Deseo culposo

1454 Words
Manejaba como si la vida me estuviera persiguiendo. Tal vez porque, en cierto modo, así era Todo lo que poseía… todo lo que había construido durante años… podría desaparecer en un instante. Bastaba un error más, una sola verdad saliendo a la luz, para que todo se derrumbara entre mis manos. Apreté con más fuerza el volante Podía sentir el aroma de Alexandra a mi lado. Y eso… solo eso… era suficiente para nublarme la cabeza Hace menos de un año que soy su tutor en la universidad. Todavía recuerdo el día en que entró por la puerta del aula. No sé cómo explicarlo, pero fue como si algo dentro de mí se hubiera retorcido de repente, como un remolino que nace en el estómago y sube hasta el pecho. Una sensación extraña parecida a las náuseas, pero no era enfermedad, era algo peor. Algo que, en ese mismo instante, supe que no debía sentir. Y aun así… no pude detenerlo (La primera vez que Alexandra me desafió fue en clase. Aún puedo recordarlo con una claridad absurda) El aula estaba llena, los estudiantes medio temerosos porque sabían quién era yo, y aún así mientras yo explicaba el tema del día. Era una de esas clases largas en las que la mayoría solo esperaba que terminara la hora pero yo les hacía la vida imposible a todos, por eso me llamaban el diablo, me causaba chiste ese refrán Pero ella no Alexandra estaba sentada a mitad del salón, escuchando con una atención que me llamó la atención desde el principio. Hasta que levantó la mano —Licenciado —dijo con esa voz firme que tenía—, Creo que está equivocado El aula quedó en silencio total, sabían que eso era una nota de mi parte para reprobar Algunos estudiantes soltaron pequeñas risas nerviosas. Nadie solía interrumpirme así pero Alexandra era la excepción La miré —¿Perdón? —pregunté Ella no bajó la mirada —El argumento que está explicando tiene una contradicción —continuó—. Si lo analizamos desde el punto de vista legal, no podría aplicarse de esa manera —hubo murmullos, lejanos, parecidos a que sabian que ella estaba en problemas por bocona Pero aún así sentí algo extraño en el pecho. No era enojo exactamente, era… interés —¿Entonces cree que puede explicarlo mejor? —pregunté, cruzándome de brazos Esperaba que dudara, que se echara atrás como hacen la mayoría de los estudiantes. Pero Alexandra solo se levantó de su asiento. Caminó hasta el frente del aula y tomó el marcador Y lo explicó, con seguridad, con inteligencia, con esa maldita confianza que hacía que todos en la sala la miraran. Cuando terminó, el aula quedó en silencio unos segundos más, esperando a que la matara por su insolencia Yo sabía que tenía razón y eso fue lo que más me molestó. Pero también fue el momento en que entendí algo peligroso. Alexandra no era como los demás, ella me desafiaba Y sin darme cuenta, esa pequeña rivalidad empezó a crecer entre nosotros. En cada clase había una discusión nueva, un argumento más, una mirada desafiante, pero más que eso, estaba el hecho que las miradas pasaron de ser algo más visible para nosotros que para el mundo Así entendimos algo más Qué mientras ella se enamoraba poco a poco de esa guerra entre nosotros… Yo empezaba a sentir algo mucho más oscuro. Deseo, un deseo que nunca debí permitir Porque desde el principio sabía que cruzar esa línea sólo podía terminar mal Después de ese día, las cosas cambiaron No de golpe pero cambiaron. Alexandra seguía sentándose en el mismo lugar con su amiga al lado, siempre a mitad del aula, como si supiera que desde ahí podía verme perfectamente. Y cada vez que empezaba la clase, sentía sus ojos sobre mí Atentos. Desafiantes Como si estuviera esperando el momento exacto para volver a discutir conmigo. Y lo hacía Siempre encontraba algo que cuestionar, algo que corregir, algo que debatir pero en fondo existia el miedo, entre los demás estudiantes por que en secreto ella seguía el juego de hacer las cosas contrarias Los demás estudiantes empezaron a sentir que cada pelea entre los dos los excedia de trabajos, la miraban como la culpable de todo el mal. Para ellos