Un pedido

1409 Words
La luz del día estaba llegando justo cuando quería dormir un poco más. De repente, suena el móvil, lo dejo sonar y pasa, pero vuelve a molestar otra vez. No quiero, pero me toca contestar —Diga —hablo sin ver de quién se trata —¡Alexandra! —me dice el dueño del bar Me despabilo al instante y siento que tal vez ya podré regresar al trabajo —Diga, señor… buenas… —respondo. Es un buen tipo, algo anciano, pero muy buena persona —Ya puedes regresar, todo está resuelto… —dice, y algo de eso me alegra y algo no tanto —Hoy en la noche… —añade Yo solo respondo con un “sí” casi automático. Este señor es tan buena gente Después de la llamada me dejé caer en la cama otra vez, el cansancio pesaba en todo mi cuerpo, como si cada hueso estuviera pidiendo descanso aunque no haya trabajado, menos estudiado, miré de reojo el reloj: eran apenas las ocho de la mañana. La luz del día se colaba por la ventana, suave pero insistente, recordándome que el mundo ya estaba despierto, aunque yo solo quisiera desaparecer entre las sábanas Era domingo, y los domingos no se vendía comida en el mercado, No había trabajo, no había distracciones, no había nada que hacer. Solo quedaba pasar el día en casa Con mi madre y con su enfermedad. El silencio de la casa siempre se sentía más pesado esos días, como si las paredes también supieran que algo no estaba bien Suspiré profundamente y me cubrí la cara con el brazo, intentando convencer a mi cuerpo de que durmiera aunque fuera un poco más. Pero era inútil cuando la mente empieza a pensar, el descanso desaparece Me levanté de la cama con pereza, el suelo estaba frío bajo mis pies y la casa permanecía en silencio, ese silencio pesado que nunca me gustaba. Caminé lentamente por el pasillo hasta la habitación de mi madre Empujé la puerta con cuidado Ella estaba ahí, acostada como siempre, tan quieta que por un segundo el corazón se me detuvo. Pero luego vi cómo su pecho subía y bajaba lentamente, respiré aliviada —Buenos días, mamá… —susurré Sus ojos se abrieron despacio. Ya no tenían el brillo de antes, pero cuando me miró, todavía pude reconocer un poco de la mujer fuerte que había sido toda su vida —¿Alexandra? —murmuró con voz débil —Sí, soy yo —respondo con una sonrisa Me acerqué a la cama y acomodé la almohada detrás de su cabeza. Su piel estaba fría y frágil, como si el tiempo hubiera pasado demasiado rápido sobre ella —Hoy es domingo —le dije con una pequeña sonrisa—. Así que me toca pasar el día contigo Ella intentó sonreír también, aunque apenas se notó —Deberías estar durmiendo… —susurró Negué con la cabeza —No hoy —respondo a su cansado mirar En ese momento, un ruido afuera rompió el silencio de la casa. Algo cayó cerca de la puerta principal Fruncí el ceño —Qué raro… —dije Miré a mi madre un momento antes de salir de la habitación. Caminé por el pasillo con cuidado hasta llegar a la puerta. Cuando encontré algo en el suelo Un sobre No tenía remitente Solo mi nombre escrito al frente —Alexandra— sentí un escalofrío recorrerme la espalda Cuando lo abrí, sentí que el corazón se me detenía —Oh, madre mía… Dentro había una foto, era una foto mía y de Demian, estábamos en la azotea. Recordé ese momento al instante: el viento movía mi cabello mientras él me tomaba de la cintura, demasiado cerca, demasiado seguro de sí mismo, justo cuando me hacía aquella propuesta indecente que todavía me perseguía en la memoria Sentí que la sangre se me helaba —Diablos… —susurré ¿Quién pudo haber tomado esa foto? Mis manos comenzaron a temblar. Observé la imagen otra vez, buscando algún detalle, alguna pista… pero lo único que encontraba era ese momento congelado en el tiempo, alguien nos había estado mirando, alguien había estado lo suficientemente cerca para captarlo todo Intenté pensar con claridad, pero no podía. El miedo me atravesaba el pecho como una cuchilla, dejándome sin