La noche había bajado la intensidad. La música ahora era solo un murmullo lejano desde el teléfono medio olvidado en la cocina. Luca dormía bocabajo sobre el sofá, abrazando el sombrero de peluche como si fuera una reliquia sagrada. Harper salió tambaleándose al jardín con los pies descalzos, una cobijita a cuadros sobre los hombros. La brisa nocturna acariciaba su cara, y las estrellas parecían más nítidas que nunca. Se dejó caer en el pasto con un suspiro exagerado. —¿Tienes idea de lo difícil que es ser yo? —preguntó al cielo, sin esperar respuesta. Pero entonces, escuchó pasos. Damien. Caminaba con las manos en los bolsillos, su silueta recortada por la luz de la casa. Se detuvo a su lado sin decir nada, como si supiera que ella necesitaba compañía… pero no palabras. Harper lo mi

