—¿Con él?… nada —respondí, tratando de mantener la voz firme—. Es mi licenciado. ¿Qué más habría? —ella no dijo nada al principio, pero, Mónica me observó de arriba abajo con una mirada lenta, evaluadora, como si estuviera midiendo cada detalle de mi apariencia
Ese silencio me puso aún más nerviosa
—No sé si creerte… —dijo finalmente
Sentí cómo se me tensaban los hombros
—Eres joven… —continuó, recorriéndome con la mirada—. Guapa —tragué saliva. —Tienes todo lo que le gusta a Demian
El nombre cayó entre nosotras como una piedra y por un segundo me quedé callada, sintiendo algo incómodo crecer dentro de mí
Luego respiré hondo
—Lo mismo tiene usted —le respondí con calma—. No soy del otro mundo —ella levantó apenas una ceja
—No es eso —murmuró
Pero aun así… la forma en que me miraba me hacía sentir expuesta. Como si estuviera siendo juzgada por algo que ni siquiera había sucedido, sentí una punzada de humillación atravesarme el pecho, porque no importaba lo que dijera
En su mente, yo ya estaba en el lugar de la culpable
Apreté las manos con suavidad, intentando mantener la compostura
—No soy lo que usted piensa —añadí
Pero en el fondo sabía que esa conversación no iba a terminar tan fácilmente
Porque cuando una mujer sospecha de su esposo… la verdad suele ser lo último que quiere escuchar
—¿Sabes que a él le gustan las prostitutas? —confiesa, pero la frase cayó como una bofetada
Sentí que la sangre me hervía en las venas. Con ese comentario vulgar no solo estaba insultando a mujeres que ni siquiera conocía… también estaba tocando una parte de mi vida que no tenía derecho a mencionar. Incluyéndome
Respiré hondo, intentando no perder el control
—¿Y por qué debería saber eso? —respondí
Pero mi voz no salió tan firme como quería. Había un nudo de miedo atravesado en mi garganta
Mónica me sostuvo la mirada unos segundos
—Creí que eras una de ellas —sus palabras me golpearon directo en el orgullo
Bajé la mirada un instante
No porque tuviera razón… sino porque sabía demasiado poco para entender mi vida
Pero entonces añadió algo más
—Pero te vi antes en el mercado… con tu madre. Vendiendo comida —levanté la mirada de inmediato
Por alguna razón parecía satisfecha, como si aquello tuviera que avergonzarme
Y eso fue lo que terminó de encender algo dentro de mí
—No me siento ofendida —le dije con calma—. Trabajo con mi madre, y eso me hace diferente de las mujeres que le gustan a su esposo
Sus ojos se estrecharon. La rabia me estaba ganando
—¿Sabe cuál sería su verdadero problema? —continué, sin poder detenerme—. Que su esposo la cambie por alguien así. Que le encante esa clase de mujer… y que usted ni siquiera sea suficiente para darle un poco de frío
El silencio que siguió fue pesado
Pero yo ya no quería seguir ahí, me di la vuelta y empecé a caminar porque una cosa era que se metiera conmigo. Pero con mi madre… jamás
Que pensara lo que quisiera, que se quedara con sus dudas, con su orgullo y con su matrimonio roto. No me importaba, porque nadie… absolutamente nadie… tenía derecho a insultar a mi madre
Una vez más terminé en el mismo lugar, la pequeña entrada del edificio más alejado de todos, al final de la azotea de la universidad Era un rincón casi olvidado, donde rara vez subía alguien. Justo lo que necesitaba en ese momento
El viento movía suavemente mi cabello mientras me apoyaba contra la pared, estaba llena de rabia, de coraje. Pero, sobre todo, de algo que no sabía cómo descifrar
Las palabras de Mónica seguían repitiéndose en mi cabeza como un eco desagradable
"Sabes que a él le gustan las prostitutas."
