CAPITULO 20

1247 Words

No sé qué me pasó. Tal vez fue el insomnio. Tal vez las enchiladas. O tal vez fue esa maldita escena: un hombre hermoso, de noche, con el torso desnudo, fumando con actitud de villano redimible. Mi cerebro gritaba: HUYE. Mi cuerpo dijo: Acércate, reina. Y yo, que nunca he tenido autocontrol, obedecí a mi cuerpo porque honestamente… ¿cuándo ha tenido la razón la lógica? Me acerqué al dios nórdico de ceño fruncido y voz grave. Me paré frente a él, con los brazos cruzados, intentando parecer muy cool y no como una bola inflada por los frijoles de la cena. —Dame una calada —le dije. Sí. ¡Le dije eso! Como si yo fuera alguna especie de femme fatale y no una gordita con pijama de gatos espaciales y agruras nivel mortal. Damien me miró. Lento. Con esos ojos verdes que decían “eres idiota

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