Mientras el vendedor me hablaba de las miles de cualidades de los autos yo pensaba en mi nuevo contrato, no entendía por qué tanto misterio, tampoco por qué me iban a pagar tanto dinero por limpiar ese piso, seguía insistiendo que era más que lo que ganaba la señora Carmenza.
-Entonces señorita ¿lo llevará?-
-¿Ah?.- pregunté
-El auto, ¿es como lo buscaba?- que vergüenza con el hombre, ni siquiera le estaba prestando atención.-
-Si, por favor dígame los medios de pagos, me gustaría comprarlo.-
-Por supuesto, acompáñeme a la oficina y le indico.-
Le di una vista al más al auto, era un Kia Forte modelo 2024, su valor estaba en 22 mil dólares, sé que en poco tiempo lo pagaría así que estaba en el presupuesto, traía conmigo el cheque de mi sueldo más unos ahorros en mi cuenta, en total daría 8 mil dólares hoy.
El hombre muy amable me entregó los documentos, también hicieron una llamada a mi actual empleo, querían validar que mi información era real, al final me entregaron los documentos que acreditaba que el auto era mío, sé que es para mis hijos pero no podría dejarlo a nombre de ellos, al menos hasta que pague la deuda.
Me subí en el, había pasado quizás dos años desde que no manejaba, a veces llevaba pedidos de la cafetería así que tuve que sacar licencia, jamás pude tener uno propio y este era casi mío.
Pasé por la tienda y compré algunos víveres, haría una rica cena para mis hijos, con premura llegué a casa, guardé el auto en la cochera y pasé a la cocina.
Una cena de agradecimiento, en pocos días mi hijos cumplirían sus 21 años así que era un lindo regalo, lo cual me hizo recordar que yo pronto tendría 36 años, el tiempo sí que vuela.
Los escuché llegar, al parecer no venían solos, un par de amigos estaban con ellos.
-¡Mamá!-
-¡En la cocina bebe!.- grite
-Aquí está la reina de esta casa ¿cómo te fue hoy?- preguntó Camilo, me dio un beso en la frente.-
-De maravilla, me renovaron por decirlo así el trabajo en la empresa.-
-Que bueno mamá.- Esta vez fue Andrés, dos compañeros venían con el, Juan y Felipe, sus leales escuderos.-
-Hola muchachos que gusto verlos, hace tiempo que no venían.-
-Señora Carolina todo es culpa de Andrés, no nos dejaba venir.- respondió Juan
-¿Por qué?-
-Ellos se la pasan hablando de ti, que eres una mujer que está muy buena y mil cosas más.- mencionó Andrés con el ceño fruncido.-
-Bebé pueden decir lo que sea pero siguen siendo unos niños ante mi vista.-
-A mí no me importa la edad señora Carolina, si me acepta podría ser su novio.-
-¡Cállate Felipe! Estás buscando que te saque a golpes de aquí.- Está vez fue Camilo
-Ya ya, por favor no discutan, mejor pasen a la mesa que tengo noticias.-
Había mucha testosterona en este lugar, yo era la única mujer sentada en medio de tantos hombres, mis hijos por un lado furiosos y un par de chicos con las hormonas alborotadas.
Les serví a cada uno un poco de pollo con verduras, era el platillo preferido de mis hijos, mientras lo disfrutaban les conté las nuevas noticias.
-Decidieron que sería exclusiva en la atención de los dueños en su piso, eso significa un aumento significativo en mi sueldo, pero también me cambia mis horarios.-
-¿Y el estudio?-
-Seguiré haciéndolo, no dejaré a un lado, es solo que debo repartir muy bien mi tiempo.- mencioné
-Bueno mamá esperemos que sea lo mejor para ti, pronto terminaremos la universidad y tendremos un trabajo estable, no tendrás que volver a limpiar pisos.- mencionó Andrés.-
-Tranquilos no los estoy presionando, cuando salgan de la universidad van a elegir un muy buen empleo, no tomen el primer que se les cruce por que si, yo aún puedo proveer esta casa.-
-Bueno hablando de trabajo el decano me informó el día de hoy que la empresa Ventura aceptó que hiciera mis prácticas allí.- mencionó Camilo.-
-¿Hablas enserio bebé?-
-Si mamá, la próxima semana comienzo, seré el asistente contable, me dijeron que aunque son prácticas me darán un salario, es una buena compañía.-
-¡Que felicidad Camilo!- mencioné levantándome para abrazarlo, Andrés también llegó y se unió, su par de amigos lo harían pero los corrieron evitando que se acercaran.-
-Bueno como es un día de celebración les tengo una regalo.-
-Mamá no, no gastes el dinero.-
-Pues ya lo hice, les mostraré el regalo, si no lo quieren lo devolveré ¿les parece?-
-Es lo mejor, devuelve lo que compraste.- habló Camilo.-
Camine hacia la cochera y ellos detrás, al abrirla notaron el regalo, uno un profundo silencio, saqué las llaves enseñándolas.