Apreté los dientes. Me sentía humillada… y odiaba sentirme así porque, en realidad, no tenía por qué
Yo no era una prostituta
Trabajaba en un bar, sí, servía mesas y a veces acompañaba a clientes para que no bebieran solos, bailaba cuando hacía falta animar el ambiente... Pero nada más
Nunca había cruzado esa línea y aun así… la manera en que lo dijo me hizo sentir como si mi vida entera fuera algo sucio
Solté un suspiro largo y miré el cielo tal vez mi vida no era perfecta, tal vez hacía cosas que otras personas juzgarían. Pero lo hacía por una razón, por mi madre, por mantener nuestra casa, por pagar las medicinas que la mantienen luchando un día más
Y nadie… nadie tenía derecho a hacerme sentir menos por eso
—¡Alexandra! —escuché mi nombre detrás de mí
Cerré los ojos un segundo, porque justo ahora era la última voz que quería escuchar
Por esa misma razón me sentía peor
—Ahora no, Demian —dije sin mirarlo, al borde del colapso
Pero Demian no se fue
Sus pasos se acercaron
—Te vi hablando con Mónica —claro
Tenía que ser él quien lo dijera
Solté una risa corta, amarga
—Sí… vino a decirme que te encantan las prostitutas —me di la vuelta para mirarlo de frente. Mala idea, porque verlo así de cerca siempre era un problema
Su cuerpo alto, perfectamente formado, se marcaba bajo el traje n***o impecable. La camisa rosa clara contrastaba con su piel y con esa presencia dominante que parecía llenar todo el espacio
Dios
Era irritante lo perfecto que era
Y lo peor… era que lo sabía sus ojos se clavaron en los míos, serios
—¿Eso te dijo? —pregunto, incrédulo de lo que había dicho, la loca esa
—Entre otras cosas —respondí, cruzándome de brazos para evitar que notara lo nerviosa que estaba—. También pensó que yo era una de ellas—termine de decirle
El silencio entre nosotros se volvió pesado
—Alexandra… —murmuró él
—No te preocupes —lo interrumpí, levantando una mano—. Ya le dije que no soy el tipo de mujer que te gusta
Las palabras salieron más duras de lo que esperaba. Pero por dentro todavía ardía la humillación
—Le dije que trabajo con mi madre —como si fuera a dudarlo también
Sus ojos cambiaron un poco al escuchar eso
—Y que eso me hace diferente de las mujeres que te gustan —concluyó la pelea, según yo
El viento sopló entre nosotros. Yo lo miré directamente, sin esconder nada
—Así que tranquilo, Demian —añadí—. Tu matrimonio está a salvo de mí
Pero incluso mientras lo decía… mi corazón latía demasiado rápido para que fuera verdad
—No entiendes que no me importa lo que ella piense —dijo y yo lo miré con incredulidad
—¿Cómo, Demian? —pregunté, negando suavemente con la cabeza—. Es tu esposa
Demian soltó un suspiro, como si aquello fuera algo que llevaba demasiado tiempo guardando
—Ella lleva un apellido… un papel —dijo con voz baja—, pero no mi corazón
Sus palabras me dejaron helada ¿Cómo podía decir algo así? Era un matrimonio un compromiso
—Pero ella no lo ve así —respondí—. Para ella, todo lo que dices debe ser sagrado… más de lo que lo es para ti
Apenas terminé de hablar cuando Demian dio un paso más hacia mí, luego otro. Antes de que pudiera reaccionar, sus brazos me rodearon
Me abrazó, me quedé completamente quieta, sorprendida por lo atrevido del gesto. Podía sentir su pecho contra el mío, su respiración cerca de mi cabello y mi corazón empezó a latir más rápido
—¿Qué crees que haces, Demian? —pregunté, más nerviosa que antes
No intenté apartarlo de inmediato… pero tampoco sabía cómo reaccionar
Sentí cómo su abrazo se tensaba apenas
—Cómo me cuesta entender que no puedo… —murmuró
No supe si lo decía para mí…o para convencerse a sí mismo
—Nos pueden ver —intente alejarlo, pero no quiso
—En medio del azotea, en medio de clase —dice, y mi pulso voló a quien sabe a donde
—¡Demian!... —intento hacerle entender algo que ni yo misma quiero
—Dime una cosa Alex —como suena mi nombre en su boca, es algo... —¿Quieres ser mi amante?— con ese peligroso pedido, mi corazón dejo de palpitar, dejo dar sangre por mis venas y quien sabe a donde fue, pero la cosa era que no podía pensar, menos creer que me pidiera algo así