Un pedido (2)

1316 Words
Cuando llegué al bar, todo estaba como siempre Lleno de gente El humo del cigarro flotaba en el aire mezclándose con el olor a alcohol barato. Algunos hombres estaban sentados en la barra bebiendo sin parar, otros reían demasiado fuerte, como si el mundo fuera a acabarse esa misma noche En el centro, cerca de la pista, varios tiraban billetes al suelo mientras una de las chicas bailaba bajo las luces rojas que parpadeaban sin descanso Los gritos de cosas puercas eran lo peor, silbidos, risas sucias, comentarios que hacían que la piel se me erizará de disgusto Pero, al final, todo eso era lo que nos daba de comer. En mi caso… era lo que pagaba las facturas, lo que compraba las medicinas de mi madre, lo que mantenía el techo sobre nuestras cabezas Respiré hondo antes de avanzar entre la gente. El ruido, la música y las luces siempre me hacían sentir como si entrara a otro mundo, uno donde nadie preguntaba demasiado y todos venían a olvidar sus propios problemas Pero esa noche, por primera vez en mucho tiempo…sentía que mi problema había entrado conmigo al bar Y que en cualquier momento podía explotar —¿¡Alexandra!? —escuché justo detrás de mí y hablando de mi problema… Me giré de inmediato —Demian… —respondí Ni siquiera me dio tiempo de decir nada más. No pidió permiso, no preguntó si podía hablar conmigo, simplemente avanzó hacia mí, me tomó del brazo con firmeza y me sacó del bar La música, los gritos y las luces quedaron atrás mientras me arrastraba hasta afuera Antes de que pudiera reaccionar, ya estaba abriendo la puerta de su lujoso auto —¡¿Qué crees que haces?! —le dije, molesta—. ¡Debo trabajar! Él cerró la puerta con más fuerza de la necesaria y me miró con ese gesto serio que siempre usaba cuando estaba enfadado —Sabes que odio que vuelvas a este lugar —su voz era baja, pero cargada de enojo —Nadie hizo nada con mi denuncia —añadió —y lo vi sin creer, pero sus palabras me hicieron fruncir el ceño Entonces lo entendí y debí suponerlo Había sido él Él había denunciado el bar para intentar que cerrara… para que yo dejara de trabajar aquí Lo miré, entre sorprendida y furiosa —Demian… —murmuré Lo miré unos segundos en silencio Demian seguía serio, esperando que dijera algo, como si toda la discusión fuera solamente por el bar Pero no era eso Respiré hondo y saqué la fotografía del bolsillo de mi chaqueta —No te llamé por eso… —dije en voz baja Él frunció el ceño —¿Entonces por qué? —preguntó Sin responder, le extendí la foto Demian la tomó con indiferencia al principio… pero apenas miró la imagen, su expresión cambió Su mandíbula se tensó Sus ojos se endurecieron —¿Dónde conseguiste esto? —preguntó de repente Su voz ya no era tranquila. Era fría —La dejaron esta mañana en mi casa —respondí—. Dentro de un sobre con mi nombre Demian volvió a mirar la fotografía, esta vez con más atención. Sus dedos se apretaron tanto contra el papel que casi parecía que iba a romperlo —Maldita sea… —murmuró entre dientes —¿Qué pasa? —pregunté—. ¿Sabes quién pudo tomarla? Pero él no respondió de inmediato Seguía mirando la foto como si hubiera visto algo más… algo que yo no estaba notando De pronto golpeó el volante con el puño —¡Mierda! —me sobresalté —Demian… —intenté saber más Él respiraba más rápido ahora, claramente furioso —Esto no es una broma, Alexandra —dijo finalmente —Nunca pensé que lo fuera —le afirme, le arrebaté la foto de las manos —Entonces dime qué demonios está pasando Demian se pasó una mano por el cabello, visiblemente alterado —Si alguien tiene esta foto… —dijo lentamente— significa que alguien estuvo vigilándonos ese día Sentí un escalofrío recorrerme la espalda —¿Y? —creo que no he comprendido, no, si, si que lo sé Él me miró directamente a los ojos Una mirada que nunca le había visto antes —Y significa que alguien está por averiguar lo que te pedí en el momento de la foto El silencio dentro del auto se volvió pesado Demasiado pesado Porque por la forma en que lo dijo… algo muy malo había pasado esa noche Pero yo no veía el destino que nos esperaba. Tal vez nunca quise verlo Desde el inicio supe que aquello estaba mal… terriblemente mal. Aun así, fui yo quien se fijó en él. En mi licenciado de la universidad, en un hombre que no solo era mayor que yo, sino también un hombre casado Demian Hernández Más alto que yo, seguro de sí mismo, con esa mirada que parecía saber siempre lo que quería Y aun así… Fui tan terca, tan ciega que no quise ver las señales, ni escuchar a mi propia conciencia cuando me gritaba que aquello terminaría mal Ahora, mientras estaba sentada en ese auto con la fotografía en las manos y el miedo apretándome el pecho, entendí algo que antes me negaba a aceptar Estábamos en problemas Y no eran problemas pequeños... Eran el tipo de problemas que pueden arruinar vidas —¿Alex? —me dijo Lo miré. Entonces sentí su mano en mi mejilla Cerré los ojos por un momento, porque ese simple toque logró sacarme, aunque fuera por un segundo, de la tormenta en la que estaba envuelta —No lo hagas, Demian… —murmuré Pero aun así seguía sintiéndolo Disfrutando de su toque cálido De esa cercanía que siempre había sido mi debilidad —No vamos a dejar esto —dijo de repente Abrí los ojos de golpe Asustada Lo miré fijamente había algo en su expresión… algo que no me gustaba —Te volviste loco, ¡de verdad! —le dije Pero Demian solo sonrió Y no era una sonrisa tranquila Era esa sonrisa suya… peligrosa Acompañada de esa mirada intensa, casi desquiciada, que por alguna razón le quedaba demasiado bien —No, Alexandra —dijo en voz baja—. Solo estoy cansado de esta situación Sentí un escalofrío recorrerme la espalda Porque cuando Demian hablaba así… nunca significaba nada bueno No me miró más y simplemente puso el seguro de las puertas y arrancó el auto El motor rugió mientras nos alejábamos del bar, de las luces rojas, del ruido y de todo lo que, hasta hace unas horas, parecía ser mi única preocupación La ciudad pasaba rápido por la ventana. Calles, faroles, sombras, pero dentro del auto solo había silencio. Un silencio pesado Demian conducía con la mirada fija al frente, la mandíbula tensa, como si estuviera pensando demasiado. Yo apreté la fotografía entre mis manos sin decir nada Nos alejábamos del bar… Nos alejábamos de todo Y aun así, no podía sentir alivio Porque, en el fondo de mi pecho, algo me decía que lo peor no se había quedado atrás Lo peor… todavía estaba por venir. Y eso era lo que realmente me daba miedo Porque él no pensaba y yo… yo pensaba todavía menos y cada kilómetro que avanzábamos se sentía como un camino silencioso, pesado, casi tortuoso. El auto seguía moviéndose por la carretera mientras afuera todo parecía tranquilo, incluso hermoso Las luces de la ciudad quedaban atrás, y delante de nosotros solo se abría la oscuridad de la carretera Era bonito Demasiado bonito Pero nosotros estábamos mal Terriblemente mal Y en ese silencio entendí algo que me hizo sentir un nudo en el pecho: no estábamos huyendo de un lugar… estábamos huyendo de nuestras propias decisiones De todo lo que habíamos hecho Y de todo lo que, tarde o temprano, tendría que alcanzarnos
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