Magnus Rossi Hoy Bella ha estado… distinta. Callada, pero tranquila. Desayunó bien. Se tomó las vitaminas sin chistar. Lucía ya la tiene leída como si fuera un libro abierto. No necesita preguntar qué quiere. Sabe qué traerle, cómo prepararlo, en qué plato ponerlo para que no le den náuseas. Y ella... lo recibe todo. Lo come. Lo acepta. Como si finalmente estuviera respirando aire puro, después de haber pasado años con la cabeza bajo el agua. No ha dicho ni una palabra sobre el embarazo. Y yo no pienso forzarla. Pero lo siento. Lo sé. Cada maldito centímetro de mi cuerpo lo sabe. No son solo las pastillas. No es solo la forma en que su piel se enciende cuando la toco, o cómo sus ojos bajan cuando hablo del futuro. Esos sueños... esas dos niñas... mis hijas. Las escucho reír cu