-¿Lo devuelvo?- pregunté
-Mamá… es un auto.-
-Se que pronto cumplirán años así que quise darles un regalo, eso si, los dos lo compartirán de la manera más justa posible.-
Mis hijos le daban vueltas al auto, el olor a nuevo se podía sentir, ellos tenían licencia pues a veces sus amigos les prestaban sus vehículos, yo seguía con las llaves en mis manos.
-Chicos si no lo quieren yo lo devuelvo, no hay problema.-
-¡Lo queremos!- gritaron a la vez, sentí que me quitaron las llaves con rapidez.-
-Vayan y salgan a pasear, disfruten mi regalo, esto es por que son unos hijos maravillosos.-
Los dos se acercaron y me llenaron de besos, de la emoción no se fijaron que sus amigos ya estaban dentro del auto listos para salir a pasear, solo los escuchaba gritar que se apuraran.
-Vamos mamá.-
-No hijos, vayan a disfrutar, yo me quedaré ordenando la casa, mañana debo trabajar temprano.- les di un beso a cada uno en su frente, Andrés manejaría por lo visto, solo me quedé observando como se marchaban alegres.-
Volví adentro, recogí los platos y los lave, creo que nadie me quitaría la sonrisa que tenía esta noche, mis hijos estaban feliz y yo también, ellos merecen lo mejor de este mundo y si en mis manos está dárselo, lo haré.
Tome mis libros e ingrese a mi clase virtual,cuando estaba terminando escuché que llegaron, al parecer estaban muy bien, decían algo de días pares e impares, fue el sistema que encontraron para turnarse, también repartieron los fines de semanas, eso sí, los dos estaban de acuerdo que me llevarían al trabajo y si es posible me recogerían.
Con esa alegría me fui a dormir, anhelando que tengamos una buena vida, también me llena de orgullo de Camilo inicie su vida laboral en una buena empresa.
El nuevo día llegó, tal y como lo prometieron me trajeron al trabajo, pude entregarle a mi amigo Ángel su bebida y un emparedado caliente, él siempre me regalaba una bella sonrisa.
Al ingresar carmenza me informó que me vestiría en el piso once, prácticamente no podía moverme de allí, me apresuré a subir, pasé al cuarto de limpieza, me sorprendí al ver que un uniforme completamente blanco me esperaba, no era algo tradicional, era una falta un poco arriba de la rodilla, una blusa ajustada que iba dentro, un blazer impecable, zapatos altos y un gafete dorado que tenía mi nombre grabado.
No reproche, simplemente me vestí, verificando que mi cabello quedará prolijamente arreglado, tome mis artículos de aseo y comencé con la limpieza, supongo que así debo verme todo el día.
Claramente ahora eran las ocho de la mañana, los dueños debían llegar, no entiendo por qué debo limpiar con ellos presentes, pasé a la oficina del señor Wilson, no estaba tan desordenada como de costumbre, la sala de juntas y al final toque la puerta del señor Anderson, él estaba presente.
-Adelante.- escuché decir.-
Abrí con cuidado, vi que se encontraba en reunión con su secretaria.
-Disculpe señor, he venido a limpiar.- mencioné
El levantó su rostro y me miró fijamente, en verdad no lo descifro.
-Puedes irte.- respondió yo solo asentí para darme la vuelta.-
-Carolina… tú te quedas.- volvió a decir, yo quedé inmóvil, la secretaria se levantó de su puesto y salió, no sin antes dame una mirada de advertencia.-
Volví a girarme, sin mirarlo a la cara comencé a limpiar, juro que sentía su presencia casi en mi cuello, el estaba atento a mis movimientos.
Que aterrador es esta situación, ¿será que no le molesta que yo limpie mientras él trabaja? Que no salga el maniaco por el orden que tiene un fetiche.