CAPITULO 25

1121 Words

No podía dormir. De nuevo. Y no era por las agruras esta vez, lo juro. Era porque sabía lo que venía. Como cuando hueles que se te va a acabar el chisme y ya no quieres que se acabe. Salí al jardín envuelta en una manta que olía a suavizante barato y a casa segura. La brisa me despeinó el poco orden que traía en la cabeza. Y ahí estaba él. Damien. Sentado como estatua griega, versión mal encarada, mirando el agua como si le estuviera confesando sus pecados. No dije nada al principio. Solo me senté a su lado, tratando de no romper el silencio como rompo los botones de los pantalones ajustados. —¿No puedes dormir? —me preguntó sin verme. Su voz era baja. Casi triste. —Nunca duermo bien cuando siento que me van a quitar algo. Eso no lo dije, solo lo pensé. Lo que sí dije fue: —Tampo

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