Belmont regresa a casa en la madrugada, la reunión se tornó fiesta, viene un poco pasado de copas, pero nada que él no pueda manejar, siente un poco mareado. Sin embargo, no ha perdido la cordura ni la conciencia, entra a la casa y ha planeado poner a prueba a su nueva niñera.
Se desata la corbata y desalinea un poco su vestimenta, sube las escaleras fingiendo una borrachera, abre la puerta del dormitorio de su hija, la ve dormida, bien acostada en su camita, cierra la puerta, asume que ella se fue a su habitación. Se sintió decepcionado porque no se divertiría a costa de la niñera.
—Señor Belmont. —Se estremece al escucharla detrás de él, finge estar bien borracho.
—No, no encuentro mi habitación. —Se tambalea de un lado a otro, Isa pone el vaso con leche en una mesita que hay en el pasillo, que había ido a calentar para tomar y soportar el sueño que tiene.
—Permítame ayudarlo, no sé cómo puede quedar en este estado, sabiendo que no tolera el alcohol.
Ella se pone el brazo de él en su hombro, camina de habitación en habitación buscando la de él, ya que él le había dicho que no recordaba donde quedaba, en eso vio pertenencias de él en una de ellas, se adentró. Lo sentó en la orilla de la cama y lo acostó como pudo, puesto que es más grande que ella.
—Usted cansa señor Belmont.
—Tengo calor, quítame la ropa.
—Que extraño el aire acondicionado está encendido, haré que este más frío.
—¡Quítame la ropa!
—Después no se queje porque se enfermó.
Isabelle le quito primero el saco y la corbata, la doblo depositándola en un sillón, él la observa sin ser descubierto, sabe que ninguna mujer desperdiciara esta oportunidad para metérsele en la cama. Después ella luchó un rato quitándole el pantalón, hasta que por fin lo logro, quedando en camisa y bóxer, nota que ella no se avergüenza ni lo mira con malicia, sigue con la camisa hasta dejarlo en bóxer.
—Aguante un rato le buscaré una sábana, la habitación está muy helada.
Ella se va al closet a buscar lo que sea para arroparlo ya sea una sabana o colcha, al encontrar una colcha la saco y la extendió sacudiéndola para que no llevara ningún tipo de animal. Belmont prestar atención cada uno de sus movimientos, ella lo envuelve en la colcha, como si de un niño se tratara, no le vio ninguna malicia al verlo desnudo, eso lo desconcertó.
—De esta manera no sentirá frío, mañana me levantaré temprano para darle algún analgésico para el dolor de cabeza, que gusto es ese de beber y después sufrir las consecuencias. Buenas noches, señor Belmont.
Él no le contesto, se hizo el que estaba dormido, al salir ella de la habitación, se levantó a bajarle un poco a la temperatura del aire acondicionado, porque sentía que se congelaba, a pesar de estar embozado.
—Esa mujer toco su cuerpo sin ninguna pizca de malicia, que extraña, pensé que se aprovecharía por mi estado.
Regreso a la cama algo pensativo, en el currículo decía que es soltera y sin hijos a pesar de que tiene veintiocho años, todo eso lo meditaba en la cama, ya le estaba pasando los síntomas de las bebidas. No sería la primera vez que la probaría, no quiere a ninguna trepadora dentro de su casa.
Los días pasan e Isabelle se familiariza más con los sirvientes de la casa y la niña, quien no se le despega, baño y cambio a la pequeña para que estuviera bonita para su padre, ya que ella no dejaba de hablar de él. Tiene curiosidad por la madre de Cloe, pero no se atreve a preguntar, lo que si sabe es que no esta por toda la casa, cuando estuvo en la habitación de él no encontró ni una foto de una mujer.
Encontró eso extraño, aunque ella no está ahí para especular o entrometerse en la vida de ellos, su deber es cuidar a la niña. Belmont llego a altas horas de la noche, estaba aprovechando que su hija ya tenía quien la cuidara para tener una vida nocturna, al llegar a la casa lo primero que hizo es ir al dormitorio de su hija.
