que le tiro en la cara, enseguida con enojo me voy de ese lugar.
Con los brazos cruzados camino por el pasillo. Bueno… Por lo menos tengo la oportunidad de caminar con libertad fuera de esa habitación aunque sea por algunos minutos. Camino en tanto miro cada cuadro colgado en la pared además de ciertos detalles que hay en ella.
Sigo caminando y al cruzar hacia esa fría recamara, me doy cuenta de que alguien está llorando en ese balcón al fondo, con curiosidad asì como lentamente camino hasta llegar y ver que es esa chica la cual se llama Carolina.
Doy un paso más para acercarme sin embargo ella se asusta en cuanto sin querer piso un papel de golosina.
—Tranquila—levanto esa envoltura del suelo.
— ¿Quién eres? —sus ojos color miel expresan miedo.
—Soy Mariana—la observo y me doy cuenta de que ella es una persona invidente.
Ahora entiendo las palabras de Alfredo asì que él piensa que Aranza también dejo ciega a su hermana, eso es una total mentira. Para darle seguridad a esa chica la tomo de su mano para saludarla.
— ¿Mariana? No reconozco tu voz ni tu perfume ¿Eres nueva? —mueve sus pupilas.
Esa pregunta me hace saber que Alfredo no le ha dicho que soy su esposa, tal parece que la única que sabe ese suceso es su madre, creo que decirle la verdad me beneficiara mucho, creo que Carolina sería una buena aliada, siendo sincera es la única persona que me da confianza hasta ahora.
—Soy la esposa de Alfredo y la nueva enfermera de tu padre—revelo con confianza.
—Mi hermano se ha casado—ella responde sorprendida pero también algo desilusionada.
—Así es. Dime ¿Por qué llorabas? —la veo con intriga.
—Sabiendo eso me confirma que no soy nada para esta familia, mi madre me hace sentir que no valgo nada y mi hermano se ha casado sin decírmelo y según para el soy su consentida.
¡Ay! Creo que no debí decirle nada, mi intención jamás fue hacerla sentir asì. Con una sonrisa sutil la tomo de las manos y aunque ella no me vea prefiero verla fijamente a los ojos.
—No digas eso, nuestra boda fue algo simple y rápido, tal vez luego te lo explique, por favor no vuelvas a decir eso—me atrevo a darle un abrazo.
Luego de eso veo su aspecto elegante y sofisticado, a simple vista se ve como una mujer muy dulce, debe ser que es tan diferente que por algo las palabras de su madre la hacen sentir asì.
No puedo creer que esa señora sea tan dura incluso con su propia hija, menos mal que durante este día no me la he encontrado.
—Gracias Mariana. Hay algo en tu voz que me dice que eres agradable, espero ser tu amiga—muestra una sutil sonrisa.
—Lo mismo espero. Y por favor no te sientas menos se ve que eres una chica dulce y muy amable, no dejes que apaguen tu luz.
—Gracias por tus palabras. Me tengo que ir, ya es tarde—ella saca su bastón y se dispone a caminar.
La observo por un determinado momento cuando de pronto frente a mi sale Alfredo viniendo de otro pasillo, él me toma del brazo y me apega a la pared.
— ¿Qué rayos le dijiste a mi hermana? No debiste si quiera cruzar palabra con ella—me dice en tono dominante y lleno de autoridad, a la vez que me apega junto con su cuerpo a esa pared fría y lisa.