era casi un suplicio total vernos discutir frente a la pizarra, sabían que nada bueno salía de ello Pero para mí… era otra cosa Porque cada vez que se acercaba al escritorio para mostrarme algún trabajo que le dejaba con pequeños dias para entregar, podía sentir su perfume ese mismo que a usado estos meses y justo ahora es mi causa nada imposible de realidad Cada vez que me entregaba un trabajo, sus dedos rozaban los míos apenas un segundo más de lo necesario Y cada vez que nuestras miradas se encontraban… había algo ahí, algo peligroso Una especie de reto silencioso como si los dos estuviéramos cruzando una línea invisible poco a poco Recuerdo especialmente una tarde El aula estaba casi vacía. La mayoría de los estudiantes ya se había ido huyendo de lo mismo de siempre, el diablo, y Alexandra se quedó al final, revisando unos papeles que según yo estaban mal en su trabajo entregado, risa me dio al ver como fruncía el ceño, estaba enojada —Licenciado —dijo acercándose a mi escritorio—. Creo que revisó mal mi ensayo Levanté la vista —¿Otra vez va a discutir conmigo? —yo quería que dejara de replicar por todo Ella sonrió apenas. No era una sonrisa amable Era una sonrisa retadora Se inclinó un poco sobre el escritorio para señalar un párrafo en el papel. Cuando lo hizo, su brazo rozó el mío Un contacto mínimo Pero suficiente para que mi cuerpo reaccionara —Aquí —dijo—. Mi argumento no está mal La miré. Demasiado cerca —Alexandra —murmuré Ella levantó la mirada lentamente hasta encontrarse con la mía Y por primera vez… no había discusión en sus ojos Había algo más. Algo cargado de deseo y un silencio pesado cayó entre nosotros Podía escuchar mi propio corazón latiendo y en ese momento entendí que lo que estaba pasando entre nosotros ya no era sólo rivalidad. Era algo mucho más peligroso Porque ninguno de los dos parecía dispuesto a detenerlo —¿Qué hacemos aquí, Demian? —preguntó Apagué el motor y el silencio cayó dentro del auto mientras el sonido de la calle desaparecía poco a poco. Me quedé en mi asiento unos segundos antes de mirarla Y cuando lo hice… fue un error Su vestido corto dejaba ver sus piernas bien formadas, iluminadas por la luz tenue que entraba por la ventana del auto. Su cuerpo era una tentación constante Un maldito demonio para alguien como yo. Apreté la mandíbula Porque sabía perfectamente lo que estaba mal en todo esto, yo era su tutor y un hombre con una vida ya construida, con responsabilidades, con límites que jamás debí cruzar Y aun así… ahí estaba Con ella sentada a mi lado —Necesitamos hablar —dije finalmente, con la voz más tensa de lo que quería admitir Alexandra me miró, confundida —¿Hablar de qué? —preguntó —Ya hemos hablado de la foto, de quién es no, pero ... —ese pero decía mucho Saqué la fotografía que ella me había mostrado antes y la sostuve entre mis dedos —De esto —ella me vio como algo más, era peligroso, dios La imagen brilló bajo la luz débil del auto —Porque si alguien tomó esta foto… —murmuré— significa que alguien sabe demasiado La miré otra vez y en ese momento entendí algo que me inquietó más que cualquier otra cosa, más que la foto, más que saber quien diablos era, más que de mi mismo Ahora no sabía si debía protegerla… o alejarme de ella antes de que fuera demasiado tarde Pero con Alexandra… siempre era demasiado tarde Empecé a acercarme más a ella. El espacio dentro del auto se volvió demasiado pequeño de repente e incluso podía sentir su respiración, ver cómo sus ojos seguían cada uno de mis movimientos Quería besarla Quería tocarla Sentir su piel frágil y caliente bajo mis manos Alexandra no se apartó Al contrario… se quedó quieta, mirándome con esa mezcla de desafío y algo más que siempre me volvía loco —Demian… —susurró Su voz era suave, pero bastó para que mi corazón golpeara con fuerza en el pecho Mi mano se levantó casi sin pensarlo, rozando apenas su brazo mientras me inclinaba más hacia ella Estábamos demasiado cerca ahora. Un segundo más… y ya no habría vuelta atrás
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