Manejaba como si la vida me estuviera persiguiendo. Tal vez porque, en cierto modo, así era
Todo lo que poseía… todo lo que había construido durante años… podría desaparecer en un instante. Bastaba un error más, una sola verdad saliendo a la luz, para que todo se derrumbara entre mis manos. Apreté con más fuerza el volante
Podía sentir el aroma de Alexandra a mi lado. Y eso… solo eso… era suficiente para nublarme la cabeza
Hace menos de un año que soy su tutor en la universidad. Todavía recuerdo el día en que entró por la puerta del aula.
No sé cómo explicarlo, pero fue como si algo dentro de mí se hubiera retorcido de repente, como un remolino que nace en el estómago y sube hasta el pecho. Una sensación extraña parecida a las náuseas, pero no era enfermedad, era algo peor.
Algo que, en ese mismo instante, supe que no debía sentir. Y aun así… no pude detenerlo
(La primera vez que Alexandra me desafió fue en clase. Aún puedo recordarlo con una claridad absurda)
El aula estaba llena, los estudiantes medio temerosos porque sabían quién era yo, y aún así mientras yo explicaba el tema del día. Era una de esas clases largas en las que la mayoría solo esperaba que terminara la hora pero yo les hacía la vida imposible a todos, por eso me llamaban el diablo, me causaba chiste ese refrán
Pero ella no
Alexandra estaba sentada a mitad del salón, escuchando con una atención que me llamó la atención desde el principio. Hasta que levantó la mano
—Licenciado —dijo con esa voz firme que tenía—, Creo que está equivocado
El aula quedó en silencio total, sabían que eso era una nota de mi parte para reprobar
Algunos estudiantes soltaron pequeñas risas nerviosas. Nadie solía interrumpirme así pero Alexandra era la excepción
La miré
—¿Perdón? —pregunté
Ella no bajó la mirada
—El argumento que está explicando tiene una contradicción —continuó—. Si lo analizamos desde el punto de vista legal, no podría aplicarse de esa manera —hubo murmullos, lejanos, parecidos a que sabian que ella estaba en problemas por bocona
Pero aún así sentí algo extraño en el pecho. No era enojo exactamente, era… interés
—¿Entonces cree que puede explicarlo mejor? —pregunté, cruzándome de brazos
Esperaba que dudara, que se echara atrás como hacen la mayoría de los estudiantes. Pero Alexandra solo se levantó de su asiento.
Caminó hasta el frente del aula y tomó el marcador
Y lo explicó, con seguridad, con inteligencia, con esa maldita confianza que hacía que todos en la sala la miraran. Cuando terminó, el aula quedó en silencio unos segundos más, esperando a que la matara por su insolencia
Yo sabía que tenía razón y eso fue lo que más me molestó. Pero también fue el momento en que entendí algo peligroso. Alexandra no era como los demás, ella me desafiaba
Y sin darme cuenta, esa pequeña rivalidad empezó a crecer entre nosotros. En cada clase había una discusión nueva, un argumento más, una mirada desafiante, pero más que eso, estaba el hecho que las miradas pasaron de ser algo más visible para nosotros que para el mundo
Así entendimos algo más
Qué mientras ella se enamoraba poco a poco de esa guerra entre nosotros… Yo empezaba a sentir algo mucho más oscuro.