Abre la puerta suavemente, la observa a ella arropar a su hija y darle un beso en la mejilla deseándole las buenas noches, la niña esta profunda dormida, al salir ella se asusta al verlo parado a un lado de la puerta.
—Señor Belmont, regreso.
—Creí que usted ya estaba dormida.
—Estaba por retirarme a dormir. —Noto lápiz labial en la camisa blanca de él, sonrió al imaginárselo todo un gigolo, ya que las marcas eran de diferente labial.
—¿Qué le causa gracia señorita?
—Nada, mejor me retiro a dormir. —Ella avanza y él la sujeta del brazo haciéndola pegar en su pecho de espalda.
—Isabelle acaso no te gustan los hombres.
—¿Qué pregunta es esa?
—Solo responde.
—No ha aparecido el que me atrape, únicamente eso le diré.
—¿Qué te atrapé?
—Es correcto, no estoy interesada en el sexo opuesto, al menos en los que conozco, tengo otro tipo de sueños. Ahora me puede soltar.
—¡Qué interesante! Pase buenas noches.
—Lo mismo le deseo, hasta mañana.
Belmont se quedó parado viéndola bajar las escaleras con su poca atractiva, pijama, la mujer no es fea, tiene un bonito cuerpo, aunque lo cubre con mucha ropa. La mujer es independiente al parecer no es una cazafortunas.
Venía de un club donde su amigo y socio lo invito y le presento algunas chicas que se le arrimaban deseosas de él, a las que les presto poca atención, le gusta ser muy selectivo con la mujer que se va a llevar a la cama. Su casa es su santuario, nunca ha llevado a sus amantes ahí, porque no quiere que su hija se haga una mala imagen de eso.
Domingo libre, Isa está emocionada, su amiga Paulette la invito a una discoteca a divertirse, hablo con Belmont sobre su salida, él le dijo que con su día libre podía hacer lo que quisiera, ella de inmediato se dirigió a su apartamento para arreglarse.
Belmont se salió al corredor de la casa, con su laptop para trabajar ahí, aunque su objetivo era verla como iba a ir vestida, desde ya se imaginaba que saldría cubierta de pie a cabeza. Estaba cayendo la tarde, ella aún no sale, él esta por darse por vencido de verla irse cuando ve que la puerta del apartamento de ella se abre, se queda con la boca abierta.
Ella va vestida con una mini falda enseñando pierna, una blusa que solo le cubre los pechos, enseñando su ombligo, su cabellera suelta y maquillada, la mujer era un infarto, ella se le acercó para despedirse.
—Me voy señor Belmont, regresaré temprano.
—¿A dónde vas? Es bueno saberlo.
—A la discoteca central
—La conozco, ve con cuidado el chofer te llevará.
—Muchas gracias.
Él la ve subirse con dificultad al auto por lo corta y pegada que es la falda, miro hasta que el auto salió de la propiedad, no sabe por qué se siente incómodo de que ella vaya a un sitio como ese. Vestida de esa manera, si no le interesan los hombres, con ese atuendo atraerá a muchos de ellos.
Isa llegó al sitio, se despido del chofer quien regreso a la casa, entro a la discoteca que estaba a reventar, busco a su amiga quien le agitaba la mano para darle la ubicación. Ella sonrió al verla, se apresuró parar llegar hasta donde ella está abriéndose camino entre la multitud.
—Hola, Pau.
—Hola, Isa por fin te soltaron.
—Eres mala, es que no estoy viviendo con mis padres.
—¿Te fugaste con algún hombre?
—No, para nada, no sé por qué piensan cosas feas, estoy trabajando y me dan vivida.
—No entiendo por qué te niegas al placer del sexo.
—Es algo que no es prioridad en mi vida. Entonces nos divertimos o seguimos hablando cosas sin importancia.
—¡Vamos a bailar!
Isa está bailando con su amiga quien de repente se empareja con un hombre ella sigue bailando sin tomarle importancia. Lo que ella ni se imagina que la envidiosa de su amiga le tiene una sorpresa de la cual no vaya a tener escapatoria y la haga odiarse toda la vida.