BELLA No sé en qué momento dejé de temblar. No sé en qué instante exacto mis defensas, esas que tanto me había esforzado en construir, se desmoronaron frente a él. Tal vez fue cuando me dijo "te amo". O cuando mencionó que esta cabaña era mía. O cuando me llamó "gorda" con esa ternura que me acarició el alma. Solo sé que lo miré. Y no vi al Magnus que todo el mundo teme. Vi al hombre que ha estado aquí, día y noche, sin soltarme. Vi al que reconoce mi historia sin juzgarla. Al que escucha mis silencios, y también mis sollozos de madrugada. Me acerqué. Le tomé el rostro con ambas manos. Sus mejillas estaban tibias. Su piel bajo mis dedos me hizo vibrar. — Te amo. — Le dije, con un hilo de voz, pero con el alma gritando por dentro. — Te amo como nunca pensé que podría amar. Te a

