XV Sin darse cuenta, estuvieron durmiendo casi todo el día en el incómodo piso del estudio, que a pesar de su alfombra no pudo hacer las veces de un cómodo colchón. El golpe en la puerta de una de las chicas del servicio hizo que volvieran del mundo de los sueños, que ya Mary no distinguía muy bien. La insistencia del golpeteo fue tanta que llegó mucho a molestar al señor Storm, que se quejó un poco al resentir su espalda. —En esta casa no vamos a estar en paz nunca, todo siempre es urgente —espetó levantándose muy despacio. —Debe ser algo importante, o solo están preocupados del tiempo que llevamos acá —respondió la chica alisándose un poco el pantalón. Él abrió despacio, incluso algo perezoso. La chica le dio el recado y cerró la puerta con una expresión de preocupación que asustó mu