Deseo, un deseo que nunca debí permitir
Porque desde el principio sabía que cruzar esa línea sólo podía terminar mal
Después de ese día, las cosas cambiaron
No de golpe pero cambiaron. Alexandra seguía sentándose en el mismo lugar con su amiga al lado, siempre a mitad del aula, como si supiera que desde ahí podía verme perfectamente. Y cada vez que empezaba la clase, sentía sus ojos sobre mí
Atentos. Desafiantes
Como si estuviera esperando el momento exacto para volver a discutir conmigo. Y lo hacía
Siempre encontraba algo que cuestionar, algo que corregir, algo que debatir pero en fondo existia el miedo, entre los demás estudiantes por que en secreto ella seguía el juego de hacer las cosas contrarias
Los demás estudiantes empezaron a sentir que cada pelea entre los dos los excedia de trabajos, la miraban como la culpable de todo el mal. Para ellos era casi un suplicio total vernos discutir frente a la pizarra, sabían que nada bueno salía de ello
Pero para mí… era otra cosa
Porque cada vez que se acercaba al escritorio para mostrarme algún trabajo que le dejaba con pequeños dias para entregar, podía sentir su perfume ese mismo que a usado estos meses y justo ahora es mi causa nada imposible de realidad
Cada vez que me entregaba un trabajo, sus dedos rozaban los míos apenas un segundo más de lo necesario
Y cada vez que nuestras miradas se encontraban… había algo ahí, algo peligroso
Una especie de reto silencioso como si los dos estuviéramos cruzando una línea invisible poco a poco
Recuerdo especialmente una tarde
El aula estaba casi vacía. La mayoría de los estudiantes ya se había ido huyendo de lo mismo de siempre, el diablo, y Alexandra se quedó al final, revisando unos papeles que según yo estaban mal en su trabajo entregado, risa me dio al ver como fruncía el ceño, estaba enojada
—Licenciado —dijo acercándose a mi escritorio—. Creo que revisó mal mi ensayo
Levanté la vista
—¿Otra vez va a discutir conmigo? —yo quería que dejara de replicar por todo
Ella sonrió apenas. No era una sonrisa amable
Era una sonrisa retadora
Se inclinó un poco sobre el escritorio para señalar un párrafo en el papel. Cuando lo hizo, su brazo rozó el mío
Un contacto mínimo
Pero suficiente para que mi cuerpo reaccionara
—Aquí —dijo—. Mi argumento no está mal
La miré.
Demasiado cerca
—Alexandra —murmuré
Ella levantó la mirada lentamente hasta encontrarse con la mía
Y por primera vez… no había discusión en sus ojos
Había algo más. Algo cargado de deseo y un silencio pesado cayó entre nosotros
Podía escuchar mi propio corazón latiendo y en ese momento entendí que lo que estaba pasando entre nosotros ya no era sólo rivalidad. Era algo mucho más peligroso
Porque ninguno de los dos parecía dispuesto a detenerlo
—¿Qué hacemos aquí, Demian? —preguntó
Apagué el motor y el silencio cayó dentro del auto mientras el sonido de la calle desaparecía poco a poco. Me quedé en mi asiento unos segundos antes de mirarla
Y cuando lo hice… fue un error
Su vestido corto dejaba ver sus piernas bien formadas, iluminadas por la luz tenue que entraba por la ventana del auto. Su cuerpo era una tentación constante
Un maldito demonio para alguien como yo. Apreté la mandíbula
Porque sabía perfectamente lo que estaba mal en todo esto, yo era su tutor y un hombre con una vida ya construida, con responsabilidades, con límites que jamás debí cruzar
Y aun así… ahí estaba
Con ella sentada a mi lado
—Necesitamos hablar —dije finalmente, con la voz más tensa de lo que quería admitir
Alexandra me miró, confundida
—¿Hablar de qué? —preguntó —Ya hemos hablado de la foto, de quién es no, pero ... —ese pero decía mucho
Saqué la fotografía que ella me había mostrado antes y la sostuve entre mis dedos
—De esto —ella me vio como algo más, era peligroso, dios
La imagen brilló bajo la luz débil del auto
—Porque si alguien tomó esta foto… —murmuré— significa que alguien sabe demasiado
La miré otra vez y en ese momento entendí algo que me inquietó más que cualquier otra cosa, más que la foto, más que saber quien diablos era, más que de mi mismo
Ahora no sabía si debía protegerla… o alejarme de ella antes de que fuera demasiado tarde
Pero con Alexandra… siempre era demasiado tarde
Empecé a acercarme más a ella. El espacio dentro del auto se volvió demasiado pequeño de repente e incluso podía sentir su respiración, ver cómo sus ojos seguían cada uno de mis movimientos
Quería besarla
Quería tocarla
Sentir su piel frágil y caliente bajo mis manos
Alexandra no se apartó
Al contrario… se quedó quieta, mirándome con esa mezcla de desafío y algo más que siempre me volvía loco
—Demian… —susurró
Su voz era suave, pero bastó para que mi corazón golpeara con fuerza en el pecho
Mi mano se levantó casi sin pensarlo, rozando apenas su brazo mientras me inclinaba más hacia ella
Estábamos demasiado cerca ahora. Un segundo más… y ya no habría vuelta atrás