aire Tragué saliva y miré la puerta, como si en cualquier momento alguien fuera a aparecer Pero afuera sólo había silencio. Demasiado silencio Abrí la puerta, estaba solo no había nadie pero, el silencio afuera empezó a sentirse extraño No sé por qué, pero de pronto tuve la sensación de que alguien estaba ahí. Observando. Esperando Apreté la fotografía entre mis dedos y di un paso fuera de la casa. El aire de la mañana estaba frío y la calle seguía casi vacía. Era domingo, después de todo. La mayoría de los vecinos aún dormían Miré a un lado, nada, miré al otro y tampoco Pero esa sensación no desaparecía. Al contrario… crecía, sentía los ojos de alguien sobre mí —¿Hola? —dije en voz baja, odiando lo débil que sonaba mi voz El viento movió las hojas secas cerca de la acera. Un pequeño ruido metálico sonó al fondo de la calle, como si alguien hubiera golpeado una reja por accidente Mi corazón empezó a latir con fuerza Di unos pasos más hacia el portón, intentando ver mejor. Mis ojos recorrieron cada rincón: los autos estacionados, la casa abandonada de la esquina, el poste de luz que todavía seguía encendido a pesar de que ya era de día Entonces lo sentí otra vez Esa mirada Giré la cabeza rápidamente hacia la casa de enfrente… y por un segundo juré haber visto algo moverse detrás de la ventana Una sombra Parpadeé Pero cuando miré otra vez… ya no había nada, apreté la fotografía con más fuerza —¿Quién está ahí? —murmuré El silencio volvió a responderme, pero ahora estaba segura de algo, no había sido mi imaginación Alguien me estaba observando Cuando entré a la casa cerré la puerta rápidamente, como si con eso pudiera dejar el miedo afuera. Pero no funcionó. El temor ya estaba dentro de mí, apretándome el pecho, justo arriba estaba mi madre sin saber lo que su hija, estaba sintiendo ahora Apoyé la espalda contra la puerta y respiré hondo, intentando calmarme ¿Quién pudo haber sido tan ágil para tomar esa foto? Diablos… en esa azotea no había nadie. Estaba segura o al menos eso creía Miré la fotografía otra vez. Mis dedos temblaban ligeramente mientras recorría con la vista cada detalle de la imagen: mi rostro sorprendido, las manos de Demian rodeando mi cintura, su expresión segura mientras me hacía aquella propuesta indecente —Maldición… —susurré Esto era un problema y no un problema cualquiera Porque si decía que estábamos en problemas, era porque era verdad. El problema no era solo mío Era mío…y de Demian Hernández Si alguien tenía esa foto, significaba que alguien sabía lo que había pasado aquella tarde Y eso solo podía significar una cosa Alguien quería algo Justo en ese momento tomé el teléfono. Mis manos todavía temblaban un poco, pero sabía que tenía que hablar con él Busqué su nombre en la pantalla y presioné llamar, como conseguí su número, de algo sirve ser buena en clase no El tono comenzó a sonar una y otra vez. Cada segundo que pasaba hacía que mi ansiedad creciera más Vamos, Demian… contesta —¿Alexandra? —su voz apareció finalmente al otro lado de la línea, estaba muy silencioso y tal vez se estaba escondiendo de su esposa para contestar Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo —Tenemos que vernos —dije sin rodeos a lo que hubo un pequeño silencio —¿Qué pasa? —preguntó él, con un tono más serio, miré la fotografía una vez más antes de responder —No puedo explicarlo por teléfono… pero es importante, otro silencio —Está bien —respondió finalmente—. Nos vemos esta tarde —En el lugar de siempre —añadí, él sabía cual era, el bar —Ahí estaré —sabía que llegaría puntual La llamada terminó, pero el nudo en mi pecho no desapareció, volví y miré la foto una vez más Si alguien había tomado esa imagen… Entonces alguien sabía demasiado Y esta tarde, cuando viera a Demian, los dos tendríamos que descubrir quién estaba jugando con nosotros
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