CONFESIONES INOCENTES (Parte 2)

1219 Words
No sólo que no aceptó, sino quela noté huidiza y me dejó una excusa  que no tenía forma ni sentido. Sólo me dijo antes de irse: "Necesito que hablemos",  y se inclinó un tanto para otear hacia adentro como cerciorándose de la ausencia  neta de Mauricio o de la presencia de él. "¿Sucede algo Leticia?", le pregunté  con el temor lógico de la situación, mientras la acompañaba en su recorrido  visual. "A las cuatro en la plaza. Por favor". No dejó que le preguntara más nada. Desapareció y se llevó consigo una especie de enfado. A esa hora de la siesta, más aún un sábado, tu padre se enterró en su cama y yo aproveché para hacerme una escapada hasta la plaza, prosiguió mi madre. Allí estaba Leticia esperándome con una especie de sonrisa a modo de bienvenida. Los saludos quedaron para el olvido y fui directo al grano no bien tomé asiento junto a ella. ¿Qué es todo este misterio Leti?, le pregunté sin dejar de observar hacia cada punto de la plaza. Sabés bien (se volvía a referir a mí) que aquí me conoce todo el mundo y es muy mal visto que "La Maestra del Colegio" se ande juntando en la plaza del barrio como si fuera una cualquiera cuando en la escuela vende otra embestidura. ¿Por qué me has ocultado que tenías una hija viviendo aquí, tan cerca de nosotras? La pregunta de Leticia me tomó por sorpresa, comentó desencajada mamá y continuó. "Así mismo intenté disuadir cualquier confusión que ella tuviera. Le dije: - ¿De qué me estás hablando Leticia? Yo no tengo ninguna hija viviendo acá en el barrio. Sabes que tengo dos hijos: Estela que vive como a treinta cuadras de aquí y Guillermo que vive a seis cuadras de la casa de Estelita. Si a ella te referís, no vive tan cerca. Además la conocés. -No Vale, no me refiero a Estelita, sino a la que vive en frente de mi casa. Les juro que no entendía absolutamente nada y mi expresión quedó al desnudo ante la espera de una respuesta por parte de ella, apuntaba mi madre. -Vale, yo te entiendo - prosiguió Leticia mientras apoyaba su mano en mi hombro -: -"Confiá en mí. Sabés que soy una tumba. Yo también tuve un amorío a los diez años de estar casada y debo confesarte que fue una de las cosas más hermosas que viví. Pero luego todo se disolvió. Él era casado también. La detuve en seco, dijo mamá y prosiguió "No podía creer lo que estaba oyendo. Me hacía mal su historia retorcida - que dicho sea de paso jamás me contó y nunca hubiera imaginado -y me dolía en lo más profundo de mi ser que me acusara de haber tenido alguna aventura y que, de esa correría, yo haya traído al mundo a una supuesta hija que vivía al frente de su casa. Le dije: -Yo no tuve ninguna aventura con nadie ni jamás la tendría ¿Quién te creés que sos para decirme semejante barbaridad? ¿Te das cuenta que me estás faltando el respeto? Hubo un silencio grande, proseguía su relato mi madre: -"Yo permanecía al aguardo de una reacción, pero ella desnudó una expresión como la de haber metido la pata o la de haberse soltado de lengua gratuitamente. Así mismo sacó fuerzas y respondió tomándose su rostro y confundida claramente - -". -Entonces no entiendo nada. -Leticia - traté de calmar la situación - ¿me podés explicar de qué se trata todo esto?, le pregunté contrariada. -Anoche - dijo mamá luego de una larga inspiración y sin mirarme a los ojos - Leticia se cruzó a la casa de la chica que vive en frente de la suya para pedirle si podía usar su teléfono porque el de ella estaba fuera de servicio. Casualmente - prosiguió - quería llamar a la guardia de la empresa telefónica para saber si ellos podían darle una solución a su problema ya que durante el día nadie había respondido. Me dijo que, lejos de ponerse nerviosa, esa vecina la atendió muy naturalmente, pero le pidió si podía regresar dentro de una hora porque en ese momento estaba haciéndole unas curaciones a su padre. Y para terminar me contó que, de comedida nomás, saludó hacia donde se encontraba el padre de la vecina y lo vio a Mauricio sentado con una de sus piernas puesta sobre otra silla, sus pantalones arremangados y una palangana sobre el piso. Entonces, ayer a la mañana cuando vino a requerir los servicios de tu padre (se dirigía a mí por supuesto), se dio cuenta que mi esposo era el padre de su vecina, por lo que dedujo que esa mujer era mi hija. Incluso se hizo películas que no tenían nada que ver con la  realidad, y menos aún con la ficción de su cabeza. A Leticia no le sirve en absoluto todo lo que me comentó, sólo para darle rienda suelta a su fantasía, pero para mi fue de una vitalidad extrema. ¿Deducen ustedes el final de esta historia? - Con Elena cruzamos una mirada volátil. La magnitud de su enojo le desorbitaba las pupilas y la hacía desarmarse en un llanto lacerante: Una hermana. Si bien la noticia causó un verdadero revuelo no era para sorprenderse viniendo de mi padre, un Casanova furtivo, un Don Juan acérrimo, vigoroso y un inescrupuloso en cada faceta de su vida; una mancha más en el tigre ¿Qué más daba? "Soy su hija". Lo dijo con tanta liviandad y con tanto menoscabo inconsciente que el impacto que me causó no me hizo repreguntarle nada. Después de decirlo - como el que arroja un cadáver al fango sin saber de lo que se está desprendiendo - se quedó vacilante y lanzó la flor con la que jugueteaba a la tierra húmeda que bordeaba la tumba de nuestro padre. Si, porque legítimamente era su padre también. La llovizna se detuvo repentinamente pero el frío persistía. El cielo no daba señales de quererse abrir para mejorar el día que olía a largo y tedioso. El silencio de aquella mujer era sincero y su actitud honesta en demasía, tal vez, una nueva víctima de los procederes oscuros de mi padre. -Si querés vengo en otra ocasión - dije con tono manipulador para lograr una respuesta - así estás tranquila y a solas con tu papá. -No por favor, no me digas eso. Me hacés sentir mal. Seguramente él debe estar contento al vernos aquí dándole una vuelta. Logré la respuesta que necesitaba y mucho más todavía, y terminé por convencerme de su transparencia y de su honradez. No me pareció correcto sentarme junto a ella. Disimuladamente me corrí hacia el frente y ahí me acuclillé rastreando dentro de mi la palabra que me diera impulso para iniciar una conversación. La observaba. Era la clonación perfecta de mi padre. Sensaciones difíciles de explicar - y de entender - me recorrían el cuerpo y alimentaban algunos recuerdos, mezclándolos con remembranzas nuevas y con imágenes nunca antes descubiertas por mi memoria. La observaba. Y la imaginaba disfrutando inocentemente de las caricias que a mí me faltaron, de los juegos que yo no tuve y del tiempo que a mi no me dispensó.
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