¡Estás Loco!

1273 Words
Capitulo 6 Varias horas más tarde… Las lecciones de enfermería del día de hoy por fin han terminado, ¡Que alivio! Me digo a mí misma. Sí que este trabajo es demasiado difícil. Hilda sale con toda libertad de esa habitación mientras que yo me quedo ahí viendo hacia ese enorme ventanal el cual da vista hacia el jardín trasero. Desde ahí se ve una alberca realmente apetecible es un verdadero problema no asomar las narices afuera, debo aguantar este encierro, me motivo a mí misma apretando mis manos con fuerza. Luego de eso miro a ese hombre el cual oí que la enfermera le ha llamado don Leonardo, parece ser un tipo agradable que pena que este en esta cama, pero más pena me da que culpen a mi hermana por esto. La noche está empezando a caer por lo que el sol está a punto de ocultarse, aprovecho los últimos rayos dejando que acaricien mi piel, tengo que tomar un poco de sol sino terminare pareciendo una momia. Me acerco más hacia ese ventanal esta vez lo hago de pie, permanezco así viendo hacia la alberca cuando de pronto veo a una chica pelinegra ella también es muy parecida a Alfredo. Me acerco un poco más chocando mi frente contra el vidrio, esa chica trae un bastón y va hacia la alberca ¿Sera que sabe nadar? Observo con atención, de pronto cae en el agua para sumergirse en ella, ahí dura algunos minutos, eso no es normal. Espero pensando que va a salir, pero no lo hace, esto está mal lo presiento con fuerza en mi corazón, mortificada corro hacia la puerta para abrirla, pero tiene seguro, este idiota me ha encerrado, claro olvidaba que para él soy solo una esclava, mi segunda opción es golpear la puerta fuertemente y ver si alguien viene a abrir, desde adentro le grito a Hilda quien no responde. Vuelvo al ventanal y logro ver que esa joven está aún sumergida, aprieto mis labios y tomo una silla para estamparla por el vidrio, el mismo que se rompe enseguida. Con un trapo quito los cristales sobrantes para salir por la ventana y bajar con dificultad hacia la planta baja, que belleza saber que estoy en el segundo piso y no el cuarto de esta enorme residencia. Caigo al pasto y después me levanto sobando mi brazo, luego de eso corro hacia la alberca y veo a esa joven aun sumergida, sin pensarlo me sumerjo para tomarla del brazo y atraerla hacia la superficie a este paso esta desmayada y con un pulso débil. Hago los primeros auxilios en tanto por infinidad de veces grito “Ayuda”. A lo lejos se escucha la voz de Alfredo mencionando el nombre de “Carolina” Esa chica se debe llamar así. Él viene y me aparta con brusquedad. — ¿Qué le hiciste? —me ve con enojo. —Yo no le hice nada. Ella se metió a la alberca y decidí romper el ventanal y venir a sacarla—tiemblo de frio. — ¡Carolina! ¡Carolina! —él le pega en el pecho. Esa mujer despierta luego de varios segundos, que descanso para el alma ver que ella ha reaccionado. Carolina despierta, pero solo ve fijamente a la vez que abraza a Alfredo quien parece estar atemorizado. — ¿Estas bien? —soba su cabeza. —Si hermano, venia caminando y… Tropecé en la alberca—ella miente. Eso no fue lo que paso sin embargo creo que hay algo más detrás de su acción tan desesperada, es tan obvio que lo que quiso hacer era otra cosa, en silencio la mira para luego ver como Alfredo se quita el abrigo y la envuelve en él, se nota que es un hermano consentidor, luego de eso la carga y antes de irse me advierte que vuelva hacia adentro. No cabe duda de que esta residencia es hermosa, ignoro las palabras de Santorell y me dedico a mirar el lugar al igual de sentir el aire fresco en mi rostro, nunca había valorado tanto el sentir esto, ni mucho menos nunca había amado tanto mi libertad. De pronto en tanto me mantengo haciendo eso, se me viene a la mente la idea de escapar, frunzo los labios viendo a mis alrededores y darme cuenta de que aquí no hay nadie. Este es el momento para dar iniciativa a mi gran idea, luego de hacer eso me asegurare de ir a Canadá y escapar con mi hermana, además de pedir ayuda. Otra vez procuro fijarme bien que nadie me esté viendo para luego avanzar con rapidez hacia no sé dónde, solo quiero encontrar una salida desde atrás de este jardín, de vez en cuando miro hacia atrás cada que siento que vienen persiguiendo mis pasos. Sigo avanzando hasta que topo con algo, levanto la mirada y es Alfredo, viéndolo frente a mi lo único que puedo expresar es miedo. Él me toma de la barbilla haciendo que lo vea a los ojos. — ¿Qué pretendes? ¿Escapar? —me mira con burla. —No. Yo… Solo estaba… Viendo el jardín—digo con voz temblorosa. — ¿Y qué te pareció? ¿Hermoso? Ah ya sé te pareció que escaparías con facilidad. Amor en cada centímetro de este lugar hay sensores de salida—me suelta con brusquedad. — ¡Estás loco! —revelo mi verdadero rencor hacia él. —Vamos mi amor, pareces pollo remojado—se quita el saco y lo pone en mi espalda. Lo veo con desprecio en tanto siento como me encamina junto a sus pasos. En la recamara… En cuanto llegamos lo primero que le tiro en su cara es su saco. —Yo que tú no lo tiraba, vale más que tu casa—él lo levanta del suelo y lo sacude. Con arrogancia lo miro por un momento, seguidamente me doy la vuelta para irme hacia el baño sin embargo me toma del brazo y me devuelve haciendo que me queje por ese agarre. Por un momento he olvidado que me he lastimado el brazo. Ante eso Alfredo me mira con curiosidad. — ¿Qué te duele? —pregunta serio. — ¡Nada! No me duele nada —me aparto de su presencia. Santorell por segunda ocasión me toma con fuerza del brazo en donde se manifiesta mi dolor. —Es tu brazo—confirma viéndome a los ojos. —Eso no te importa ¿O sí? —pregunto dolida. Sin decir nada se acerca a mí y sin previo aviso me toma de la cintura quedando tan cerca que puedo sentir su respiración en mi cara, sus manos pasan lentamente y deliberadamente hacia mi espalda, la misma que siente el calor de su piel por encima de la tela de mi blusa. Quieta me quedo analizando su rostro en el cual solo refleja deseo y autoridad. ¡Que rayos quiere! —Dime ¿Por qué querías escapar? ¿Acaso quieres que te castigue? —me ve fijamente a la vez que su mano pasa por mi cabello, no contaba que luego de eso lo jalaría hacia atrás acercando mi barbilla a su cara. —Quiero huir de ti, te odio —menciono en voz baja. —Nunca podrás escapar de mí, hasta que yo así lo decida ¿Entiendes? —pasa sus labios a mi barbilla en la cual le da un beso. Acto que me hace cerrar los ojos y dejar que su boca pase a mi cuello, es tan ardiente que sus acciones no me dan oportunidad de tan solo pensar un poco.
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